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La dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo anunció el miércoles que realizarán una serie de homenajes al fallecido Cardenal Miguel Obando y Bravo en el marco de los 100 años de su natalicio, previstos a cumplirse en 2026. El religioso salesiano, un firme aliado de su proyecto político, murió a sus 92 años en junio de 2018. Por otro lado, mantiene una persecución firme contra los católicos en el país.
Murillo lo recordó en su alocución como el «cardenal de la reconciliación y la paz», mientras afirmó que recibieron un plan con los actos de reconocimiento a la figura de Obando en todo el país, la Asamblea Nacional y la Universidad Católica Redemptoris Mater (UNICA).
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Obando fue un polémico personaje. Se desempeñó como arzobispo de Managua entre 1970 y 2005, lo nombraron el primer Cardenal en Centroamérica y se destacó como una figura clave, en su calidad de mediador durante los años de la dictadura de Somoza y la primera administración de Ortega. Con este último se enfrentó en los años ochenta. Se acercaron en 2002 cuando, según publicaciones periodísticas, el sandinista usó su influencia en la Contraloría para impedir que el magistrado electoral Roberto Rivas fuera procesado por malversación.
Rivas murió en 2022. Se desempeñó como presidente del Consejo Supremo Electoral, fue denunciado por corrupción durante décadas y se convirtió en el contador de votos del régimen de Ortega. Era el hijo de la asistente de Obando, Josefa Reyes Valenzuela.
Este despliegue de honras a Obando ocurre, mientras la dictadura de Ortega ha arreciado la persecución contra la Iglesia católica, desterrando a al menos 261 religiosos, incluido el presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, Carlos Enrique Herrera. El régimen se ha ensañado porque los religiosos acogieron en los templos a las víctimas de la represión en 2018 y han denunciado la crisis institucional y democrática del país, sufriendo destierro y cárcel en algunas de las figuras más prominentes de la jerarquía católica actual.
«Es un absurdo y una ridiculez, mientras nos persiguen a nosotros, quieren rendir homenaje a Miguel Obando y Bravo, a quien también persiguieron», dijo a LA PRENSA el sacerdote Nils de Jesús Hernández, quien vive en Iowa y huyó de la dictadura sandinista de los ochenta. El religioso hacía referencia a los años en que la primera dictadura sandinista persiguió a los religiosos, liderados por Obando, quien luego se convirtió en una antítesis de su pasado.
«Esto solo se compara a los altares que hacen, fingen que son católicos, que celebran las tradicionales del pueblo nicaragüense, mientras están intimidando al pueblo», añadió Hernández en críticas directas a la dirigencia política actual.
Una figura controversial
Según sus críticos, Ortega y Murillo buscan aprovechar la figura de Obando y Bravo, pero eso no puede ocultar ni la persecución ni hacer que se olviden las palabras del fallecido papa Francisco. El sumo pontífice catalogó al régimen de Managua como «una dictadura hitleriana», mientras su sucesor León XIV se ha reunido con religiosos nicaragüenses perseguidos y está bien informado sobre la situación de persecución en el país.
«El cardenal Obando y Bravo (q.e.p.d.) en el ocaso de su vida fue cercano a los dictadores por alguna razón que solamente él conocía. Sin embargo, nadie puede obviar el papel trascendental que desempeñó en la década de los 80s y 90s», afirmó Martha Patricia Molina a LA PRENSA, quien ha documentado la represión contra la Iglesia Católica.
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Para Molina, con la imagen de Obando y Bravo, el régimen busca «proyectar una falsa paz con lo religioso, cuando lo que existe es un control absoluto basado en el temor y persecución a obispos y sacerdotes. El que se atreva a hablar va preso, exiliado o asesinado».
«La dictadura Ortega-Murillo se caracteriza por ser oportunista y destruir todo lo que se les acerca a como sucedió con la figura del cardenal Obando y Bravo», dijo.
Obando es recordado por la famosa parábola “La víbora” que narró en una homilía en 1996, cuando se celebraban elecciones en Nicaragua. Ese fue un discurso decisivo para impedir entonces que el caudillo sandinista volviera al poder. El religioso contó la historia de un caminante, que encontraba a su paso a una serpiente moribunda, y decidió cuidarla. Tiempo después, la acercó a su pecho y aquella lo mató.
El acercamiento de Ortega y Obando fue sellado con una misa de la reconciliación en 2004. Desde entonces se convirtieron en firmes aliados. Con la Iglesia católica, que denunció sus abusos, el dictador sandinista ha sido soez con los sacerdotes e incluso los llamó «hijos del demonio» en 2021.