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Su última pelea fue el 18 de julio y se transmitió en los canales oficialistas de Nicaragua porque Harvin Abraham Aguirre Ruiz dedicó su triunfo anticipado a la revolución sandinista y a los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo. Junto a la bandera de Panamá y Nicaragua exhibió el emblema rojinegro de los sandinistas. Pero la victoria no llegó.
Esa noche fue noqueado en el último round por el retador mexicano Alexis “El Halcón” Ríos. Hasta entonces, Aguirre iba invicto con 15 victorias, de las cuales 10 eran por nocaut. Buscaba extender la racha a 16, pero perdió de forma brutal e inesperada. Le arrebataron los títulos Fedecentro de la Asociación Mundial de Boxeo y Fecarbox del Consejo Mundial de Boxeo.
El rival, un mexicano duro y fajador, iba abajo en las tarjetas y lucía acabado. Pero en el último minuto del último asalto, asestó un solo golpe. Uno bien puesto. Y todo se apagó para Aguirre.
Los cronistas nicaragüenses que lo han visto pelear no lo endiosan. Dicen que tiene garra, que no le teme al castigo, que sube con decisión y no se esconde detrás del jab. Pero también advierten: necesita más defensa, más estrategia, menos coraje bruto.
Aun así, lo miran con esperanza. Si no se desvía, si no se deja atrapar por la fama, los vicios o la política, si sigue entrenando con la misma rabia que lo hizo huir de Nicaragua, puede dar la sorpresa.
“Hoy daré todo por mi patria Nicaragua y quiero dedicar esta pelea al triunfo de la Revolución Popular Sandinista, a todos esos hombres y mujeres, jóvenes y niños que dieron su vida para lograr la victoria, nuestros héroes y mártires”.
“Quiero dedicar esta pelea a nuestros copresidentes de Nicaragua que han respaldado e impulsado el deporte en cada disciplina, a nuestro comandante Daniel y la compañera Rosario Murillo”, dijo la noche en que cayó.
“Manimal”, aun con la vergüenza por la derrota, promete desde las redes sociales recuperarse y seguir adelante: “La derrota es una oportunidad para aprender y crecer”.
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De barrio bravo
Harvin Abraham Aguirre Ruiz nació en el barrio René Cisneros, un antiguo asentamiento en el Distrito I de Managua, rodeado de otras barriadas calientes de la capital.
Allí, si uno cruzaba mal una mirada, terminaba en problemas. A él le dijeron una vez que si pasaba por la misma calle del vecino barrio El Recreo lo iban a “desturcar a verga”. Obligado a transitar por allí, por no tener otra calle por donde regresar de los mandados, decidió enfrentar el duelo: volvió a cruzar todas las veces que pudo hasta que la violencia lo alcanzó.
Narró a su entrenador que dos tipos lo bloquearon y se le fueron encima a puñetazos. Aguirre asumió el reto con rabia y sangre fría y derribó a los dos. Luego fueron surgiendo nuevos retadores y se obligó a mejorar sus armas en el gimnasio Alexis Argüello. Ganaba en el ring y ganaba en la calle. Hasta que los puños ya no fueron suficientes… y los rivales pasaron a las armas.
Cuando LA PRENSA lo entrevistó el año pasado, Aguirre narró algunos episodios de ese pasado turbulento.
“Estaba pasando momentos difíciles, vivía solo y tenía problemas. Soy de un barrio caliente en Managua y tenía miedo de seguirme desviando”, confesó Aguirre, nacido el 10 de abril del año 2000.
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Huida y reencuentro
Aguirre salió de Nicaragua huyendo de la pobreza y la violencia. Se olvidó unos meses de sus sueños del boxeo y se marchó a Panamá, adonde su mamá había migrado años antes, buscando un nuevo rumbo para su vida.
Allá se dedicó los primeros dos meses a trabajar en la construcción. “Pensé que no volvería a boxear, pero un tío me aconsejaba que dejara de trabajar y buscara oportunidades en el ring, hasta que le hice caso”.
