A sus 83 años, el escritor Sergio Ramírez sigue manteniendo su diaria estricta rutina de escritura. La edad y el destierro no lo han parado. A finales de octubre ganó el prestigioso Premio de la VI Bienal de Novela Mario Vargas Llosa por su novela El caballo dorado. Y hace pocas semanas entregó a la editorial Alfaguara el borrador de lo que será su próxima novela en 2026.
Ramírez confesó a LA PRENSA que uno de sus personajes más queridos vuelve al ruedo. Se trata del inspector Dolores Morales, el protagonista de su exitoso ciclo de novelas negras. Cuando creyó que la saga terminaba en una trilogía con ‘Tongolele no sabía bailar’, el inspector policial regresará en 2026 con ‘La maldición de Ramfis’.
En esa última entrega, el inspector Morales se encuentra en el exilio, residiendo en Costa Rica. Desde ahí, le tocará investigar un caso de asesinato ocurrido en un velero de turismo. La embarcación había partido de San Juan del Sur y el crimen se cometió en aguas costarricenses.
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Ramírez reveló que el trasfondo del crimen está ligado a la historia del barco, que tiempo atrás perteneció a la familia Trujillo, del dictador de la República Dominicana, y a su hijo Ramfis Trujillo, quien lo había convertido en un cabaret flotante.

Literatura en el exilio
El 26 de octubre pasado Ramírez ganó el Premio de la VI Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, al cual también estaba nominada la nicaragüense Gioconda Belli, quien recientemente se alzó con el Premio Carlos Fuentes 2025.
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«A mí me alegra mucho de que la literatura nicaragüense en el exilio representa el verdadero espíritu de Nicaragua, que es un espíritu libre, creativo y que se nos reconozca como representantes de un país que siempre llevábamos muy dentro… Y eso me parece que de alguna manera fortalece la moral que el país debe debe tener para resistir en sus momentos más difíciles», dice el escritor sobre el reconocimiento.
Al ser consultado sobre su libro favorito del premio Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, Ramírez seleccionó ‘Conversación en la catedral’, describiéndolo como una novela con una arquitectura muy completa, una obra maestra que sirve como escuela para aprender a escribir.
Pero también destacó la primera novela del Nobel, La Ciudad de los perros, La casa verde y La guerra del fin del mundo. A todas las llamó fundamentales en la carrera de Vargas Llosa.

Alter ego
Sobre el personaje de sus libros, el inspector Dolores Morales, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez dijo que este es uno de sus favoritos, porque lo considera una «especie de alter ego y vamos juntos en la vida».
Ramírez siente que de alguna manera lo representa, «los avatares de su vida hacen que yo me identifique mucho con él: su decepción, su desesperanza, la manera cómo ve el mundo con humor negro. Pues todo eso me acerca al personaje».
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La saga del inspector Dolores Morales está compuesta por El cielo llora por mí (2016), Ya nadie llora por mí (2017) y Tongolele no sabía bailar (2021).
La rutina del escritor
Ramírez mantiene la misma rutina de escritura que adoptó por primera vez en 1973 mientras fue becario en Berlín. Se levanta, desayuna y se sienta a escribir hasta la hora de la comida. Ahora en Madrid, mantiene su hábito. Para él, la manera de atrapar la inspiración es esperándola frente a la pantalla de la computadora, asegurándose de que no lo encuentre desprevenido en la calle.
«El trabajo de de escribir una novela es complejo, no solo porque toma tiempo, una novela toma al menos un par de años para terminarla y el proceso a su vez es complejo porque hay que ir sumando páginas todos los días, pero no solo sumando páginas, sino corrigiendo, volviendo hacia atrás y tener el universo de la novela siempre frente a los ojos», explica.

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Considera que ser un escritor profesional que vive para su oficio y mantiene esta rutina, es su «sueño dorado».
Sergio Ramírez y su legado literario
La edad ha hecho que el escritor use bastón porque las rodillas «ya traquetean» y el temor a caerse, pero esto le recuerda a su abuelo materno, quien usaba uno con una cabeza de perro labrada en el pomo. «El símbolo de la edad siempre fue para mí el bastón».
Ramírez asegura que sus dos facultades esenciales para escribir se mantienen intactas: la memoria y la imaginación. Afirma que un escritor está perdido sin ellas, y mientras las conserve, puede seguir escribiendo hasta el final, ya que en la literatura «no hay tercera edad» y agrega: «uno puede seguir escribiendo hasta el final y es lo que yo pienso hacer».
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El autor enfatizó que su contribución fundamental a la «nicaragüidad» es su obra literaria y «lo que todavía me falta por escribir». Aunque otros sueños como la Fundación Luisa Mercado —que fue confiscada— han desaparecido, el Festival Centroamérica Cuenta sigue celebrándose de manera itinerante para rescatar la literatura de la región.

En cuanto a sus proyectos futuros, Ramírez se está tomando un descanso para revisar el borrador de un libro en el que lleva tiempo trabajando: sus memorias de infancia. Este libro, que se publicará después de la cuarta novela del inspector Dolores Morales, se llamará «Retrato de familia con volcán,» en referencia al volcán Santiago que siempre tuvo detrás del techo de su casa de Masatepe.