Miguel Obando y Bravo bajándose del Mercedes Benz de la pareja dictatorial. ARCHIVO

Obando y Bravo, el cardenal que caminó “con Dios y con el diablo”

De “víbora” pasó a llamarle “paisano” a Daniel Ortega. Vivió mediando por la vida de guerrilleros y congresistas secuestrados, fue atacado por los sandinistas y definió una elección. Murió al lado de un dictador.

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A inicios de los años sesenta, cuando Daniel Ortega era un adolescente, sus padres lo mandaron a estudiar al colegio Salesiano de Santa Tecla, en El Salvador. Ahí ofició de monaguillo e incluso llegó a sentir inclinación por el sacerdocio. En esa misma escuela, Ortega se encontró con el entonces sacerdote nicaragüense Miguel Obando, que era el rector del Seminario Salesiano, según relata el periodista Fabián Medina en su libro El Preso 198. 

Aquel fue el primer contacto entre Obando y Ortega del que se tiene registro. Ambos se convertirían tiempo después en personajes relevantes para la historia de Nicaragua. Cada uno desde lo suyo, estuvieron enfrentados y luego se convirtieron en aliados. “El cardenal cayó en las manos de Ortega y no supo cómo salirse. O más bien no quiso salirse de ahí. Caminó con Dios y con el diablo como decimos”, valora un teólogo que solicita no ser citado. 

Fue mediador por excelencia. Un hombre grueso, moreno, de lentes prominentes y voz ronca. Evitó derramamientos de sangre y él mismo escapó de ser ametrallado el 18 de julio de 1979 cuando se dirigía en helicóptero hacia el búnker de Somoza, en tiempos de la insurrección. El mismo Somoza lo apodaba “Comandante Miguel” y lo señalaba de tener vínculos con la guerrilla. 

Luego se enfrentó a los sandinistas quienes lo llamaron “Capellán del somocismo”, “Macho Negro”, “archienemigo”. Se jactaban de que gracias a ellos llegó a convertirse en cardenal. Y el mismo Ortega llegó a referirse a él como un “sepulcro blanqueado y más que eso, enrojecido” por el color de los liberales en los años noventa. 

Daniel Ortega empezó a llamar «paisano» a Obando porque ambos son de La Libertad, Chontales. ARCHIVO

Sorpresivamente, Obando y Ortega hicieron las paces en 2002. Pasaron de ser “archienemigos” a llamarse “paisanos”, porque ambos son de La Libertad, Chontales. Ofició la boda del caudillo sandinista con Rosario Murillo y el mismo Ortega le pidió perdón por “los errores del pasado”. 

En ese acercamiento mucho tuvo que ver el expresidente del Consejo Supremo Electoral (CSE) Roberto Rivas Reyes, un ahijado protegido de Obando. 

Este 2026, el cardenal Obando y Bravo cumpliría cien años de vida. El régimen anunció que construirá un monumento del cardenal en La Libertad el cual será inaugurado en febrero. Además, cambió el nombre de la Universidad Católica de Nicaragua, fundada por el religioso, a Universidad Cardenal Miguel Obando y Bravo. 

Mediador 

La figura del cardenal Obando se hizo conocida en Nicaragua a partir de los años setenta, tras su mediación en los secuestros que ejecutó el Frente Sandinista en la casa del Chema Castillo (1974) y el Palacio Nacional (1978). 

Pero antes de eso, el entonces arzobispo de Managua había acompañado a las víctimas del terremoto de 1972. Iba por las calles entre los escombros ofreciendo consuelo y ayuda espiritual. “Para los creyentes católicos eso es invaluable. Ahí es donde él empieza a meterse en el corazón y en el imaginario de muchos católicos”, explica el teólogo. 

Además, Obando solía visitar a lomo de burro las comunidades de las montañas de Matagalpa. 

El 27 de diciembre de 1974, cuando un comando sandinista asalta la casa del Chema Castillo en Managua y secuestra a varios funcionarios somocistas, incluido el cuñado del dictador Guillermo Sevilla Sacasa, los guerrilleros pidieron que fuese Obando el que llevara la mediación para negociar con Somoza. 

