Kristina Tablada, eslovaca hija del nicaragüense Dolores Reynel Tablada Matamoros, a la derecha. LA PRENSA/ CORTESÍA/ ARTE

Kristina Tablada, eslovaca hija del nicaragüense Dolores Reynel Tablada Matamoros, a la derecha. LA PRENSA/ CORTESÍA/ ARTE

Eslovaca encuentra a su padre nicaragüense tras 36 años

Tras casi 40 años separados, ella decidió buscarlo en redes sociales. “¿Eres tú?”, le dijo al teléfono. Esta es la historia de amor filial entre Kristina y Dolores Reinel.

Contenido Exclusivo SOLO PARA SUSCRIPTORES.
Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Durante buena parte de sus 41 años, la ciudadana eslovaca Kristina Tablada —hoy Kristina Vancova, tras casarse— vivió con enojo. Creía que su padre la había abandonado, que había dejado de buscarla y que ya no tenía interés en ella.

Ella, su madre eslovaca, Ivet Vargova, y su padre, el nicaragüense Dolores Reynel Tablada Matamoros, vivieron juntos durante cuatro años en la entonces Checoslovaquia, en una ciudad llamada Neratovice. Pero un día, en 1988, sin que Kristina lograra comprenderlo del todo, él dejó el hogar y nunca más regresó.

Lea también: Historia del Patión, el mercado caótico que “parió” al Oriental en la vieja Managua

Madre e hija lo acompañaron hasta Praga y lo vieron abordar el avión. Lo único que recuerda es que su padre tuvo que marcharse por la situación política en Nicaragua, marcada por la guerra a finales de los años ochenta.

Kristina y su padre, el nicaragüense Dolores Tablada, cuando aún vivían juntos en Checoslovaquia. LA PRENSA/ CORTESÍA
Kristina y su padre, el nicaragüense Dolores Tablada, cuando aún vivían juntos en Checoslovaquia. LA PRENSA/ CORTESÍA

Desde entonces, Kristina creció sin padre. “Es difícil para cualquier niño crecer sin un padre. Un padre fomenta la autoestima, la valoración personal y el amor propio en una niña, y la prepara para el mundo exterior”, explica a la Revista DOMINGO.

Sin embargo, hace apenas un mes, decidió buscarlo en redes sociales. Publicó un mensaje en un grupo nicaragüense de Facebook y, rápidamente, un periodista se puso en contacto con ella. Había logrado encontrar a su padre.

Un mensaje inesperado

Dolores Reynel Tablada Matamoros, hoy de 68 años, estaba en una finca en Juigalpa, Chontales, donde la señal de internet es inestable, cuando recibió una llamada inesperada.

Lea también: Yiyo, el campeón que perdió la pelea contra el alcohol

Del otro lado, a través de WhatsApp, estaba su hija. La comunicación fue difícil: de los 45 minutos que intentaron hablar, apenas unos 15 lograron sostenerse con claridad.

“¿Eres tú?”, fue la primera pregunta que ella le hizo, en eslovaco.

A Kristina le gusta la cultura de la India, así como el yoga, la meditación y el ayurveda. Han sido su estilo de vida durante los últimos 14 años, desde que se convirtió en Hare Krishna. LA PRENSA/ CORTESÍA
A Kristina le gusta la cultura de la India, así como el yoga, la meditación y el ayurveda. Han sido su estilo de vida durante los últimos 14 años, desde que se convirtió en Hare Krishna. LA PRENSA/ CORTESÍA

Quería confirmar que estaba vivo. Su intención es viajar a Nicaragua en algún momento para verlo.

“Me dijo muchísimas cosas, que me extrañaba. Veo a mi hija muy educada, educadísima”, expresó Tablada a la Revista DOMINGO, aún conmovido, un día después de la llamada.

“Fue una conversación sencilla. Me aseguré de que realmente era él. Nos contamos cómo estamos y le dije que me alegraba verlo”, relató Kristina en inglés.

“Me alegra haber encontrado a mi padre. Saber que sigue vivo y que ahora podemos hablar de todo aquello que antes no fue posible. Tengo la oportunidad de conocer mis raíces por su lado y comprenderme mejor a mí misma. Ya veremos si puedo viajar a Nicaragua. Tengo mi propia vida, mi familia, mis responsabilidades. Pero me reconforta estar en contacto con él”, agregó.

