La presidenta del Consejo Supremo Electoral depositó una ofrenda a una estatua de bronce de Kim Il-sung el martes 7 de octubre. Foto: Medios oficialistas

El “Gran Líder” que inspiró terror en Corea del Norte y que la presidenta del CSE rindió pleitesía el martes en nombre de Ortega y Murillo

Kim Il-sung fundó el régimen comunista de Corea del Norte en 1948 y consolidó un sistema de control absoluto basado en purgas, culto a la personalidad y represión política que aún sobrevive bajo su nieto, Kim Jong-un.

En Corea del Norte, emitir una crítica al «Gran Líder», a como se le conoce a Kim II-sung, se paga muy caro. Podría significar la cárcel y en el peor de los casos la muerte.

Kim II Sung, es el fundador de la dinastía totalitaria que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial rige Corea del Norte y que actualmente es gobernada por su nieto, Kim Jong-un, quien rige a sus ciudadanos con igual puño de hierro. Kim Il Sung estableció el que probablemente es el régimen más hermético del mundo, que utiliza campos de prisioneros, tortura, trabajos forzados, ejecuciones y castigo arbitrario para mantener una obediencia total entre la población, según Human Rights Watch.

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Nacido en 1912, el primer Kim fue el fundador de Corea del Norte en 1948 con el apoyo de la Unión Soviética; los pilares de ese país se cimentaron bajo el hermetismo y el sistema de partido único, centrado en su figura y en donde su imagen es vista como casi un dios.

Un extenso reportaje del medio británico BBC Mundo señala que desde 1955, la ideología rectora de Corea del Norte ha sido Juche. La palabra a menudo se traduce como «autosuficiencia».

BBC indica que es la «gran contribución» de Kim Il-sung al pensamiento marxistaleninista.

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Culto a la personalidad y purgas

La construcción de la imagen temible de Kim II-sung costó represión política y purgas. Cuando fundó Corea del Norte, consolidó su poder mediante una de las represiones políticas más severas del siglo XX. Tras llegar al mando en 1948, ordenó purgas masivas contra antiguos aliados, intelectuales, religiosos y miembros del propio Partido de los Trabajadores que consideraba una amenaza.

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Miles fueron ejecutados o enviados a campos de trabajo forzado, junto a sus familias, bajo el principio del castigo por “culpa heredada”. Investigaciones del Korea Institute for National Unification estiman que más de 100,000 personas murieron en estos campos durante su mandato.

A la figura del «Gran Líder» norcoreano se le «adora» y se le «venera», quien lo no hace puede enfrentar la pena de muerte o recibir castigos crueles.

Un reportaje de Magazine titulado: Vida y muerte de Kim Il-sung, el «presidente eterno» de Corea del Norte, relata que el culto a la personalidad de este líder autoritario, es tal, que en plazas, los edificios e incluso las flores (kiminsunglias) se llaman como él y su retrato preside el paisaje en el metro, las calles y las casas.

En 2010, se estimaba que en el país había unas 35 mil estatuas de Kim Il-sung (800 de ellas gigantes), millares de retratos y “no menos de 10 millones de fotografías (una por cada casa y edificio)”. Además de sellos postales con su cara, que no se pueden usar porque no está permitida la ofensa de pasar la lengua por el reverso, y billetes con su efigie que por ningún motivo deben ser doblados en las carteras.

Para los norcoreanos, su líder está entre ellos y es «eterno». Una emulación de los discursos de Rosario Murillo en Nicaragua con cuando se refiere al fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, a quien suele llamar «Comandante eterno».

Ovacionado por dictaduras

A nivel internacional, países en dictaduras como en Nicaragua, o regímenes como el ruso, alaban a Kim Il-sung, tal como lo demostró recientemente la presidenta del Consejo Supremo Electoral de Nicaragua, Brenda Rocha, quien durante un viaje a Corea del Norte depositó una corona de flores en representación de los dictadores de Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo ante la estatua del dictador, en una plaza que lleva su mismo nombre.

La presidenta del Consejo Supremo Electoral de Nicaragüa, Brenda Rocha, carga una corona para depositarla a una estatua del «Gran Líder» de Corea del Norte. Foto: Medios oficialistas

Kim Il-sung murió de un infarto el 8 de julio de 1994, pero su nefasto legado continúa, ahora por medio de su nieto, que le ha abierto las puertas a la dictadura de Nicaragua.

El cuerpo del camarada Kim Il-sung yace en “un sarcófago de cristal, impecablemente vestido con traje y corbata, con la cabeza descansando en una almohada tradicional coreana y el cuerpo envuelto en la bandera roja del Partido de los Trabajadores”.

El mausoleo de Kim Il-sung dice mucho de quién fue él. Mide cien mil metros cuadrados “y tiene jardines adornados con 150 mil árboles de especies traídas de medio mundo, lagos con cisnes y servicio de seguridad privada formado por un millar de guardias”, cuenta Magazine.

La revista de LA PRENSA relata que para llegar al país «hay que postrarse ante la inmensa estatua de 35 metros de altura que se alza sobre Pyongyang» recordando a su máximo líder.

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