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Aunque en la actualidad los nicaragüenses le conocen como el Cañón de Somoto, este refrescante y encantador sitio realmente se llama la “Estrechura de Namancambre”, nombre que se deriva de la lengua indígena ulúa y que significa “hueso”, y se ubica en una parte de la travesía del río Coco o Segovia, y que está en Somoto, Madriz, en el norte nicaragüense.
Sorprendentemente, a pesar de la belleza del lugar, ideal para el turismo de aventura y la observación de aves, hasta el año 2004 ni las autoridades ni los lugareños se habían percatado que tenían a su alcance un potencial turístico enorme que para los locales pasó desapercibido mientras se dedicaban únicamente a la agricultura.
Fue necesario que en ese año 2004 llegaran al país unos científicos checos y dijeran “esto es un cañón”, para que los lugareños se dieran cuenta de su importancia.
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Los checos fueron más allá y se enteraron de que en las proximidades del río Coco había más riqueza natural, histórica y paisajística, como centros ceremoniales ancestrales, petroglifos y muchas zonas verdes, por lo que consideraron que había que cuidar y preservar un área de unos 1,602 kilómetros cuadrados y que está dentro de cinco municipios del departamento de Madriz: Somoto, San Lucas, Las Sabanas, Totogalpa y San José de Cusmapa.

Fue así como nació la idea de presentar un proyecto, elaborado por la sueca Martina Pásková, para que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declarara a la zona como un geoparque.
Según la Unesco, los geoparques son áreas geográficas especiales donde se gestionan sitios de gran importancia geológica de manera integral, abordando la protección, educación y desarrollo sostenible.
Son lugares que combinan su patrimonio geológico con aspectos naturales y culturales, promoviendo la conciencia sobre desafíos como el uso sostenible de recursos, la mitigación del cambio climático y la reducción de riesgos naturales.
En el caso de la propuesta del río Coco, se trataba de un reto difícil. En la actualidad, la Unesco ha declarado a 213 sitios como geoparques en 48 países de todo el mundo.
En Latinoamérica, sólo hay 13 de esos geoparques y muchos países de la región, como Colombia, Costa Rica y Guatemala, por años han estado intentando sin éxito que se declaren geoparques dentro de sus límites.
En julio de 2020, la propuesta nicaragüense tuvo éxito y el Geoparque Río Coco se convirtió en el primero de Centroamérica y el único hasta la fecha.
El Cañón de Somoto
Los geositios tienen características geológicas únicas o de especial interés y pueden ser un monumento natural, una formación rocosa, o un paisaje, pero tienen valor científico, educativo o turístico.
En el Geoparque Río Coco hay 22 de esos geositios, aunque sólo en 14 de ellos se puede hacer turismo en la actualidad.
El más conocido, evidentemente, es el Cañón de Somoto, a 217 kilómetros de Managua. En algunas partes del río Coco, el cañón mide hasta 350 metros de ancho y 190 metros de profundidad.
Este cañón es ideal para el turismo de aventura, como rappel, senderismo, observación de aves, recorridos en bote y neumáticos, paseo en burro o en caballo, camping.

Además, en el lugar se convive con la naturaleza y con las comunidades cercanas, así como también se puede realizar natación recreativa en las aguas frescas del cañón.
Sin embargo, el turismo que se pretende impulsar con el geoparque va más allá del turismo convencional, el de simplemente “tomarse una foto”, explica en un video la coordinadora del Geoparque Río Coco, Mónica Bueno.
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Se trata, en todo caso, de que el visitante también comprenda la importancia geológica de la zona, así como la histórica y cultural, pues en el lugar habitan tres comunidades indígenas.
Otros grandes atractivos
Los otros geositios que sí se pueden visitar son Aguascalientes, Cerro Guiligüisca, Cerro Malacate, Cueva del Toro, El Krike, Laguna La Bruja, Mangas Verdes, Mirador Cañón Seco, Montaña Tepesomoto, Piedra Orocuina, Piedras Pintadas, Salto Negro, Tres Señoritas.
La Cueva del Toro, por ejemplo, es un sendero dentro de un aglomerado volcánico, que tiene 1.50 metros de ancho y aproximadamente tres metros de altura, con una profundidad mayor a los 10 metros. Dentro de la cueva hay pinturas rupestres que incluyen figuras humanas.
Cerca de ahí está el sitio Piedras Pintadas, donde se pueden ver los petroglifos más importantes del norte del país.

