La Costanera vs. Punta Huete

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Siempre he sostenido que Nicaragua debe convertir su evidente potencial turístico en el eje de su desarrollo económico y este debe ser un objetivo permanente de la nación, que no cambia con relación a los gobiernos que, por fortuna o infortunio, tenga el país.

Recientemente se inauguró el segundo tramo de la carretera costanera, proyecto que ha sido acariciado y apoyado por diversos gobiernos, pero que hasta ahora se ha concretado, parcialmente.

En las redes sociales abundan los reportes de turistas y creadores de contenido de YouTube que se han maravillado con las playas del Pacífico, que ahora se han vuelto muy accesibles gracias a la carretera costanera, surgiendo muchos nuevos negocios turísticos y accesorios gracias a la mayor afluencia de turistas nacionales e internacionales.

La carretera costanera es un proyecto que se justifica desde el punto de vista económico y social, porque convierte las bellezas naturales de Nicaragua, que antes eran tan solo un potencial, en una oferta atractiva, con acceso rápido a los destinos: oferta de bienes y servicios turísticos como restaurantes, hoteles, alquiler y prestación de servicios de playa.

Las poblaciones colindantes con las playas tienen en la costanera una oportunidad de progreso económico, integrándose al ritmo de la demanda de servicios turísticos y transporte eficiente y rápido.

En contraste con la costanera, el proyecto del Aeropuerto Internacional de Punta Huete, actualmente en construcción, presenta todas las características de un “elefante blanco”, como bien lo señaló el expresidente de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional y exdirector del Banco Mundial, Franciso Aguirre Sacasa, en un artículo publicado el pasado martes en LA PRENSA.

No se justifica del punto de vista de rentabilidad, porque está siendo financiado con un préstamo chino oneroso para un país como Nicaragua, además, no existe la demanda de turistas que justifique semejante inversión, está a 60 kilómetros de Managua, ciudad que ya cuenta con un aeropuerto internacional recientemente ampliado y como se informó su construcción requerirá la construcción —vía endeudamiento chino oneroso— de una autopista de peaje de 7 kilómetros, también destinada al fracaso.

Los costos incrementales de transporte y tiempo para que el nuevo aeropuerto sea utilizable no se corresponden con el volumen y beneficios turísticos proyectados.

Ya el Aeropuerto Punta Huete en los años 80 fue un fracaso que ejemplifica el derroche de un gobierno por razones geopolíticas. La enorme pista de concreto de 3,000 metros de longitud fue construida para albergar aviones supersónicos Mig 21 que jamás aterrizaron en ella debido a la severa advertencia del gobierno de Ronald Reagan a la primera dictadura sandinista, de que si lo hacían se atuvieran a las consecuencias.

El “Aeropuerto Internacional de Punta Huete” se trata entonces de un proyecto de “elefante blanco” que sale al rescate de otro “elefante blanco”, también en ambos casos construido por razones geopolíticas, no por razones de rentabilidad económica relativas a la demanda turística.

La inversión total en el aeropuerto es de 517.6 millones de dólares, de los cuales 490 serán financiados con un préstamo chino a 15 años, a una tasa de interés de 5.2 por ciento y con 4.5 años de gracia. La construcción es ejecutada por la empresa china CAMCE.

Al cabo de su vencimiento a 15 años, el costo del préstamo de 490 millones de dólares, calculado con sus intereses es aproximadamente de 790 millones de dólares. Un capricho de la dictadura que tendrán que pagar las futuras generaciones y que viene a agravar la ya pesada carga financiera de la deuda pública.

En el campo turístico las inversiones se justifican o no en relación con el crecimiento de la demanda, pero en este caso se está haciendo al revés: se está realizando una gran inversión, redundante, sin justificación económica alguna: sin un solo avión jumbo dispuesto a aterrizar en ella.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue ministro de Turismo 1997-1998.

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