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Nicaragua es de los países de la región que más fidelidad muestra hacia China. Sin embargo, la realidad indica que su alianza llegó cuando el gigante asiático había cambiado su estrategia de comprar fidelidad a cambio de dádivas. En diciembre ambos países celebraron el cuarto aniversario de esta relación, pero la generosidad de Pekín todavía no es visible en Managua. Eso contrasta con lo ocurrido en Costa Rica, que celebró ese aniversario inaugurando un estadio de cien millones de dólares; o El Salvador que lo hizo mientras construía una biblioteca de 50 millones de dólares que inauguró al año siguiente.
La dictadura Ortega Murillo rompió relaciones con Taiwán el 9 de diciembre de 2021 e inmediatamente estableció relaciones diplomáticas con Pekín, ya que las comerciales siempre estuvieron vigentes. El pasado 9 de diciembre esa relación cumplió cuatro años.
Mientras los países vecinos, en sus primeros cuatro años de relación recibieron millonarias donaciones de China, a Nicaragua le han tocado únicamente millonarias promesas. Pero incluso, no de donaciones como a ellos, sino de préstamos que aunque están ratificados, la mayoría todavía no se han desembolsado. Están en papel.
Las promesas de China a Nicaragua
De hecho, en octubre de 2023 cuando se firmaron los primeros convenios, la oferta de préstamos era bastante amplia. Incluía el Aeropuerto Internacional de Punta Huete, un ferrocarril, dos plantas de generación hidroeléctrica y retomar los proyectos de las hidroeléctricas Tumarín y Mijolka. También la carretera Costanera, construir un puerto de aguas profundas en Bluefields, y seguir sustituyendo los buses del transporte público por buses chinos, que ahora se sabe que se compran a ese país a precio de mercado.
El aeropuerto Punta Huete, que la dictadura dijo que sería el más moderno de Centroamérica, es el proyecto de gran envergadura que más parecía hacerse realidad, cuando la Asamblea Nacional aprobó el préstamo por más de 440 millones de dólares, pero al final este no prosperó y la dictadura se vio forzada a anunciar obras de remodelación en el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino, con ayuda de Pekín, rebajando la aspiración a una inversión mínima de casi 17 millones de dólares.
Aunque en ese momento no dieron cifras de a cuánto ascendía el costo total de los proyectos, los cálculos indicaban que superaban los 4 mil millones de dólares. Sin embargo, con el tiempo esa oferta se redujo considerablemente. Según los reportes oficiales se calcula que entre 2023 y 2025 se firmaron convenios de créditos por unos 1,500 millones de dólares. En el caso de los créditos no reembolsables, hasta ahora la generosidad china no se evidencia en los reportes oficiales de donantes de Nicaragua.
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Los buses chinos en Nicaragua
Después del anuncio de ese combo de proyectos comenzó la firma de convenios de préstamos, la mayoría con empresas privadas que cobran altas tasas de interés y comisiones. Después del anuncio inicial la oferta se redujo considerablemente. De la lista de grandes proyectos los que siguen vigentes son el Aeropuerto Punta Huete, que la empresa china CAMC Engineering Co., Ltd (Camce) construirá a un costo cercano a los 500 millones de dólares; y una etapa de la Carretera Costanera, que a un costo de 248 millones de dólares será financiada por la empresa estatal CSCEC International.
También la adquisición de buses chinos para sustituir la flota del transporte urbano e interurbano en todo el país. Aunque ahora se sabe que esos buses se compran a precio de mercado, por tanto el beneficio solamente es para la fábrica china que elevó su cartera de clientes.
Nicaragua ya compró más de dos mil buses chinos marca Yutong, pero se desconoce el precio oficial de ellos. Sólo se sabe que los empresarios del transporte público pagan más de 200,000 dólares por cada autobús.
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Plantas fotovoltaicas por hidroeléctricas
La promesa de construir hidroeléctricas y retomar los proyectos de Tumarín y Mojolka quedó atrás. En el caso de Mojolka, fue una de las primeras promesas que Nicaragua recibió de China. Eso ocurrió en 2022, es decir pocos meses después que la dictadura Ortega Murillo se alió con Pekín.
Pero con el tiempo, sustituyeron esos proyectos por pequeñas plantas generadoras de energía fotovoltaicas. La empresa china Communications Construction Company (CCCC), ha firmado varios convenios para construir al menos cinco plantas fotovoltaicas, pero aún no ha concluido ninguna.
Otra empresa china que ha firmado varios convenios es CAMC Engineering Co., Ltd. (Camce), uno de ellos para construir tres esferas de almacenamiento de Gas Licuado de Petróleo (GLP) en Miramar, León y otro para el proyecto del Sistema Nacional de Emergencias (Sinarem).
Además, una empresa firmó un convenio para construir el proyecto habitacional Nuevas Victorias de 920 casas de interés social. Aunque ya se habla de nuevas etapas del proyecto que se desarrolla en terrenos del Estado nicaragüense, todavía no terminan de construir la primera etapa de estas casas que el régimen Ortega Murillo vende a las familias que las necesitan.