Lo mataba el “frío”

Tablada tenía 22 años en 1982 cuando estudiaba en el Liceo Agrícola de Juigalpa.

Un día vio a varios amigos llenando solicitudes para estudiar en Checoslovaquia y decidió intentarlo también. Fue aceptado, aunque tuvo dificultades para viajar y llegó un mes y medio después que sus compañeros.

Allá estudió Ingeniería Agrícola y se graduó. Ese mismo año conoció a Ivet Vargova, una joven eslovaca cinco años menor que él.

Lea también: Un científico que salió de Matiguás y se forjó a puro pulso

Se conocieron en una fiesta universitaria, bailaron y comenzaron una relación. Él estudiaba en una escuela, ella en otra, pero ambos vivían en Praga, entonces capital de Checoslovaquia.

Ella lo llevó a su casa familiar en Eslovaquia, donde su padre era jefe de guardabosques en los Altos y Bajos Cárpatos. Allí, mientras era su novio, Tablada trabajó como intérprete para turistas hispanohablantes.

Dolores Reynel Tablada Matamoros en la actualidad. LA PRENSA/ CORTESÍA
Dolores Reynel Tablada Matamoros en la actualidad. LA PRENSA/ CORTESÍA

Ocho meses después de conocerse, se casaron. En 1984 nació su hija Kristina.

La vida marchaba bien. En Praga, en su centro de estudios, Tablada hablaba en checo; en casa de su esposa, en eslovaco. Llegó a dominar mejor este último idioma, que aún conserva, y que le permitió conversar con su hija en la reciente videollamada.

Pero había algo que no lograba adaptarse. “La gente es muy fría, tosca. Si no te quitás de en medio, te pasan llevando”, dice.

Y también estaba el clima. Temperaturas de hasta 40 grados bajo cero terminaron por afectarlo profundamente.

Comenzó a extrañar Nicaragua: su cultura, su comida, sus costumbres y su clima. Le propuso a su esposa regresar juntos, pero ella se negó.

La situación se volvió definitiva cuando su madre, Mercedes Matamoros Pérez, enfermó. Decidió volver.

Habló nuevamente con su esposa, pero ella mantuvo su negativa. Entonces se divorció y regresó solo a Nicaragua, dejando también a su hija.

Imposible reencontrarla

Durante tres años, Tablada e Ivet Vargova mantuvieron correspondencia. Él pensaba regresar a Checoslovaquia o que ellas viajarían a Nicaragua. Pero ninguna de las dos cosas ocurrió.

Luego, Tablada se trasladó a la Costa Atlántica por trabajo y, poco a poco, perdió el contacto con su exesposa y su hija.

Otra imagen de Kristina. LA PRENSA/ CORTESÍA
Otra imagen de Kristina. LA PRENSA/ CORTESÍA

Cuando intentó retomarlo, el contexto había cambiado. Checoslovaquia ya no existía y no había Embajada de Eslovaquia en Centroamérica.

Lea también: La entrañable historia de amor de Dennis Martínez con la “mujer perfecta”

En la embajada checa en Costa Rica le dijeron a una hermana de Tablada que no podían ayudar. Las relaciones entre República Checa y Eslovaquia eran complejas y Kristina era ciudadana eslovaca.

En 1994, Tablada se casó nuevamente.

Sin hablar de su padre

Kristina creció en silencio con la ausencia de su padre. Su madre le dio información sobre él, pero no era frecuente que se hablara sobre el tema.

Ivet Vargova también rehízo su vida y su relación con Tablada quedó en el pasado.

“No hablábamos mucho de mi padre. Era difícil. Creo que a la gente de un país le cuesta comprender la mentalidad de otro. Las relaciones internacionales son aún más complejas: culturas y costumbres diferentes”, explica Kristina.

No fue sino hasta hace un mes que decidió buscarlo en redes sociales y ahora tienen planes de reencontrarse en persona.

La Prensa Domingo Eslovaquia Nicaragua nicaragüense archivo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí