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En medio del discurso triunfalista del régimen Ortega Murillo sobre la mejoría que ha impulsado en los distintos sectores económicos durante sus casi 17 años consecutivos de mandato, los rendimientos promedio de la producción agrícola siguen estancados en los niveles de 2012. Esto a pesar de una cantidad de programas en los que en la última década se han invertido varios millones de dólares.
Los bajos rendimientos elevan los costos de producción y con ello, el precio de los alimentos. Esto dificulta que el gallopinto y la tortilla lleguen tres veces al día a la mesa de los nicaragüenses más pobres.
Entre los productos agroexportables se registran leves mejorías, pero son resultado de esfuerzos puntuales de empresarios del sector privado, por tanto en algunos caso benefician a sectores específicos y en ortos logran incidir en el rendimiento promedio nacional del cultivo. Aunque en la mayoría de los cultivos los productores locales son menos competitivos que sus pares del resto de la región, en los últimos años los buenos precios del mercado internacional les han permitido mantenerse a flote.
Según estadísticas del Banco Central de Nicaragua (BCN) y de los Planes Nacionales de Producción, Consumo y Comercio que se deberían publicar en cada ciclo productivo, en 2012 el rendimiento promedio de los productos que garantizan la dieta básica de los nicaragüenses era: 45 quintales por manzana para el arroz de riego y secano. El de las distintas variedades de frijol fue 12.1 quintales por manzana; para el maíz blanco 21.6 quintales; y el de las distintas variedades de sorgo 28.6 quintales.
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Algunos rendimientos bajaron
En el caso del café que tradicionalmente ha sido el principal producto de exportación, solo superado por el oro, en 2012 registró un rendimiento promedio de 11.5 quintales por manzana; y la caña que es la materia prima del azúcar 77 toneladas por manzana.
El año pasado, es decir una década después, los reportes oficiales indicaron que los rendimientos se mantienen prácticamente estancados. El arroz es el que más ha mejorado, subió 9.4 quintales y se ubicó en 54.4 quintales por manzana. El frijol creció en 1.7 quintales y el rendimiento promedio quedó en 13.8 quintales por manzana. En el caso del maíz en lugar de mejorar retrocedió en 0.3 quintales, para quedar en 21.3 quintales por manzana.
El sorgo también retrocedió en 1.9 quintales, para ubicarse en 26.7 quintales por manzana. El café subió 5 quintales hasta 16.5 quintales por manzana. Mientras que la caña mejoró en 0.5 toneladas para promediar 77.5 toneladas por manzana.
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Elevar productividad, clave para reducir la pobreza
Además de encarecer los productos, la baja productividad es un obstáculo para reducir la pobreza. En 2011 la cancelada Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) advirtió que el nivel de productividad de Nicaragua se mantenía como el más bajo de la región. Esto obligaba a consolidar una política de crecimiento fundamentada en la promoción de mayores niveles de productividad para alcanzar mejores metas de desarrollo. «Mejorar la productividad agrícola parece ser una condición sine qua non para reducir la pobreza de forma sostenida», advertía constantemente Funides en sus estudios.
El centro de pensamiento, cuya personería jurídica fue cancelada en marzo de 2022 en medio de una ola de cierres que afectó a más de tres mil ONG, atribuía los bajos rendimientos a diferentes factores, entre los que destacan:
1. El tope económico que refleja las limitaciones provocadas, entre otras cosas, por restricciones técnicas, regulaciones, políticas sectoriales y económicas que afectan los precios de los productos e insumos, los sistemas de comercialización, la infraestructura, políticas de financiamiento, los costos de transacción y la seguridad de la tenencia de la tierra.
2. El tope técnico: que indica el rendimiento biológico máximo que se puede obtener en un centro de experimentación.
También influyen en la baja productividad, la fertilidad de los suelos y la capacidad gerencial de los productores.
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Funides advirtió que rendimientos bajarían
Los estudios de Funides también explican que de no transformar el aparato productivo, la productividad promedio de los cultivos se deterioraría. Una década después, los reportes oficiales confirman que la advertencia ya se convirtió en realidad para el maíz y el sorgo.
«En Nicaragua unos pocos agricultores se benefician de las tecnologías disponibles, así como de los subsidios vinculados con los servicios de extensión y difusión de las tecnologías disponibles, mientras la mayoría produce con bajos rendimientos y enfrenta limitaciones de una inapropiada política sectorial. En estas condiciones, la productividad promedio tiende a disminuir, así como el nivel de bienestar de los agricultores», señala el estudio Mercado de tierra y su tenencia, publicado en 2011.
Debido a esta brecha, según Funides, la agricultura nicaragüense está dividida en dos niveles. Una como la del sector cañero, más moderna, intensiva en capital, con alta productividad y rendimientos de 77.5 toneladas por manzana, cercanos a la mejor agricultura del mundo que promedia 80 toneladas de caña por manzana.