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Los sandinistas consiguieron entonces la divulgación de su programa político, un millón de dólares de los cinco que pedían originalmente, y la liberación de un grupo de guerrilleros presos entre los que se encontraba Daniel Ortega, pero también otros que luego se volverían importantes cuadros como José Benito Escobar, Lenín Cerna, Jacinto Suárez, Carlos Guadamuz y otros. 

Los sandinistas repitieron la dosis contra Somoza en 1978, al asaltar el Palacio Nacional y secuestrar a varios congresistas. Obando y Bravo fue el mediador nuevamente y, como garantía, hasta se montó con los guerrilleros en el autobús que los llevó al aeropuerto para sacarlos del país con rumbo a Panamá una vez que terminó el secuestro.

Obando y Bravo durante el asalto a la casa del Chema Castillo. ARCHIVO

“Me acuerdo la cara de monseñor Obando. Era de satisfacción. Y si mal no recuerdo, tuvo una expresión como esta: ´Hombre, sí tienen pueblo. La gente los sigue´”, recordó el general en retiro Hugo Torres en las Memorias de la Lucha Sandinista, de Mónica Baltodano. Torres participó en los dos asaltos en los que medió Obando. 

Para entonces, el arzobispo de Managua había perdido simpatía de Somoza, quien consideraba que era un aliado de los sandinistas. 

El 19 de julio de 1979, tras la caída de la dictadura somocista y el ascenso de los guerrilleros al poder, marcó un antes y un después en la historia de Nicaragua, pero también en la historia de Miguel Obando y Bravo, quien pasó a enfrentarse con aquellos por los que alguna vez medió. 

Ataques sandinistas 

Domingo 15 de agosto de 1982. Monimbó, Masaya. El arzobispo Miguel Obando y Bravo celebrará el aniversario de la corona de oro obsequiada por Monimbó a la Virgen Auxiliadora, en la iglesia de Magdalena. Afuera, una turba de sandinistas con palos, piedras y tubos, aguarda por el líder católico para cachiporrearlo. 

Para entonces, Obando es enemigo declarado de los sandinistas que desde los primeros meses en el poder lo presionaron para que censurara sus homilías y las de otros sacerdotes, mientras él denunciaba una persecución en contra de la Iglesia Católica y sus fieles. Los tiempos de mediación ya quedaron atrás. 

En julio de 1981, los sandinistas prohibieron la misa dominical que Obando y Bravo transmitía por televisión desde hace varios años y en marzo de 1982, Radio Católica, la estación oficial de la iglesia, fue cerrada durante un mes por transmitir “informaciones inexactas” sobre la toma de una parroquia por parte de turbas sandinistas. 

Tiempo después, en abril de 1983, el gobierno revolucionario anunció que todos los sermones de la iglesia debían ser revisados previamente y que no se podían transmitir en vivo. Ese mismo año, los sandinistas trataron de boicotear al papa Juan Pablo II durante su visita en Managua. Las turbas le gritaban “queremos la paz” mientras él trataba de dar su mensaje apostólico al pueblo. El sumo pontífice respondió molesto: “¡Silencio! La primera que quiere la paz es la iglesia”. 

Obando hablando con guerrilleros sandinistas durante el asalto al Palacio Nacional en 1978. ARCHIVO

Antes de que llegara Obando, aquel 15 de agosto de 1982 en Monimbó, las turbas fueron repelidas por los pobladores. “Monimbó se opuso, protegió a su pastor y a su patrona y las turbas locales fueron rechazadas”, relata Jaime Chamorro Cardenal en su libro Frente a dos dictaduras. 

Durante la época sandinista, los revolucionarios trataron de desacreditar de cualquier manera a Obando y a la iglesia. El 28 de abril de 1984, el periodista de LA PRENSA, Luis Mora Sánchez, fue arrestado por la Seguridad del Estado y “sometido a torturas físicas y psicológicas. Fue golpeado y mantenido esposado a la pared de una celda sin comida ni agua, y llevado a celdas frías y calientes alternativamente, en condiciones que el describió después como inhumanas”, describe Chamorro Cardenal en su libro. 

