Cristel Rocío Muñoz García, de 19 años, es una chavala nicaragüense originaria de Masatepe, Masaya, con habilidad para imaginar una idea y hacerla posible, con una vivacidad que contagia y quien rápidamente pasa del discurso a la acción. Elabora y vende minidonas, pequeñas reposterías que vende en un semáforo de San Rafael de Heredia, en Costa Rica. Ella conversó con LA PRENSA y compartió su historia.
Cristel recuerda con cariño a su natal Masatepe, donde abrió una tienda de ropa usada y completó sus estudios de secundaria: “Al año siguiente de mi graduación tomé la decisión de venirme (a Costa Rica). En Nicaragua hay mucho desempleo y está difícil la situación, pero en mi punto yo no me vine por la situación, yo tenía una pequeña tienda y me defendía, pero quería otras oportunidades”, relató.
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Llegó a Costa Rica hace tres años y se reunió con su novio: «Desde entonces comencé a buscar trabajos nocturnos en sodas (establecimientos populares que ofrecen diversos productos) y renuncié en ese trabajo porque era muy cansado. También trabajé en tiendas y dije: Tengo que buscar cómo hacer algo por mi cuenta”, cuenta la joven migrante.

Cómo esta nicaragüense aprendió a hacer donas en TikTok
En la plataforma TikTok esta joven emprendedora observó videos acerca de recetas de repostería. Ella retomó una de las recetas, la practicó y las convirtió en su negocio, así nació Donuts Rouse.
«No sabía hacer donas, aprendí viendo videos de TikTok, yo creo que podemos usar las redes sociales para algo muy bueno. Comencé haciéndolas, intenté y me salían mal, o muy dulces, o muy blandas, hasta que llegué a la receta correcta y me quedé con esa”, narra acerca de su proceso.
“Yo dije que tenía que hacerlo porque la mayoría de los trabajos actualmente son muy mal pagados, jornadas laborales muy largas y sin descanso. Entonces pensé: ¡Puedo emprender con las minidonas!» añadió.
Un buen aliado
«¿Y quién probó tus primeras donas?» —preguntamos a Cristel—, a lo que ella respondió: “Mi novio fue el arriesgado”.
Se refiere a Eliezer Cano, quien no solo es su pareja, también es su gran aliado: “Me ayuda con las redes sociales, me critica, me ha visto llorar porque estoy cansada y me impulsa. En ocasiones hasta me ayuda a vender”, comentó Cristel. Eliezer tiene sus propias obligaciones en una barbería, pese a ello también apoya a su novia.

Los compañeros de trabajo de Eliezer fueron los primeros clientes de Cristel: “Los muchachos a veces le decían a él que les trajera donas y empecé a venderles”, recuerda la emprendedora, quien luego se lanzó a la calle a compartir su producto.
“Me fui al semáforo y la venta del primer día fue superbuena y es una de las cosas que me motivó. Salí a las seis de la tarde, y a las siete y media de la noche ya estaba de regreso con 35 mil colones en el bolsillo (unos 70 dólares)”, cuenta contenta por aquella gran venta.
“Restando la materia prima mi ganancia fue de unos 27 mil colones (poco más de 40 dólares). Para las donas no se necesita mucho material, es más el tiempo que uno invierte. Uso huevo, leche, harina y otros ingredientes. Entonces es un negocio sencillo de manejar y claro, demanda trabajo”, agregó.
Actualmente, Cristel también trabaja en una tienda. Luego de una jornada completa en su primer trabajo, se prepara para hacer la masa base, hornear, empacar. Pese al cansancio, no pierde actitud y se dirige a vender.
Pensando en el futuro
El rostro de Cristel se ilumina cuando habla del futuro: “Yo me imagino en unos pocos meses abriendo un local porque yo todavía estoy en un proceso de legalización. Para tener una patente o para que te alquilen un local necesitas fondos. Entonces, hace unos ocho meses estoy en esos trámites, con suerte en agosto de este año pueda lograrlo”, sonríe confiada.
Cristel reconoce que enfrentó a sus propios miedos para emigrar y emprender: “De Nicaragua venía muy preocupada porque me decían que me podían deportar, que no conseguiría trabajo, que si me enfermaba no iba a poder ir al hospital y cosas así. Pero conforme fue pasando el tiempo me di cuenta de que las cosas no son como te las pinta la gente, es un poco más tranqui. He trabajado con venezolanos, cubanos y con otros nicaragüenses”, comenta.
Sobre su habilidad para los negocios, Cristel Rocío se alegra de ser un orgullo para su familia: “Mi mamá se sorprende mucho porque dice que yo he sido propositiva, sin miedo a intentarlo. En Nicaragua los salarios son muy bajos. Siempre he creído que necesito emprender”, comentó.

Dejar la pena y confiar
La historia de Cristel es de superación y un ejemplo para personas de todas las edades, a quienes invita a perseguir sus sueños y dar forma a sus ideas: “Yo le diría a otras personas que tienen miedo o que estén en un proceso de desempleo, que busquen la manera de encontrar algo que les guste hacer y le puedan sacar algo de dinero. Hay que dejar el miedo, dejar la pena», aconsejó.
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Reconoce que los pensamientos negativos llegarán con cada idea de negocio, por lo cual ella recomienda enfrentarlos: “Empezamos a preguntarnos ¿y si no me compran? Pero hay que pensar que sí, me van a comprar. Hay alguien que sí va a querer apoyarme y así es como comienzan los clientes fieles. Igual Dios es muy bueno y nunca nos deja solos. Dios valora el esfuerzo», refrenda.
Hablar con Cristel es recibir una corriente de energía y vida. Le preguntamos si extraña Nicaragua. «Sí, claro que extraño Nicaragua, pero actualmente estoy muy encantada con Costa Rica”, respondió.
Para contactar a Cristel puede seguirla en sus redes como Rouse Gar, en Facebook, Instagram y TikTok. También puede llamarla al +506 7081 3799.