“Necesité de la ayuda de mi mamá y de mi padrastro para que me ayudaran con los pasajes y así poder dedicarme nuevamente al boxeo. Encontré en mi entrenador Julio César Archibold esa persona indicada que me guiara por este deporte”, confesó el muchacho a LA PRENSA.
Archibold, un veterano del boxeo panameño, lo recuerda llegando por las noches, silencioso y sudoroso, al gimnasio cuando el calor húmedo de la ciudad de Panamá ya ha bajado varios grados. Ponía su mochila y sus ropas polvorientas en un casillero, se cambiaba y empezaba a entrenar con energía.
“No parecía haber terminado una jornada de trabajo en la construcción, derrochaba mucha energía en la práctica”, dijo el entrenador a un programa de redes sociales. Le llamó la atención la furia con que golpeaba el saco. “Ese hombre es un animal de bravo”, le dijo un colega del gimnasio. Así nació su alias.
Le llamó Manimal, como la serie de televisión de los años 80 en la que un hombre se convertía en animal. Un nombre que suena a fiera, a cosa salvaje, y eso es lo que espera de él en un deporte donde el respeto se gana a puños.
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Un estilo con referentes
Hoy “Manimal” tiene 25 años y es la nueva promesa del boxeo nicaragüense en las 147 libras con 15 victorias, una derrota y diez nocauts, la mayoría de ellos en su escuela de Panamá.
Empezó su carrera profesional en febrero de 2021 y rápido acumuló tres victorias consecutivas. Destacaron de él su jab de izquierda sólido y sus combinaciones de tres a cuatro golpes en corto.
“El chico comprende el valor del ataque interior y es experto en golpes al cuerpo, sabe ablandar las costillas”, dijo su entrenador.
Según un cronista deportivo nicaragüense que lo ha seguido de cerca, Aguirre tiene las herramientas físicas y la motivación para hacer historia en ese deporte tan brutal. Es corpulento y alto: mide 1.83 metros y es de complexión musculosa y manos grandes.
Ante las cámaras y en redes sociales no sonríe mucho, pero suele postear imágenes suyas entrenando a toda hora del día con mensajes como: “Tú decides si solo quieres morir o ser legendario”.
Públicamente admite que su inspiración en el boxeo es la polémica figura de Ricardo “El Matador” Mayorga. “El Loco”, como también le decían, fue famoso por retar a sus rivales y ponerle la cara para que le dieran sus mejores golpes.
“Manimal” dice que no piensa imitar esa mala praxis, ni ofender ni humillar con palabras a sus rivales como solía hacerlo Mayorga, pero sí demostrar la valentía, el coraje y la temeridad del “Matador” arriba del ring.


Manimal y Mayorga
Aunque para muchos Mayorga representó la imagen de un antihéroe del boxeo, Aguirre vio en él algo distinto: al luchador que emergió desde el abandono, sin privilegios, pero que a fuerza de puños construyó una carrera en Costa Rica y se convirtió en un referente mundial.
Aguirre se siente reflejado en ese origen de la pobreza y el peligro de las calles. Para él, Mayorga simbolizó la posibilidad de sobrevivir y brillar desde la adversidad.
“Me gusta mucho Alexis Argüello, pero también me inspiro en Ricardo Mayorga, aunque no comparto todo lo que decía y hacía. Me gusta de dónde salió y su coraje para afrontar a los rivales”, indicó Aguirre.
Según el mismo cronista, esa temeridad es una de las cualidades que presenta “Manimal”: “Es un tipo sin miedo al riesgo y con una pegada respetable”.
Desde el retiro de Mayorga, Nicaragua no ha tenido otro peso welter con impacto internacional. Ese es el reto de Aguirre: escalar en ese universo difícil.
Pero todavía debe mejorar su técnica y defensa, aumentar su precisión al golpear y moverse en el cuadrilátero con inteligencia y astucia. La historia no lo espera, pero él sigue entrenando como si cada día fuera su oportunidad. La fiera no se ha rendido.
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