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Los costarricenses celebrarán el próximo 25 de julio, 200 años desde que la provincia de Nicoya se separó de Nicaragua y se adhirió a Costa Rica. Guanacaste lo hizo hasta después.
Las estrechas relaciones comerciales que Nicoya mantuvo con ganaderos costarricenses y el hecho de que hubo un tiempo durante la colonia española en que Nicoya tuvo autonomía, aunque siempre dependiendo políticamente de León, sumado a que supuestamente fueron los pobladores de Nicoya quienes pidieron ser anexados a Costa Rica, son los principales argumentos de los académicos y los historiadores de ese país para explicar que dicha anexión se trató de un proceso legal y que Nicoya nunca perteneció realmente a Nicaragua.

En Nicaragua, son pocos los historiadores que aún viven, como Jorge Eduardo Arellano y Nicolás López Maltez, que refutan las versiones ticas. Pero, los que han fallecido, como Emilio Álvarez Lejarza, Heberto Incer o Chester Zelaya Goodman, dejaron escritos libros y ensayos que también demuestran que, para adueñarse de Nicoya y Guanacaste, los costarricenses sonsacaron a los habitantes de Nicoya, engañaron a las autoridades nicaragüenses y realizaron trampas y dilaciones, lo que se combinó con una clase política nicaragüense que no le prestó atención a esos territorios mientras se enfrascaban en luchas de poder, en los días inmediatos a la independencia de España.
El intento del filibustero William Walker de apoderarse de Nicaragua y las pretensiones de los británicos por adueñarse de una ruta canalera por Nicaragua igualmente contribuyeron a que, en abril de 1858, Máximo Jerez firmara un tratado con el general costarricense José María Cañas, que dejó establecida la frontera entre Nicaragua y Costa Rica, pues en ese momento los costarricenses ya se sentían dueños de Guanacaste y Nicoya, alegando que ya tenían 30 años de posesión, y buscaban más porque pretendían también apropiarse del río San Juan, del puerto de San Juan del Norte y hasta de las aguas del lago Cocibolca.
Nicoya
Los chorotegas, que hablaban la lengua mangue, vivían en Chiapas, hoy México, pero se fueron huyendo de los olmecas hacia la actual Centroamérica. Una parte se asentó en el istmo de Rivas, de donde también tuvieron que huir a la llegada de los nicaraos a esa zona de la actual Nicaragua. Se refugiaron en Nicoya y Guanacaste y ahí permanecieron hasta la llegada de los españoles, en 1523.
Aunque Cristóbal Colón llegó a Honduras y Nicaragua en 1492, la conquista española en Centroamérica empezó por México y Panamá, países desde los cuales enviaban expediciones a explorar el hoy territorio centroamericano. Los españoles llegaron desde México hacia Guatemala, El Salvador y Honduras, y hacia Nicaragua y Costa Rica desde Panamá.
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A pesar de que Costa Rica está más próximo a Panamá que Nicaragua, la conquista española primero llegó a Nicaragua y hasta después a Costa Rica, porque, por medio de las expediciones de Andrés Niño y Gil González Dávila, los españoles entraron a Centroamérica a través de Nicoya y se adentraron en Rivas, hasta llegar al lago Cocibolca, explica el historiador Heberto Incer Moraga, en su libro Una historia de Nicaragua.
Navegando por el Océano Pacífico, Nicoya había sido descubierta por dos enviados del entonces gobernador en Panamá, Pedro Arias de Ávila, mejor conocido como Pedrarias, quien después envió a Nicaragua a uno de sus hombres de más confianza, aunque después ordenó su muerte, a Francisco Hernández de Córdoba, quien fundó León y Granada, y también una ciudad a la que llamó Bruselas, que fue la última que estableció Hernández de Córdoba, en territorio de Nicoya.

Atraído porque González Dávila descubrió el Cocibolca, al que llamó Mar Dulce, y por las riquezas naturales del país, Pedrarias se trasladó de Panamá a Nicaragua, donde se estableció como su primer gobernador y delimitó sus dominios entre el río Lempa, puerto de Trujillo y Cabo de Honduras, en el norte, y Nicoya, en el sur.
Se puede decir que Nicoya comenzó a ser parte de Nicaragua desde 1529, porque fue en ese año cuando Pedrarias delimitó sus dominios como gobernador de Nicaragua, aunque había llegado al país en 1526. Al golfo los españoles primero le llamaron Chira, luego Nicaragua y por último Nicoya, por el cacique indígena que dominaba en esas tierras a su llegada.
Los españoles entraron a la actual Costa Rica hasta en 1561, cuando las ciudades dominantes eran Granada y León, y de esta última dependía Nicoya.
El historiador costarricense Carlos Meléndez Chaverri explicó que la dependencia de Nicoya de Nicaragua comenzó a ser menor en 1555, cuando se nombró un corregidor y se le otorgó autonomía.
Durante los siguientes 185 años, Nicoya fue autónomo, y unas veces tenía corregidor y otras alcalde mayor. Aunque, por un breve tiempo, entre 1593 y 1602, dependió de Costa Rica.
En 1786, Nicoya perdió la autonomía y pasó enteramente a depender de la intendencia de León, situación que se mantuvo hasta 1824.
A pesar de depender enteramente de Nicaragua, los pobladores de Nicoya tenían más cercanía con los comerciantes costarricenses, debido a la posición geográfica de la provincia.

Guanacaste
Durante la colonia española, Guanacaste también pertenecía a Nicaragua y ahí estaban establecidas fincas de grandes extensiones, especialmente ganaderas.
Los dueños de estas fincas o haciendas eran nicaragüenses asentados en Rivas, pero la mayoría eran ricachones originarios de Granada que se asentaban en el istmo rivense para estar más cerca de sus propiedades, explica el historiador nicaragüense Luis Javier Gaitán Lugo, en una tesis para optar a una maestría en estudios latinoamericanos.
Fue en 1768 que nació el pueblo de Guanacaste, conformado principalmente por los ganaderos granadinos y rivenses. Por esa razón, contrario a los de Nicoya, los habitantes de Guanacaste sentían más cercanía con Nicaragua que con Costa Rica.
La influencia nicaragüense en Guanacaste persistió durante todo el siglo XIX. Entre 1850 y 1900, de 126 familias no guanacastecas propietarias de haciendas en Guanacaste, 79 eran de Nicaragua, indica Gaitán Lugo.
1824
Al proclamarse la independencia de las repúblicas centroamericanas de España, Costa Rica tuvo el acierto de definir su gobierno de forma pacífica, contrario a lo que ocurrió en los otros cuatro países de la región.
En Nicaragua, por ejemplo, hubo una lucha encarnizada por el poder entre los fiebres (después llamados liberales) y los serviles (conservadores) que produjeron dos guerras civiles entre 1821 y 1828, la primera entre Crisanto Sacasa y Cleto Ordóñez y la segunda entre Manuel Antonio de la Cerda y Juan Argüello, resalta el libro Notas Geográficas de Nicaragua, del historiador Pablo Levy.
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Mientras Nicaragua se debatía en guerras fratricidas, Costa Rica empezaba su vida independiente en paz, pero, tenía un obstáculo: su territorio era muy pequeño y ya había tenido problemas por ello. Por ejemplo, en 1812 no tenía suficiente población para nombrar un diputado ante las cortes de Cádiz.
En ese momento se dispuso que el Partido de Nicoya, a como se le llamaba a esa provincia, aunque pertenecía a Nicaragua, votara con Costa Rica para que este último lograra el número de habitantes necesario. Eso se hizo con fines electorales, pero no como división política, aclara el historiador Luis Javier Gaitán Lugo.
Eso ha llevado, agrega Gaitán Lugo, a que se piense confusamente que Nicoya tenía cierta dependencia de Costa Rica.
En 1824, aprovechando que las autoridades nicaragüenses estaban en guerra, y que Nicoya tenía una fluida relación comercial con las provincias costarricenses, como Cartago y Heredia, los políticos costarricenses comenzaron a invitar a las autoridades de Nicoya y de otros pueblos, como Guanacaste y Santa Cruz, a que se anexaran a Costa Rica, dada la inestabilidad política y que no había paz en Nicaragua.
El 4 de julio de ese año 1824, Nicoya respondió de manera ambigua al ofrecimiento de Costa Rica, pero Guanacaste fue tajante y dijo que no, resaltando que tenían familias en Rivas.
A pesar de que en un inicio su respuesta fue frágil, finalmente Nicoya decidió anexarse a Costa Rica el 25 de julio de 1824, hace exactamente 200 años.
“Se les leyó literalmente la convocatoria que se le remitió a esta Municipalidad por el Gobierno (sic) de Costarrica en la que fraternalmente a (testado: nos) invicta a estos pueblos para que espontáneamente deliberen…con los avitantes (sic) hemos deliberado libremente a la Unión indicada consultando las ventajas que se nos proporcionan en el comercio por el Puerto de Punta Arena… la pronta administración de Justicia y fomento de ramos; la seguridad quietud y régimen político que quedan aviertos (sic) bajo la demarcación de aquel estado…y lo reclama la conveniencia pública la ydentidad (sic) de intereses y demás relaciones que ligan este partido. A concequenia (sic) de estar por esta acta que hemos selebrado (sic) solemnemente y en presencia de todo el Pueblo, Militares legítimamente agregados al Govierno (sic) de Costarrica se concluye esta operación”, dice la respuesta que Nicoya envió a Costa Rica ese 25 de julio y publicada por el historiador Antonio Esgueva.

En esa carta, los de Nicoya también pidieron protección militar a los costarricenses, temiendo represalias de parte de Nicaragua, pero, explica Luis Javier Gaitán Lugo, “las autoridades nicaragüenses estaban tan ocupadas en el desenlace de la guerra civil que poca atención prestaron a estos sucesos”.
En esa decisión, indica Gaitán Lugo, se juntaron la necesidad de Costa Rica de expandir su territorio y la de los ganaderos y comerciantes de Nicoya por contar con seguridad para sus propiedades.
Para entonces, tanto Costa Rica como Nicaragua estaban adscritos a la Federación Centroamericana, con sede en Guatemala, la anexión de Nicoya a Costa Rica fue votada en el Congreso centroamericano, el cual decidió la anexión, pero de forma provisional, mientras se establecía la paz en Nicaragua.
El primer artículo del decreto del Congreso centroamericano, emitido en diciembre de 1824, decía así: “Por ahora y hasta que se haga la demarcación del territorio de los Estados que previene el artículo 7º. de la Constitución, el Partido de Nicoya continuará separado del Estado de Nicaragua y agregado al de Costa Rica”.
Anteriormente, en octubre de 1824, la misma Asamblea había decretado que la anexión sería “entretanto se tranquiliza y vuelva al orden la Provincia de Nicaragua a quien pertenece (el Partido de Nicoya)”.
Las dilaciones
Las autoridades nicaragüenses actuaron tardía y débilmente con acciones para revertir la anexión de Nicoya a Costa Rica. Fue en 1830 que Nicaragua le reclamó al Congreso Federal la devolución del distrito de Nicoya, cuando ya la anexión había sido ratificada en dos ocasiones por Nicoya, mientras Guanacaste guardaba silencio.
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Nicaragua argumentó que la guerra civil había finalizado y que la mayor parte de los propietarios de fincas en Guanacaste eran ciudadanos de Rivas, entre otras justificaciones, pero Costa Rica insistió en que los pobladores de Nicoya persistían en su deseo de pertenecer a ese país.
El tiempo fue pasando hasta que se disolvió la Federación centroamericana y Costa Rica empezó a decir que la anexión ya no se podía deshacer porque ya no existía el órgano que la había aprobado. En tanto, Nicaragua argumentaba que, por esa misma razón, que no existía la Federación, sus decisiones ya no tenían valor.

En 1843, Nicaragua envió a Costa Rica a Toribio Tijerino para que negociara la devolución de Nicoya y Guanacaste, refiere el libro De como perdimos las provincias de Guanacaste y Nicoya, de Miguel Álvarez Lejarza, quien insistió en que la anexión se debió más que nada a las convulsiones políticas de Nicaragua, y que, habiendo sido superadas, también desaparecían los efectos de la misma.
Tijerino incluso habló con sarcasmos en Costa Rica, porque en la Constitución Política de este país vecino escribieron la frase “por ahora”, al referirse a la anexión de Nicoya y el nicaragüense indicó que, en algún momento, con esa frase, hasta “el universo entero” podía llegar a ser de Costa Rica.
Álvarez Lejarza no distaba mucho de tener razón, porque años después, Costa Rica demostró que quería apropiarse también del río San Juan, el puerto de San Juan del Norte y el lago Cocibolca.
William Walker y los ingleses
Para la década de 1850, nuevamente conservadores y liberales estaban en guerra. En 1854, el presidente conservador Fruto Chamorro realizó una constituyente para derogar a la Constitución de 1838, que se redactó cuando Nicaragua salió de la Federación centroamericana, y le puso al país el nombre de República de Nicaragua, erigiéndose como su primer presidente.
Los liberales primero huyeron a El Salvador y luego, dirigidos por Máximo Jerez, regresaron para atacar Granada, a la que no pudieron vencer. Cansados, contrataron al norteamericano Byron Cole para que trajera a Nicaragua un ejército mercenario de estadounidenses y les ayudaran a vencer a los conservadores.
Así llegó William Walker al país, contratado por Cole, pero Walker, indica el historiador Pablo Levy, vio débiles a los políticos nicaragüenses y decidió adueñarse de Nicaragua y en 1856 se autoproclamó presidente del país.
A partir de entonces, todos los países centroamericanos vieron una amenaza en Walker y decidieron unir fuerzas contra el filibustero. Costa Rica, explica el historiador Jorge Eduardo Arellano, después de ser enemigos de Nicaragua por su problema con Nicoya y Guanacaste, se mostraron los mejores amigos de los nicaragüenses y prestaron una ayuda supuestamente desinteresada para combatir a Walker.