El periodista fue obligado por los sandinistas a decir que había conspirado contra la revolución junto a políticos opositores y al arzobispo Obando. 

Sin embargo, Obando continuó con su misión pastoral y señalaba a los sandinistas de querer imponer el modelo marxista similar al de Cuba. En 1985 el papa Juan Pablo II lo nombró cardenal. Era el primero nacido en Centroamérica y aquel gesto fue interpretado como un espaldarazo de la Iglesia Católica. 

Los sandinistas no se tomaron a bien la designación papal. Acusaban a Obando de apoyar a la contrarrevolución y prohibieron que su foto y su nombre apareciera en los medios de comunicación. 

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“Esta obsesión en contra del cardenal Obando llega a tal punto que cuando se jugaba en los Estados Unidos el Campeonato Mundial de Béisbol de Grandes Ligas entre los «Cardenales de San Luis» y los «Royal de Kansas» LA PRENSA hizo una encuesta de preferencia entre los dos equipos; el resultado fue titulado: «Nicas: Cardenales serán campeones», ¡el título fue censurado! Se tuvo que sustituir la palabra «Cardenales» por «San Luis «, relata Chamorro Cardenal en su libro. 

Los ataques sandinistas no dinamitaron la actitud mediadora de Obando. Entre 1988 y 1989, participó como mediador y garante de los acuerdos de Sapoá para dar fin a la guerra civil que desangraba al país y que culminó con el triunfo electoral de Violeta Barrios de Chamorro en 1990. 

De “víbora” a “paisano” 

Cuando Daniel Ortega pasó a liderar la oposición en los noventa, él y Obando seguían siendo enemigos. Pero no así con Arnoldo Alemán, el caudillo liberal. Antes de las elecciones de 1996, Obando bendijo públicamente a Alemán y días antes de los comicios, en una homilía, Obando pronunció una parábola que para muchos no fue necesariamente bíblica y que terminó de lapidar a Daniel Ortega.

El cardenal Obando besando el anillo papal. ARCHIVO

 Obando hizo referencia a un caminante que encuentra una serpiente moribunda y que al verla se compadece y le ayuda. La abriga en su regazo hasta que la serpiente, fiel a su naturaleza, muerde al hombre y muerte. Muchos lo interpretaron como no confiar en un lobo vestido de oveja, o bien en Ortega vestido de blanco haciendo llamados a la paz. 

Aquella parábola decidió la elección y quien ganó la presidencia fue Arnoldo Alemán. 

Luego, para el cierre de las elecciones de 2001, Obando presidió una misa en los predios de la Catedral de Managua. Ahí estaban los tres candidatos en contienda: Enrique Bolaños, Daniel Ortega, y Alberto Saborío. El cardenal mencionó entonces las cualidades que debía tener el candidato para ocupar la presidencia. 

“Al votar, debemos preguntarnos, ¿da el candidato un apoyo decidido y claro al matrimonio y a la familia de fundación matrimonial, en contra de la tendencia de equiparar el verdadero matrimonio con otro tipo de uniones? El Estado vale lo que valgan las familias que lo forman”, dijo. 

Ortega, para entonces, vivía en unión de hecho con Rosario Murillo desde 1978 y no se les conocía la celebración de un matrimonio. Nuevamente, Ortega perdió la elección. 

Todo apunta a que fue en 2002 cuando Ortega y Obando hicieron las paces. La Contraloría General de la República investigaba a Roberto Rivas, entonces titular del Consejo Supremo Electoral, por el ingreso de 2,500 vehículos sin impuestos para venderlos a particulares cuando fue el director de la Comisión de Promoción Arquidiocesana (Coprosa), entre 1981 y 2000. Quien lo había puesto en ese cargo fue Obando y Bravo. 

