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Para los cristianos, la Semana Santa es tiempo en que se conmemora la Pasión y Muerte de Jesucristo y su gloriosa Resurrección.
La palabra pasión se usa en este caso en su sentido original (pathos), del idioma griego, que significa sufrimiento. Los antiguos cristianos hicieron propia esta palabra griega para referirse al sufrimiento de Jesús de Nazaret.
En Nicaragua, según registros históricos la Semana Santa o la Pasión de Jesucristo se celebró por primera vez en el año 1525. Fue en la ciudad de León, que disputa con Granada haber sido la primera que fundaron los conquistadores españoles y trajeron la religión cristiana o católica al país. Pero es probable que dicha celebración se haya realizado simultáneamente en ambas ciudades, porque en 1528 se encontraban en las dos ciudades los misioneros que vinieron para evangelizar a los aborígenes nicaragüenses.
Como un hecho significativo de aquellos primeros tiempos del cristianismo en Nicaragua, el historiador católico Ricardo Zúñiga relata en su Historia Eclesial de Nicaragua que durante la celebración en León de la Semana Santa, en el año de 1528, propiamente el Jueves Santo, Gonzalo Fernández de Oviedo fue a la Iglesia Mayor de la ciudad leonesa recién fundada, para pedir asilo. El cronista de Indias huía de la persecución de Pedrarias Dávila, y la iglesia protegió al perseguido provocando la ira del despótico primer gobernador de Nicaragua que se hacía llamar Furor Domini, la furia de Dios.
La Iglesia católica de Nicaragua protegió desde su origen a los perseguidos injustamente, particularmente a los nativos que a pesar de la prohibición de los reyes católicos de España eran maltratados y hasta esclavizados por los conquistadores. Por esa razón, desde sus inicios la Iglesia católica de Nicaragua fue odiada por los tiranos y sufrió persecución, comenzando con el asesinato, el 26 de febrero de 1550, del obispo defensor de los indios, fray Antonio Valdivieso.
Ciertamente, la persecución a la Iglesia porque abogaba por los oprimidos y protegía a los perseguidos es de muy antigua data. Pero ahora los codictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo la han llevado al extremo mientras simulan hipócritamente ser fervorosos cristianos.
A los 498 años de su primera celebración en Nicaragua, la Semana Santa se realiza restringida por la dictadura. Después de que en años anteriores la dictadura descabezó diócesis, allanó y profanó templos y santuarios, encarceló y desterró a obispo, sacerdotes, diáconos, monjas de la caridad y otras personas servidoras religiosas, ahora prohíbe las procesiones de Semana Santa fuera de los templos e intimida a los creyentes.
LA PRENSA ha informado que las procesiones del recién pasado Domingo de Ramos, con las que comienza la Semana Santa, “se realizaron dentro de los templos, vigiladas por policías de civil, y la dictadura intentó mostrar con fotos, una libertad religiosa que no existe”.
La abogada Martha Patricia Molina, quien como es sabido documenta minuciosamente la persecución religiosa en Nicaragua, declaró a LA PRENSA que en el comienzo de la Semana Santa la dictadura prohibió más de 400 procesiones del Domingo de Ramos. Informó que para esta Semana Santa “se habrán suspendido 5 mil 726 procesiones en un total de 409 parroquias en las nueve jurisdicciones eclesiásticas del país, una arquidiócesis (Managua) y ocho diócesis. Todas estas prohibiciones suman un total de 27 mil 034 procesiones que el régimen orteguista ha impedido desde 2019”.
Sin embargo, LA PRENSA también informa que “en medio del asedio y las amenazas, el pueblo católico de Nicaragua no deja de asistir a los oficios y actividades religiosas”. Y respalda lo dicho con una gran cantidad de ilustraciones fotográficas, tomadas de las redes sociales porque la dictadura no permite que se informe libremente desde dentro de Nicaragua.
La realidad demuestra que la dictadura puede prohibir celebraciones religiosas y reprimir a los creyentes, pero no puede arrancarles la fe de sus conciencias y sus corazones. Como tampoco puede quitarles la esperanza en la libertad, menos en estos días que se celebra la Pascua de Resurrección, que significa igualmente liberación de las cadenas opresoras.