Cardenal Leopoldo Brenes. Foto: Facebook Arquidiócesis de Managua.

Cardenal Leopoldo Brenes. Foto: Facebook Arquidiócesis de Managua.

Dictadura Ortega Murillo busca convertir la fe cristiana en un “adorno útil” al poder político

Sacerdotes y analistas coinciden en el falso discurso de "reconciliación" del régimen. Hoy oficialismo entrega medalla a Jaime Morales, exvicepresidente, el político liberal a quien los Ortega robaron su casa.

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La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo mantiene bajo persecución a la Iglesia católica de Nicaragua, mientras presiona a los religiosos y los usa, junto a los santos y la misma Biblia, para tratar de convertir la fe cristiana en un “adorno útil” al poder político, advirtieron religiosos y analistas consultados por LA PRENSA.

Los Ortega Murillo crearon una medalla en honor al cardenal Miguel Obando y Bravo, quien murió en 2018 siendo su aliado político, y han desplegado una fuerte campaña para promover una supuesta reconciliación, pero en realidad no existe. Esta serie de homenajes al religioso salesiano ocurren este año cuando se cumple un siglo de su nacimiento.

Para este 9 de febrero está previsto que la condecoración sea entregada por primera vez al exvicepresidente Jaime Morales Carazo, un político liberal a quien los Ortega Murillo robaron su casa y que luego se convirtió en cómplice político del régimen.

Para el padre Nils de Jesús Hernández, la creación de la medalla en nombre de Obando y Bravo no puede interpretarse como un gesto inocente, ni como un verdadero reconocimiento histórico. Él considera que es “una operación política”, cuya finalidad es instrumentalizar una figura religiosa —como el fallecido cardenal— para “legitimar un proyecto autoritario profundamente contrario al Evangelio y a la doctrina social de la Iglesia”.

Presbítero Nils de Jesús Hernández, párroco de la iglesia Reina de la Paz en Waterloo, Iowa. Tiene dos Maestrías en Teología y en Liturgia y un Doctorado en Teología Pastoral. Es egresado de la Universidad Pontificia y Seminario Santa María en Baltimore, MD y Universidad Pontificia Santa María del Lago / Seminario Mundelein en Chicago, IL. Foto: Waterloo-Cedar Falls Courier

“Esto forma parte de una estrategia más amplia: vaciar de contenido profético la fe cristiana y convertirla en un adorno útil al poder político. Cuando el Estado crea símbolos religiosos a su medida, no honra la fe; la instrumentaliza”, sostiene el sacerdote nicaragüense exiliado desde los años 80 en Estados Unidos.

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La investigadora Martha Patricia Molina, quien ha dado seguimiento con rigurosidad a la persecución religiosa de Ortega, considera que no existe coherencia entre lo que se dice y se hace en la dictadura sandinista. Ella también rechaza el abuso que han hecho de la imagen de monseñor Obando, por lo que este significó en su momento y que los mismos sandinistas se encargaron de desacreditar.

Molina es autora de la investigación Nicaragua: ¿una Iglesia perseguida, en que se ha documentado más de 19,000 agresiones contra la Iglesia y ataques a la libertad religiosa, entre ellas las prohibiciones de procesiones; también el exilio de 306 sacerdotes —cuatro de ellos obispos— y la confiscación de 43 propiedades entre 2018 y 2025.

«Si ellos quisieran una reconciliación verdadera entonces dejaran en libertad al padre Frutos Valle. Devolvieran las 43 propiedades robadas. Dejarían que la librería San Pablo distribuya los materiales de formación católica. No profanarían las iglesias, dejarían de amenazar y vigilar a los sacerdotes, permitirían procesiones y ordenaciones», afirmó Molina.

Sobre esa misma línea crítica, el periodista nicaragüense de temas socio-religiosos Israel González Espinoza, radicado en España, expresa que el orteguismo quiere seguir explotando la figura del fallecido arzobispo de Managua.

“El orteguismo prosigue en su estrategia de persecución religiosa y la manipulación de la figura del exarzobispo Obando buscando reforzar esa narrativa blasfema que mantiene el régimen de manosear la figura de Dios, la Virgen María, los santos, la piedad popular y hasta la Biblia mientras su régimen hace justamente todo lo contrario a lo que señala el cristianismo”, dice González Espinoza.

Critican la presencia de Brenes

Durante las actividades en celebración al natalicio del fallecido Miguel Obando y Bravo, el cardenal Leopoldo Brenes tuvo una participación activa con la dictadura que reprime a la comunidad religiosa, siendo el jerarca de mayor rango en Nicaragua. La dictadura ha desplegado su propaganda en una serie de actos y entrevistas en que ha participado Josefa Reyes, asistente del religioso durante décadas y madre del fallecido magistrado electoral, Roberto Rivas Reyes.

Rivas Reyes es clave para entender la última etapa de la vida pública de Obando, cuando se convirtió en una figura presente en todas las actividades del oficialismo. Según los diarios de la época, el escándalo por los malos manejos administrativos de este magistrado acercó al jerarca religioso con el FSLN, cuyos contralores se negaron a investigarlo en la Contraloría. Después vendría la «reconciliación» entre Ortega y los religiosos cercanos al fallecido cardenal, perseguidos en los años ochenta. La alianza se fortalecería más posteriormente.

En estos días, doña Josefa Reyes exaltó a Ortega y Murillo usando la figura de Obando en declaraciones a los medios oficialistas. Ella agregó que el religioso «admiró mucho a los copresidentes, decía ‘trabajan con tanto gusto y con tanto cariño, con la gente que tenemos que ayudar», refiriéndose a sus aliados políticos.

Josefa Reyes, asistente del cardenal Obando y madre del magistrado Roberto Rivas, ambos fueron aliados de Ortega. Foto/Tomada de los medios oficialistas

A los analistas independientes les ha llamado la atención la participación de Brenes y destacan su silencio sobre la situación de la Iglesia. Para Molina, se trata de otro abuso de parte del régimen, pero asegura que no le ha funcionado, porque ya la gente conoce la visión del cardenal, la que califica como «tibia».

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Sin embargo, el silencio del arzobispo lleva un mensaje “profundamente confuso” a la población, según el padre Hernández. “Sí puede hablarse de una manipulación: no necesariamente mediante imposición directa, sino a través de la presión, el miedo, el cálculo institucional y el control del espacio público”, afirma el sacerdote.

González recuerda la “presión a la Iglesia local” y remarca las “condiciones sumamente represivas” que viven obispos, sacerdotes, religiosas y laicos. Sin embargo, “la Iglesia intenta mantener su presencia en medio del pueblo, aún en las circunstancias más adversas”, agrega el periodista.

Pese a la represión religiosa sostenida en los últimos años, el régimen intenta vender la idea de buenas relaciones con la Iglesia para tratar de mostrar que hay una “reconciliación”. González dice que lo que están intentado es mostrar una “normalidad que no existe en el país”.

Hernández apunta que no puede haber tal reconciliación sin verdad, sin justicia y sin respeto a la libertad religiosa. “Hablar de reconciliación es un insulto a la inteligencia y al sufrimiento del pueblo creyente. El régimen no busca reconciliarse con la Iglesia; busca neutralizarla, despojarla de su voz profética y convertirla en un actor decorativo”, concluye el sacerdote.

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