Para entonces, Ortega mantenía controlada a la Contraloría como resultado del pacto con Arnoldo Alemán. Roberto Rivas era un ahijado y protegido de Obando. Era hijo de su asistente personal, Chepita Rivas y el mismo cardenal lo había puesto al frente de Coprosa. 

“Obando se habría acercado a Ortega buscando salvar a su ahijado. La investigación y posible acusación contra Rivas no prosperó. Desapareció. Y ya no hubo “viborazo” contra Ortega en la campaña del 2006. Al contrario, a Obando se le vio subir a las tarimas enfloradas del candidato sandinista”, escribe Fabián Medina en El Preso 198.

Daniel Ortega comulgando de mano del cardenal Miguel Obando. ARCHIVO

Para el 19 de julio de 2004, en el aniversario 25 de la insurrección, Obando ya aparecía en actos públicos con los sandinistas. En esa ocasión presidió una misa dedicada a la revolución, bendijo a la muchedumbre rojinegra que asistió, mientras que Ortega le pidió perdón por “los errores del pasado”.

El sábado 3 de septiembre de 2005, en la capilla privada de la UNICA, Ortega y Murillo renovaron sus votos de matrimonio. Dijeron que era renovación porque supuestamente ya se habían casado en 1978 en Costa Rica, en una ceremonia privada celebrada por Gaspar García Laviana. 

Quien presidió el ritual en la UNICA fue el cardenal Obando y Bravo. El “viborazo” quedó atrás y en público se trataban de “paisanos” por ser del mismo pueblo. 

Así, con los votos de matrimonio, cercano al líder de la Iglesia Católica y prometiendo la paz, Daniel Ortega finalmente regresó al poder tras ganar las elecciones de 2006. Obando, por su parte, se convirtió en funcionario del gobierno como miembro de la Comisión de Reconciliación y Paz. 

Con Dios y con el diablo 

En el clero católico, e incluso entre los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), el cardenal Miguel Obando y Bravo fue muy respetado. Lo sigue siendo hasta estos días. “Muchos fueron discípulos de él o trabajaron con él en algún momento. Él era un líder muy respetado dentro de la Iglesia y si se acercó a Ortega lo hizo a título personal”, señala un sacerdote nicaragüense que accede a hablar bajo anonimato. 

El teólogo, por su parte, señala que Ortega supo leer la vanidad y orgullo del cardenal Obando y “le infló el ego y la fama de mediador” con su designación en la Comisión de Reconciliación y Paz. Para entonces, el papa Juan Pablo II ya había aceptado su renuncia como cardenal. 

El acercamiento de Obando con Ortega no necesariamente se tradujo en una cercanía de la Iglesia Católica, aclara el sacerdote. El teólogo coincide. “No es que los obispos hayan tomado distancia de él porque él seguía siendo cardenal emérito, pero sí estaban al margen de esa relación de Obando con el gobierno”, indica el experto.

Obando y Bravo murió a los 92 años siendo un aliado del régimen de Ortega. EL 19 DIGITAL

Desde que Ortega regresó al poder era común ver a Obando en actos oficiales, sobre la mesa floreada y adornada por Rosario Murillo. En 2016, fue nombrado “prócer de la paz” por la Asamblea Nacional controlada por Ortega. 

El 3 de junio de 2018, a sus 92 años, y en medio de las protestas y tranques que tenían paralizado al país y al mismo Ortega, el cardenal Obando murió de causas naturales. En ese momento, los obispos de la CEN eran mediadores y testigos del diálogo nacional entre el régimen y la oposición, pero Obando no era parte de dicha negociación. 

Sus honras fúnebres fueron discretas y no fue enterrado en la catedral metropolitana como se suele hacer cuando fallecen los grandes jerarcas de la iglesia, si no que fue sepultado, tal y como él lo pidió, en los predios de la UNICA, la universidad que ahora lleva su nombre. 

“Era un hombre de luces y sombras, como todo ser humano. Si analizas bien su vida te das cuenta de que fue un hombre que, en buen nica, caminó con Dios y con el diablo en los últimos años de su vida”, insiste el teólogo. 

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