Algunos especialistas consideran que en la época precolombina Piedras Pintadas formaba parte de una antigua ruta comercial y el sitio funcionaba como un lugar de descanso para los comerciantes. Otros creen que era una zona de sacrificios, ya que en el lugar hay petroglifos en forma de calaveras y de expresiones rituales.
En la laguna La Bruja se puede hacer senderismo, avistamiento de aves, paseo en lancha y canopy. Además, en el lugar se pueden tomar imágenes espectaculares de la laguna.
Como se desconoce la profundidad, no está permitido bañarse en la laguna, pero sí se permite la pesca artesanal.
Desde el mirador Cañón Seco, con un ancho máximo de 100 metros y de entre 60 y 70 metros de profundidad, se puede apreciar el bello paisaje que presenta el relieve de la zona, especialmente la zona fronteriza entre Honduras y Nicaragua. En el lugar, hay cabañas construidas con pino para que los visitantes puedan pasar la noche.

En la montaña Tepesomoto se puede disfrutar de una variada flora y fauna, así como de bellos paisajes y otros atractivos naturales, entre los que se destacan lagunas, ríos y cascadas.
Salto Negro es una cascada ubicada en el límite fronterizo, entre Honduras y Nicaragua, en la comunidad El Gualiquemen, en el municipio de San Lucas, donde la conexión con la naturaleza es sumamente agradable.
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“Las Tres Señoritas” está sobre tres enormes piedras en forma de farallones y que fueron utilizadas por los indígenas como un centro ceremonial.
Mitos y leyendas
Para que se haya aprobado en la Unesco el Geoparque Río Coco se tuvo que recopilar los mitos y leyendas de la zona.
En la Cueva del Toro se menciona una leyenda sobre duendes que viven en la zona y pueden perder a los turistas, además de pequeños hornos que supuestamente son de estas criaturas.
En Las Tres Señoritas hay una cueva en la que algunos lugareños cuentan leyendas de que en ese lugar habita un duende, al que se le atribuye la presencia de fantasmas que ahuyentan a los que pasan por ahí y en la que también, según se cuenta, se escondía un peligroso bandido perseguido por las autoridades hace 80 años.

La leyenda también cuenta que sus tres farallones son el recuerdo de tres vírgenes sacrificadas para asegurar la lluvia y las cosechas, y otro mito asegura que eran tres hermanas que huyeron de un pacto forzado con un brujo. Pidieron ayuda a los dioses y fueron convertidas en piedra para escapar del mal.
Por su parte, en la laguna La Bruja de lo que se habla es que en tiempos de antaño a ese cuerpo de agua llegaban los terratenientes a hacer pactos con el diablo a cambio de dinero. También, en los alrededores de la laguna aparece un macho negro que golpea a los deambulantes, mientras que la propia laguna es atravesada en ocasiones por una enorme serpiente negra.
En Piedras Pintadas, en el municipio de San Lucas, se dice que las imágenes rupestres de la zona habrían sido pintadas con una mezcla que incluía sangre y que las pictografías tienen poder espiritual, tanto que quien las toca sin permiso puede enfermar. Las comunidades indígenas realizan ceremonias para pedir permiso antes de acercarse.
Un proyecto cambia vidas
El proyecto del Geoparque Río Coco también incluyó cambiar las vidas de los lugareños, acostumbrados a vivir sólo de la agricultura.
En la actualidad, según cuenta en diferentes entrevistas la coordinadora del proyecto, Mónica Bueno, se ha trabajado con los artesanos para que sus productos puedan ser mejor comercializados.
Además, a algunos habitantes de la zona se les ha capacitado para que sirvan como guías turísticos y sean ellos mismos quienes les cuenten a los turistas cómo es el lugar donde viven.

Precisamente, uno de los objetivos de la Unesco con los geoparques en todo el mundo es que los mismos creen nuevas fuentes de ingresos para los habitantes de la zona.
En la actualidad, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo retiró al país de la Unesco, pero el Geoparque Río Coco continúa funcionando bajo la supervisión única de las autoridades del régimen.
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