Para muchos la figura de Ricardo Mayorga solo significó vulgaridad, irrespeto, un antihéroe del pugilismo, pero para otros alcanzó una connotación diferente: ese peleador salido del barrio, que no tenía oportunidades, un tipo marginado por la sociedad, despreciado por todos hasta hacer carrera y nombre en Costa Rica, un ejemplo que, en medio de la pobreza, malas influencias de la calle podían sacar la cabeza y convertirse en figura de un país y del pugilismo global. Ese fue el significado que Harvin Aguirre tomó de “el Matador”, con el cual se identificó. Aguirre salió de Nicaragua huyendo de las tinieblas que podían envolverlo en malos caminos, se olvidó del boxeo y se marchó a Panamá buscando un nuevo rumbo para su vida, pero la pasión pudo más que sus nuevos planes.
“Estaba pasando momentos difíciles, vivía solo y tenía problemas. Soy de un barrio caliente (peligroso) en Managua (René Cisneros) y tenía miedo de seguirme desviando”, confiesa Aguirre de 23 años y que ahora es la nueva promesa del boxeo pinolero en las 147 libras con ocho triunfos en fila y seis nocauts, siendo los últimos cinco en Panamá.
Conocido como “Manimal”, el pugilista se dedicó los primeros dos meses a trabajar en la construcción. “Pensé que no volvería a boxear, pero un tío me aconsejaba que dejara de trabajar y buscara oportunidades en el ring hasta que le hice caso. Necesité de la ayuda de mi mamá y de mi padrastro para que me ayudaran con los pasajes y así poder dedicarme nuevamente el boxeo. Encontré en mi entrenador Julio César Archibold esa persona indicada que me guiara por este deporte”, confiesa el muchacho.
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“Me gusta mucho Alexis Argüello, pero también me inspiro en Ricardo Mayorga, aunque no comparto todo lo que decía y hacía, me gusta de dónde salió y su coraje para afrontar a los rivales”, indicó Aguirre. Y esa es una de las cualidades que presenta “Manimal”, es un tipo sin miedo al riesgo y con una pegada respetable. Desde el retiro de Ricardo Mayorga, Nicaragua no ha tenido otro peso welter (147 libras) que tenga impacto a nivel internacional y ese es el reto de Aguirre. “Quiero ser campeón del mundo y sé que puedo lograrlo. Este año quiero cerrar con 10 peleas en total (le faltan dos) y hay planes de buscar combates internacionales, no solo en Panamá o Nicaragua”, explicó.
Aunque confiesa que ha madurado mucho en Panamá, todavía debe mejorar su técnica y su defensa, pero afina y mantiene intacta su cualidad de ir a la guerra, intercambiar golpes y caminar sobre las brasas para conseguir el nocaut. Aguirre ha logrado despertar una categoría que estaba dormida para los nicaragüenses y, si continúa con ese ritmo de desarrollo, podría no solo hacer ruido en Nicaragua y Panamá, sino que también en las Grandes Ligas del boxeo: Estados Unidos.