Lo que todavía no se sabía era que Costa Rica realmente estaba interesada en apropiarse del río San Juan y del lago Cocibolca, pues tenía tiempo sosteniendo relaciones comerciales con los ingleses, los que a su vez no se llevaban bien con el gobierno nicaragüense por el problema de la Mosquitia, que era como un protectorado inglés, gracias a la amistad entre ingleses y miskitos.
Arellano cuenta que, en la guerra con Walker, los ticos se apropiaron de los vapores que navegaban en el río San Juan y luego, cuando había finalizado la guerra contra el filibustero, quisieron apropiarse de parte del río, negándose a salir del mismo, con el propósito de otorgarle una concesión canalera a los ingleses por medio del súbdito británico William Webster.
En 1857, los costarricenses llegaron a exigir que las tropas nicaragüenses entregaran el fuerte de San Carlos, por lo que en ese año hubo una declaración de guerra entre ambos países.
Sin embargo, hubo pláticas para que Nicaragua volviera a tomar posesión del Castillo Viejo, que también estaba en poder de los costarricenses, y que estos últimos salieron del poblado de Tortuga.
Costa Rica no quiso ratificar un tratado que se firmó en ese momento y tuvo que haber nuevas negociaciones, que culminaron en abril de 1858, cuando Máximo Jerez, por Nicaragua y José María Cañas, por Costa Rica, firmaron un nuevo tratado que puso fin a la disputa limítrofe, permitiendo Nicaragua que Costa Rica se quedara con Nicoya y Guanacaste, pero salvando la hegemonía sobre el río San Juan.
La ventaja para Costa Rica fue muy amplia, porque obtuvo una buena extensión de tierra que era de Nicaragua.
La versión costarricense
Durante la colonia española, las jurisdicciones y los límites no siempre fueron claros ni precisos, explica el historiador costarricense Claudio Vargas Arias, director de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Debido a ello, Nicoya algunas veces dependió de Nicaragua, otras de Costa Rica y tuvo también momentos de autonomía.
“Con la creación de las diputaciones provinciales, Nicoya pasó a formar parte de la Diputación Provincial de Nicaragua y Costa Rica. De manera que es incorrecto afirmar que Nicoya perteneció o estuvo sometida de manera permanente a la administración de Nicaragua en cualquiera de sus jerarquías o denominaciones organizativas, mientras estuvo vigente el modelo colonial español», indica el académico costarricense.
Vargas Arias añade que el proceso de anexión fue largo y mediaron intereses económicos, políticos, geoestratégicos y culturales.

El plebiscito del 25 de julio de 1824, expone Vargas Arias, fue fundamental, pero no definitivo, pues los pobladores de Nicoya y Santa Cruz quisieron anexarse a Costa Rica desde esa fecha, pero los de Guanacaste no.
Fue hasta un año después, en 1825, cuando Guanacaste se incorporó y el tratado Cañas-Jerez consolidó la anexión en 1858.
“Según lo cita el acta de anexión, los pobladores de los territorios que decidieron incorporarse al país, así lo acordaron por las ventajas que se vislumbraban. Seguridad y estabilidad política, facilidades comerciales, beneficios administrativos son algunos temas que así quedaron expresados como propios de Costa Rica, frente a la situación de inestabilidad que en estos años vivía Nicaragua y que se extendió incluso más allá de mediados del siglo XIX”, finaliza diciendo el historiador costarricense.
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