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El primer aliado fue Costa Rica
La historia de la relación de Nicaragua con el gigante asiático es muy diferente a la que tuvo Costa Rica en sus inicios. El vecino del sur estableció relaciones con China en junio de 2007, es decir, fue el primero de la región en dar ese paso, que le permitió gozar de la anterior estrategia china que se caracterizaba por la generosidad.
En marzo de 2011, es decir cuando la alianza cumplió cuatro años, autoridades de ambos países inauguraron el Estadio Nacional, obra en que se invirtieron unos 100 millones de dólares donados por China, que a la fecha sigue invirtiendo en el mantenimiento y mejoras de esa emblemática obra.
También, la empresa China Harbour Engineering Company (CHEC) está involucrada en la construcción de la vía conocida como Ruta 32 y hay oferta de desarrollar otros proyectos aunque de menor cuantía. Entre las promesas chinas está construir el Colegio Técnico Profesional de La Carpio y el Centro de Acopio del Museo Nacional.
Panamá fue el segundo en plegarse a China
El segundo país de la región en aliarse con China fue Panamá que lo hizo en junio de 2017 y de inmediato se adhirió a la iniciativa china de la Ruta de la Seda. Pero antes de la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos, su relación con China era similar a la que ese país mantiene con Nicaragua.
Hasta antes del enero de 2025, cuando Trump llegó a la Casa Blanca, Panamá no había recibido grandes donaciones de China. En un esquema de financiamiento similar al que mantienen con Nicaragua, en 2021, es decir cuatro años después del establecimiento de relaciones con los chinos, Panamá inauguró el Panama Convention Center que costó 207 millones de dólares y lo construyó la empresa China Construction America, subsidiaria de la estatal China State Engineering Corporation.
Mientras que en 2024 inauguró el Puerto de Cruceros de Amador, el primero en su clase. Costó 165 millones de dólares y lo construyó un consorcio formado por la empresa China Harbour Engineering Company (CHEC) y la belga Jan de Nul.
Además, China planeaba construir un cuarto puente sobre el Canal de Panamá y otras obras, pero con la llega de Trump al poder las presiones de Washington obligaron al país canalero a distanciarse de Pekín. Aunque aún no ha roto relaciones con ese país, no renovó su adhesión a la iniciativa de la Ruta de la Seda, varios proyectos de infraestructura ya no serán construidos por empresas chinas, que también podrían perder sus contratos para operar los puertos de Balboa y Cristóbal. Aunque otras mantienen fuerte presencia en el sector minero, comercio y telecomunicaciones.
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El Salvador fue el tercero en aliarse
El tercer país de la región en establecer relaciones con China fue El Salvador, lo hizo en agosto de 2018 y cuatro años después comenzó a construir una Biblioteca Nacional de El Salvador (Binaes), considerada la más grande y moderna de la región. Sus 24,000 metros cuadrados distribuidos en siete pisos se construyeron con 54 millones de dólares donados por China y 10 millones de dólares que el país puso como contraparte.
Además, según el gobierno salvadoreño, otros proyectos financiados por China que están avanzando son el Muelle turístico en La Libertad, que costará 24 millones de dólares; una planta potabilizadora de agua en el lago Ilopango, que costará 40 millones de dólares, y un nuevo Estadio Nacional para 52,000 espectadores que será el más grande de Centroamérica y costará 100 millones de dólares. No obstante, la promesa que hizo China en 2022 de comprar toda la deuda externa de El Salvador no se concretó.
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Honduras con alianza reciente y Guatemala distante
El cuarto país de la región en plegarse a China fue Nicaragua que lo hizo en diciembre de 2021 y el quinto fue Honduras en marzo de 2023. Obviamente al ser el más reciente al acercarse a ese país todavía no recibe nada significativo, por ahora se habla de proyectos menores, como el mejoramiento de escuelas. Mientras hace donaciones menores, negocian la construcción de proyectos portuarios y de la represa El Tablón, proyecto clave para controlar las inundaciones y el abastecimiento de agua potable en el Valle de Sula.
Sin embargo, la relación con Honduras podría tomar el rumbo de la de Nicaragua que por los altos intereses, comisiones y condiciones de ejecución de los proyectos, es de gran ventaja para las empresas chinas, que además se toman su tiempo para concretar el financiamiento de las obras que pactan.
Esto según los especialistas es resultado de un cambio de estrategia de China que dejó de ser «dadivosa» con América Latina. Su estrategia de préstamos generosos pasó a ser más comercial, con contratos más estrictos, en los que se asegura el derecho de importar desde su país gran parte de la mano de obra. Los especialistas consideran que este cambio lo provocaron las presiones de Estados Unidos y el sobrendeudamiento de la región.
En la región, a China solamente le resta conquistar a Guatemala, que desde 1934 mantiene una alianza con Taiwán que el actual gobierno reafirmó recientemente. Sólo el tiempo dirá si Guatemala cambia de opinión; también, si ante la variación de la estrategia algunos países reconsideran sus alianzas con el gigante asiático y priorizan los intereses nacionales frente a los chinos.
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