Juan caldera

El comerciante Juan Caldera, recibe un derechazo en su última pelea en Managua. LA PRENSA/TOMADO DEL 19 DIGITAL

Circo y “likes”: “influencers” y “viejas glorias” se toman los escenarios deportivos en Nicaragua

Un país en dictadura, huérfano de atletas de renombre y estrellas deportivas, promueve a presentadores de televisión, creadores de contenido y antiguos excampeones de boxeo

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Hasta antes de 2018, el señor Juan Antonio López Caldera era reconocido por sus negocios de venta de pollos en los mercados de Managua. Para entonces cargaba mala fama de comerciante “bandido” del Mercado Oriental y le precedía una pésima reputación de sandinista, “mujeriego” y “rabo verde”, que alternaba con un perfil de bonachón de causas sociales y pícaro bailarín de fiestas hípicas, sombrero y botas incluidas.

En 2020, luego de burlarse del coronavirus, estuvo al borde de la muerte y tardó varios meses en recuperarse.

En esos meses de convalecencia descubrió el TikTok y subió sus primeros videos de bromas, chistes, bailes, cantos y muecas con un rostro aun demacrado, una barba desaliñada con cana incipiente y los ojillos aun abotagados por los medicamentos.

Desde entonces a hoy, ha ganado más de 1.5 millones de seguidores sólo en TikTok y otros 200,000 en otras plataformas donde ha cantado, hablado de sexo, bailado, posado en ridículos trajes de baño y finalmente, y esta es la razón por la cual hablamos de él, por retar a los golpes a excampeones de boxeo.

Juan Caldera, de 54 años, pasó de ser vendedor de pollo a estrella de las redes sociales y últimamente, “boxeador” bajo el mote del “Sugar Daddy”.

Se calzó guantes con el excampeón mundial de boxeo Rosendo Álvarez en octubre del 2024 y más de 300,000 nicaragüenses se conectaron en línea para ver “la pelea”. Y lo vieron perder estrepitosamente.

Este mes volvió a subir a un entarimado para pelear contra un empresario de generales desconocidas en los deportes, ahora con menos audiencia en redes y más butacas vacías en el Polideportivo Alexis Argüello, donde volvió a perder.

Al igual que en su pelea con Álvarez ─quien había brillado 30 años atrás─, se mostró como lo que es: un señor arriba de los 50 años, sin técnica, sin estilo, sin gracia, sin aire, fuera de forma física…

En su defensa, dice que se preparó mejor esta vez, que disfrutó el espectáculo y que se ganó 10,000 dólares por “la pelea”.

Lea además: La comisión de boxeo desmiente apoyo a cartelera de creadores de contenido nicaragüenses

¿Cuál deporte?

Construir este relato fue particularmente difícil por una razón: ni los “influencers”, que son los personajes del momento, ni los cronistas deportivos en Nicaragua, quisieron hablar del tema.

Los primeros por temor a represalias políticas si hablan con LA PRENSA y dos de los tres cronistas “porque no es un tema deportivo” y “no hay nada que analizar ahí”.

Únicamente uno de ellos opinó, bajo las consabidas solicitudes de anonimato. Para él, usar las instalaciones deportivas de una leyenda tan querida como Alexis Argüello para espectáculos de este tipo en que “cualquier payaso” se calza los guantes, es una ofensa a la memoria del querido campeón nicaragüense.

“El Gobierno se vanagloria de haber construido un coliseo en memoria de Alexis, pero no respeta su legado… Es difícil creer que Alexis apoyaría un circo como este, estaría decepcionado de ver cómo enlodan su nombre”, dijo el cronista.

“Si en realidad quisieran promover el deporte, en su concepto más sencillo, que organicen peleas de las academias, que apoyen a los jóvenes que acuden a los gimnasios, pero no, hacen lo más fácil: agarrar a dos coch… y ponerles guantes”, se queja molesto.

Quizás, dijo, lo rescatable de este tipo de eventos es que traen a boxeadores “jubilados” a pelear contra “viejas glorias” como Rosendo Álvarez, cuya etapa de esplendor fue de 1995 a 2006; o como Ricardo Mayorga, quien entre 2002 y 2014 peleó contra grandes boxeadores de la élite del espectáculo, y aunque perdió la mayoría de sus últimas peleas profesionales, sus eventos atrajeron a miles de familias nicaragüenses.

Desde su última derrota ante Shane Mosley en agosto de 2014, por nocaut, Mayorga descendió a los eventos más discretos y lejos de los reflectores que iluminaron lo mejor de su carrera y ahora es parte del repertorio de los nuevos eventos, junto a presentadores gays de los medios oficialistas, creadores de contenido de redes sociales y otros tipos… ninguno atleta.

Mayorga peleó el año pasado contra el exboxeador profesional nicaragüense José “Quiebrajícara” Alfaro, de 41 años y de efímero paso por el boxeo; y la semana pasada boxeó contra el excampeón mexicano Luis Ramón “Yori Boy” Campas, de 53 años, quien tenía décadas sin pelear.