La otra, la más numerosa, de baja productividad, por lo general alejada de los mercados, con un deficiente acceso a las infraestructuras de comunicación o las redes eléctricas, que enfrenta una política sectorial sesgada que protege a la agricultura más moderna. En este nivel se ubica el maíz con rendimientos promedios actuales de 21.3 quintales por manzana. Es decir, a un mundo de distancia del rendimiento de entre 120 y 150 quintales de maíz por manzana que obtienen los centros experimentales nicaragüenses.
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Reforma fiscal desmejoró las condiciones
En lugar de cerrar estas brechas en 2019 el régimen de Daniel Ortega las agudizó con una reforma fiscal que al suspender algunos subsidios y exenciones elevó el precio de los insumos, disparando los costos de producción y obligó a reducir el uso de muchos agroquímicos, lo que impactó en la productividad y a la vez elevó aún más el precio de los alimentos.
Esta situación se agudizó durante la pandemia por la paralización de las cadenas logísticas. Luego, en 2022 empeoró por la invasión rusa a Ucrania que disparó especialmente el precio de los fertilizantes nitrogenados, es decir que usan gas y amoníaco. A nivel global, Rusia comercializa un alto porcentaje de estos insumos. Además, las sanciones que le impusieron a Rusia luego de invadir Ucrania dificultaron la comercialización de los fertilizantes y elevaron el precio del gas natural encareciendo aún más la producción de nitrógeno para la elaboración de los fertilizantes.
Dirigentes de sectores productivos, que por temor a represalias piden no identificarlos, aseguran que este contexto externo sumado a las consecuencias de la reforma fiscal de 2019 provocaron que los costos de la producción de los cultivos alcanzaran niveles nunca vistos. Lo más grave fue que no hubo ninguna reacción del régimen, al menos no para los sectores vinculados a la gran empresa con la que rompió relaciones a raíz del estallido social de 2018 y a quien desde entonces comenzó a desarticular.
Desarticuló al sector privado
Cabe recordar que el presidente y expresidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic), Álvaro Vargas y Michael Healy, integraron el grupo de 222 presos políticos que Daniel Ortega desterró el 9 de febrero de 2023 y luego les quitó la nacionalidad y confiscó sus bienes. Un mes después cerró el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y todas las cámaras que lo integraban, entre ellas Upanic.
Incluso, en los últimos años además de la ruptura con el sector privado, el régimen promueve menos programas para mejorar la productividad del sector. Por ejemplo, el Plan Nacional de Producción, Consumo y Comercio del ciclo agrícola 2012-2013 incluyó cinco programas que, según el documento ayudarían a mejor la productividad, especialmente de los pequeños productores, que es el grupo más numeroso del país.
Al año siguiente hubo algunos cambios, pero el plan mantuvo cinco programas. Sin embargo, en los ciclos 2014-2015 y 2015-2016 los planes de producción no se publicaron, por tanto se desconoce si se desarrolló algún plan relativo a la productividad. En el siguiente ciclo se incluyeron tres programas y en el 2017-2018 se impulsaron cinco proyectos.
En los ciclos 2018-2019 y 2019-2020 los planes incluyeron menos información y no se mencionó si se desarrollaría algún proyecto. En el programa 2020-2021 solo se mencionó un programa y en el plan 2021-2022 se retomaron cuatro que ya se había impulsado en ciclos anteriores.
Los programas impulsados
Los programas que se incluyeron en los Planes Nacionales de Producción, Consumo y Comercio de los últimos diez años son:
- Productivo Alimentario o Hambre Cero, con distintos mecanismos de financiamiento anual.
2. Solidario Patio Saludable. Promueve la producción de frutas, hortalizas, plantas medicinales y aromáticas en patios de áreas urbanas y periurbanas y es apoyado por la FAO.
3. Acompañamiento a Productores de granos básicos (Crissol). Le asignaban montos anuales dependiendo de la cantidad de productores que se pretendía beneficiar.
4. Acompañamiento a la Producción de Maíz Amarillo, este se incluyó en el ciclo 2012-2013 y no se divulgó detalles sobre su ejecución.
5. Nacional de Cosecha de Agua. Este también se incluyó en el ciclo 2012-2013 y se retomó en el 2017-2018, pero en ninguno de los casos se publicaron detalles sobre su ejecución.
6. Adaptación al cambio climático (Nicadapta), con un costo de 37.1 millones de dólares y seis años de ejecución.
7. Atención a Zona Seca, este se incluyó en los ciclos 2012-2013 y 2017-2018, pero nunca se conocieron detalles específicos sobre la ejecución.
8. Apoyo para el incremento de la productividad, seguridad alimentaria y nutricional en la Costa Caribe nicaragüense (Paipsan). Además se informó que costaría 33.9 millones de dólares y se ejecutaría en cinco años.
Sin embargo, durante estos diez años no se ha presentado ningún análisis de los resultados de estos programas que vayan más allá de la propaganda oficial. Además, los rendimientos promedio que reporta el Banco Central de Nicaragua (BCN) y los planes de producción reflejan que no han provocado ningún impacto, ya que estos se mantienen en niveles similares a los de 2012.
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