"Mamá Grande", una líder natural y una matriarca, con asociadas en Casa Miskita. FOTO LA PRENSA

«Mamá Grande», una líder natural y una matriarca, con asociadas en Casa Miskita. FOTO LA PRENSA

Casa Miskita, joya de la cocina caribeña de Nicaragua y testimonio de resiliencia de exiliadas en Costa Rica

Emprendedoras miskitas exiliadas se unieron para abrir un restaurante que ofrece al público de San José, Costa Rica, un lugar acogedor donde probar la comida caribeña de Nicaragua

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Los nicaragüenses, ya sean exiliados, solicitantes de refugio o inmigrantes económicos que viven en San José, tienen ahora una nueva y muy buena opción para degustar platillos del Caribe nicaragüense. Casa Miskita es un pequeño restaurante o soda, que nació del esfuerzo de un grupo de mujeres miskitas y con el apoyo del Gobierno de Francia crearon este emprendimiento para generar ingresos y tratar de conseguir estabilidad económica.

Un porcentaje importante de los migrantes nicaragüenses enfrentan pobreza, carecen de oportunidades de empleo regular y de medios adecuados de subsistencia.

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Teniendo en cuenta esa realidad social y financiera y que para la comunidad miskita en Costa Rica es más complicada que la del promedio de los migrantes nicaragüenses, el esfuerzo de estas mujeres es todavía más relevante.

La colosal barrera de la lengua

En muchos casos, para los miskitos la falta de dominio de la lengua española es una barrera adicional formidable que hace aún más difícil establecerse con dignidad en Costa Rica.

Con la determinación de superar todas estas barreras, hace dos años, 25 mujeres se unieron y fundaron la Asociación Casa de la Mujer Emprendedora Miskita. Entre sus propósitos estaba empoderar a las mujeres indígenas nicaragüenses ―principalmente de origen miskito― residentes en Costa Rica. Se propusieron lograrlo mediante el desarrollo de iniciativas económicas, culturales y sociales.

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Casa Miskita surgió por la decisión de unir esfuerzos de 12 mujeres miembros de la asociación. Cada una es una “asociada”. La mayoría de ellas llegó a Costa Rica con sus familias hace tres años, y junto a otros miskitos han pasado muchas dificultades.

En Casa Miskita ofrecen rondón de res, una deliciosa opción principal. Va acompañado de rice and beans y refrescos.
En Casa Miskita ofrecen rondón de res, una deliciosa opción principal. Va acompañado de rice and beans y refrescos. FOTO: LA PRENSA

“Mamá Grande”, una verdadera matriarca

Aunque las asociadas están en pie de igualdad, la líder natural es “Mamá Grande”, una señora de 69 años originaria de Waspam, comunidad ubicada en la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte (RACCN), a orillas del río Coco, en la frontera con Honduras.

Mamá Grande es una verdadera matriarca. Al hablar, ella exuda autoridad, energía, tranquilidad, pero también determinación. Se autodefine como “educadora” y “defensora de los derechos de los pueblos indígenas”.

La vida de esta mujer indígena refleja e incluye las terribles conmociones sociales y políticas de Nicaragua desde la década de los ochenta.

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Ahora está en el exilio por la represión y persecución desatada por la dictadura Ortega Murillo en contra de los pueblos indígenas del Caribe para robar sus tierras y propiedades. Represión que se intensificó desde las protestas sociopolíticas de 2018. Ella también es una sobreviviente del sangriento operativo Navidad Roja, llevado a cabo por el Ejército Popular Sandinista en diciembre de 1981.

El ejército sandinista trasladó a la fuerza a comunidades miskitas en la década de 1980, para que no sirvieran de apoyo a los contras en la zona del río Coco. LA PRENSA/ ARCHIVO/ CORTESÍA/ IHNCA
El Ejército sandinista trasladó a la fuerza a comunidades miskitas en la década de 1980, para que no sirvieran de apoyo a los contras en la zona del río Coco. LA PRENSA/ ARCHIVO/ CORTESÍA/ IHNCA

La masacre de Leimus

Mamá Grande estuvo en Leimus aquel día de la famosa masacre de civiles miskitos indefensos, desarmados, que fueron tirados a una fosa por los soldados sandinistas.

“Yo daba clase en Leimus. Allí fue la masacre. Nadie estaba armado. Hacíamos fila para comprar granos básicos. Los mataron, los echaron a una fosa”, evoca la matriarca que, 45 años después, ha vuelto a ser una víctima de la represión del Frente Sandinista.

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Afirma que fue objeto de asedio por parte de agentes del Gobierno, tanto en Waspam como en Managua y, aun en el exilio, sigue recibiendo amenazas.

“Vine hace tres años a Costa Rica. Salí con mis hijos y nietos. Soy defensora de los derechos indígenas. Sufrí asedio a mi casa, llegaron hasta mi puerta”, dice.

Clientes de Casa Miskita degustan algunos de los platillos que ofrecen
Clientes de Casa Miskita degustan algunos de los platillos que ofrecen. Foto: LA PRENSA

Diferencia en sabor con la comida del Caribe tico

Ella asegura que muchos refugiados miskitos han pasado enormes dificultades. “Aguantamos mucha hambre. Ha habido mujeres vendiendo frutas, nacatamales, electrodomésticos para sobrevivir; los hombres en (la) construcción”, relata.

Con el negocio de Casa Miskita, las mujeres que hacen parte del proyecto tienen como objetivo llegar al paladar de los costarricenses y los nicaragüenses que viven en San José.

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Como hace notar otra asociada, la comida del Caribe costarricense es “dulzona”; las salsas poseen claramente un sabor más dulce que el de la comida caribeña nicaragüense. «Y he allí un motivo para probar», dice la asociada, mientras las otras asienten.

Ubicación céntrica

Casa Miskita surgió gracias al apoyo financiero de la Embajada de Francia. La soda arrancó en julio del año pasado. Entre julio y diciembre, el negocio creció poco a poco, pero en diciembre las cocineras enfermaron y esto afectó el negocio. Volvieron a abrir en enero de 2026.

Todas aquí hacen de todo. Se turnan para cocinar, limpiar y hacer compras. El local es pequeño, pero acogedor y cálido.

Adquieren y ofrecen productos orgánicos, debidamente certificados. Han sido capacitadas en manipulación de alimentos. Y siguen recibiendo capacitaciones.

Casa Miskita está ubicada del Parque Central, esquina de la Catedral, 600 metros al norte y 25 metros al este. Desde la Catedral, son seis cuadras. Para pedidos, pueden hacerlos vía WhatsApp al número 6106-3541.

Casa Miskita está ubicada del Parque Central, esquina de la Catedral, 600 metros al norte y 25 metros al este. Desde la Catedral, son 6 cuadras.
Casa Miskita está ubicada del Parque Central, esquina de la Catedral, 600 metros al norte y 25 metros al este. Desde la Catedral, son 6 cuadras.

Probando un rondón en Casa Miskita

Nos atrevimos a probar una de las principales propuestas del menú: rondón de res con leche de coco. Es una sopa adobada con coco, yuca, plátano, quiquisque (o tiquisque), acompañada de rice and beans (gallopinto).

Además de una carne suave, el paladar es bañado, acariciado, por una salsa que sabe maravillosamente y en la cual destaca el sabor a coco. Para tomar, optamos por un vaso de fresco de tamarindo.

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Casa Miskita, rondón de res. FOTO: LA PRENSA
Casa Miskita, rondón de res. FOTO: LA PRENSA

¿Qué otras delicias podés probar aquí?

Otras delicias que se pueden probar en Casa Miskita son:

Rondón de pescado o mariscos, con verduras, rice and beans, refresco.
Pescado entero en salsa de coco, acompañado de arroz de coco o rice and beans, ensalada, patacones y refresco.
Pollo caribeño (pollo en salsa de coco), conrice and beans, ensalada y refresco.
Luck luck, sopa de res caribeña.
Tamuga, un plato especial miskito hecho con careta de cerdo.
Además: vigorón, chancho con yuca, frito caribeño y tacos de carne.

Las asociadas tienen, además, pequeños emprendimientos propios en sus barrios. En la soda trabajan como voluntarias, porque están comprometidas con impulsar el éxito del negocio.

Pudieron iniciar gracias a fondos otorgados por el Gobierno de Francia, aunque se dicen abiertas a recibir otros apoyos financieros a su proyecto.

Al final, Mamá Grande enuncia un objetivo: “Vamos poco a poco. El objetivo es tener nuestro propio local”.

Casa Miskita ofrece también pollo caribeño, con rice and beans y ensalada. Foto: LA PRENSA
Casa Miskita ofrece también pollo caribeño, con rice and beans y ensalada. Foto: LA PRENSA

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