Le puede interesar: El exbicampeón Rosendo Álvarez regresa al ring en una pelea de exhibición

Juan Caldera en su última "pelea" como estrella de los "influencers" de Nicaragua. LA PRENSA/TOMADO DE 19 DIGITAL
Juan Caldera en su última «pelea» como estrella de los «influencers» de Nicaragua. LA PRENSA/TOMADO DE 19 DIGITAL

Aquellos años maravillosos

En una Nicaragua huérfana de héroes deportivos, de figuras capaces de congregar a la familia frente al televisor o encender el debate deportivo en redes sociales, lo que hoy domina es el espectáculo y el ridículo, dice un veterano atleta y fans deportivo de Nicaragua.

A su criterio, la emoción de seguir a un atleta nacional en lo más alto del deporte mundial no existe. Y no parece haber, en el horizonte inmediato, una figura que pueda reavivar esa pasión, dice.

“No hay un pelotero en Grandes Ligas que nos siente a ver un juego. El país sufre ahorita mismo una sequía de talentos”, lamenta. “Jonathan Loáisiga está en los Yankees, pero es relevista. Nunca se sabe cuándo va a lanzar. Y eso no alcanza para emocionar a un país”, se queja.

La añoranza no es gratuita. Durante 23 años, Denis Martínez, el legendario “El Presidente”, fue la figura de Nicaragua en las Grandes Ligas.

Cada apertura suya congregaba a los medios y aficionados, que se reunían frente a una vieja radio o televisor, con la esperanza de ver al nica brillar contra lo mejor del beisbol mundial. Su retiro, en septiembre de 1998, marcó el fin de una era.

Luego llegó Vicente Padilla. Un bravo del montículo que jugó durante 13 temporadas en las Mayores, hasta su retiro en 2013. Con su estilo retador, brindó duelos memorables y generó noticias y debates en los periódicos, radios y programas de televisión local.

Y si de leyenda hablamos, no hay otra, de momento, como Román “Chocolatito” González. Su carrera comenzó 2005, pero en 2008 encendió al país al coronarse campeón mundial en Japón, con una victoria contundente sobre Yutaka Niida.

A partir de entonces, lo suyo fue una escalada trepidante: cuatro divisiones conquistadas, peleas memorables y el honor de ser, durante un tiempo, el mejor boxeador libra por libra del mundo.

Pero incluso los grandes sucumben al paso del tiempo. Desde aquella dolorosa derrota ante Sri Saket Sor Rungvisai en 2017, el declive ha sido evidente. De sus últimas 10 peleas, ha perdido cuatro. Su triunfo en julio de 2024 ante Robert Barrera, un boxeador discreto, dejó en claro que su final en las grandes carteleras está cerca.

¿Y después de él? “Nadie. El panorama es de sequía”, dice este exatleta.

Ricardo Mayorga intercambia golpes con el excampeón mexicano Bori Yoy Campas. LA PRENSA/TOMADO DEL 19 DIGITAL
Ricardo Mayorga, izquierda, intercambia golpes con el excampeón mexicano Bori Yoy Campas. LA PRENSA/TOMADO DEL 19 DIGITAL

Circo, la estrategia

En ese vacío, el régimen Ortega-Murillo ha encontrado terreno fértil para su estrategia de distracción dice un periodista y exprofesor de Comunicación Social de la extinta prestigiosa Universidad Centroamericana (UCA).

Sin nuevos ídolos deportivos que canalicen las aspiraciones del pueblo, señala, se reciclan glorias pasadas y se colocan en escenarios forzados junto a “influencers” ridículos y voceros del oficialismo.

“El afán por el entretenimiento que vemos ahora es apenas el más reciente capítulo de una estrategia dirigida a mostrar que se vive en un país normal, donde la gente vive bien y está a gusto con el modelo implantado por la dictadura”, dice el exdocente de periodismo, quien enumera una serie de esfuerzos estatales por “vender la idea de un país feliz”.

“Daniel Ortega mandó a revivir el torneo de beisbol Germán Pomares, para confirmar que lo de hoy es una continuidad de lo que hubo en los revolucionarios años 80. Es decir, el beisbol como entretenimiento masivo”, dice.

“Para ello han construido y remodelado parques de pelota. Los más nuevos son los parques de Masaya y León, ciudades que se alzaron explosivamente contra Ortega en 2018”, precisa.

Otra arista que destaca fue, hace más de diez años, la rivalidad Barcelona-Madrid y los principales torneos europeos y mundiales. “Ortega mandó a que se erigieran ‘estadios virtuales’, con pantallas gigantescas y cerros de propaganda gubernamental, para atraer a las generaciones nacidas en los años 1990 y 2000”, dice.

Para él, la compra nada transparente de televisoras ha sido el escenario ideal para potenciar el entretenimiento vía la imitación de programas mexicanos de chismes y polémicas sobre temas de la vida cotidiana.

Decadencia y ridículo

“Aparte, a esta gente las han convertido en influencers de las redes sociales, junto con figuras atípicas como un señor fanático de Ortega, que de vender pollos pasó a ser vendido como símbolo sexual (mujeriego, cantante, boxeador). A este guion han sumado a jóvenes de ambos sexos y de diferentes opciones/preferencias sexuales para profundizar la política de la banalidad y la distracción”, analiza el exprofesor de la UCA.

“Saben bien (los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo), que en ese contexto no hay diálogo, ni debate ni participación ciudadana. A todo el mundo lo han mandado —como en aquel viejo juego infantil— a cantar: “O, A, sin moverme, sin reírme, una mano, un pie…”, comenta.

“En resumen, es un circo con artistas más pobres que los que tenía Firuliche en su circo itinerante de los años 60 y 70. Circo, poco pan, pocas oportunidad, horizonte incierto y amenazas ciertas de dos señores que buscan podrirse en el poder”, finaliza.

Le puede interesar: Juan Caldera asegura que el comisionado Ramón Avellán está enfermo y le dedica un mensaje

Creadores de contenido o "influencers" intercambian "golpes" en uno de los espectáculos promovidos por la dictadura Ortega Murillo. LA PRENSA/TOMADO DE REDES
Creadores de contenido intercambian «golpes» en uno de los espectáculos promovidos por la dictadura Ortega Murillo. LA PRENSA/TOMADO DE REDES

El «lado positivo» del show

No todos ven con malos ojos estos eventos. Hay quienes le encuentran el lado positivo y una explicación más acorde a los nuevos tiempos.

“Yo estos espectáculos no los estoy viendo como el boxeo que veía mi papá, que era fans de Oscar de la Hoya, Tito Trinidad y esa gama alta del deporte. Lo que yo veo es entretenimiento”, dice un creador de contenido digital desde el exilio en Costa Rica.

“La idea de esos shows nace precisamente de la ausencia de grandes ídolos, porque la gente se ha ido alejando de los eventos tradicionales, entonces los empresarios del streaming inventan estos espectáculos y pronto se dan cuenta que atraen a millones y generan grandes ganancias”, dice “Donald”.

Él recuerda que todo empezó en 2018 cuando Logan Paul y KSI, dos famosos youtubers, se enfrentaron en una pelea de boxeo en Inglaterra. Fue un show gigante, con millones de vistas y mucha gente viéndolo por internet. Desde ahí, las peleas entre influencers se volvieron una moda que creció rápido.

Después vinieron más eventos que atrajeron a los boxeadores o luchadores en retiro, quienes vieron una oportunidad de ganar plata y recuperar algún destello de la vieja gloria deportiva: Logan peleó otra vez con KSI, Jake Paul (su hermano) también se metió al ring y hasta leyendas como Mayweather y Mike Tyson han participado.

“Para muchos jóvenes estos combates no son boxeo clásico, sino un tipo de entretenimiento nuevo: una mezcla de redes sociales, rivalidades, espectáculo y peleas”, dice “Donald”.

“Millones de jóvenes quieren ver a sus personajes favoritos entrenar, pelear y hasta recaudar dinero para causas benéficas. Plataformas como YouTube, TikTok y Netflix los transmiten y se hacen virales con memes y reacciones que entretienen hasta a los menos fans de los influencers”, explica.

Además, estas peleas mueven muchísimo dinero, dice. Jake Paul, por ejemplo, ya ha ganado decenas de millones. Las peleas venden entradas, mercancía, patrocinios y derechos de transmisión.

Aunque hay críticas de boxeadores profesionales que dicen que no es justo ni seguro, el joven cree que estos shows seguirán porque mezclan fama, redes y acción, y eso es justo lo que busca su generación.

Para él y su generación, estos combates no se tratan sólo de golpes o técnicas. Se trata de conexión emocional, dice. “Vos seguís a un streamer, le ves todos los días en Instagram o Youtube, te reís con sus tonteras… y de repente lo ves en el ring. Es como si tu brother se metiera a pelear. ¿Cómo no vas a ver eso?”, ejemplifica.

Según él, estos eventos “democratizan el espectáculo”.

Una sola pelea entre el influencer “la Joela” contra “la Princesa”, un comentarista de farándula en un canal de la dictadura sandinista, generó más de 1.3 millones de interacciones en redes en una noche.

“Antes, sólo los grandes atletas podían ser protagonistas. Ahora cualquier creador puede, si entrena y se lo toma en serio”, explica.

También destaca que estos “combates” son un espacio donde los creadores pueden mostrar otra cara. “Hay gente que sólo piensa que son vagos, que viven del celular. Pero cuando ves a alguien entrenar seis meses, sacrificarse, bajar de peso, aprender boxeo, te das cuenta de que hay disciplina también. Un caso es la Liendra, ese maje ya parece que pelea como pro”, dice.

De modo que él, lejos de verlo como una degradación del deporte, cree que este fenómeno puede ayudar a acercar a más jóvenes al boxeo tradicional.

“Yo te aseguro que el sábado pasado miles de chavalos corrieron a buscar quién era Yori Boy Campas o Castillo (José Luis, excampeón mexicano). Ahí ya tienes un beneficio: obliga a la gente a escarbar en el boxeo para conocer quiénes son esos peleadores”, manifiesta.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí