Vicenta González es una nicaragüense nacionalizada en Costa Rica, llegó allá a los 19 años y a sus 74 años dedica su vida ayudar a compatriotas que solicitan refugio en ese país. Es partera de oficio y defensora de vocación, durante 50 años ha trabajado por los derechos de las mujeres. Por esta labor, el próximo lunes 10 de octubre recibirá el Premio Nansen que otorga la Agencia de la Organización de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
El Premio Nansen es el máximo galardón que entrega la agencia de la Organización de Naciones Unidas (ONU) a los refugiados. En el evento que se realizará en Ginebra, Suiza, también será premiada la excanciller alemana, Angela Merkel por sus gestiones para que entre 2015 y 2016 Alemania recibiera a más de 1.2 millones de refugiados sirios.
Vicenta llegó a Costa Rica hace 55 años, luego de conocer a su esposo, un costarricense. La pareja compró una finca en Upala, pueblo fronterizo con Nicaragua. La propiedad de unas 5 hectáreas tenía una vieja plantación de cacao. No había camino para llegar a ella y tenían que transportarse en canoas.
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Mujer migrante, madre y defensora
«Vicenta no tardó en convertirse en una figura clave dentro de la comunidad. No solo era la partera a la que recurrían muchas personas; sino también la figura que podía brindar algo parecido a atención médica primaria… Las décadas pasaron y Vicenta recibió a 213 bebés, tuvo dos hijos propios y adoptó y crió a otros tres», relata Acnur.
Pero a su puerta llegan no solo las personas que necesitan sus servicios médicos, sino de ayuda incluso para supervivencia. Mujeres que tratan de escapar de la violencia en sus hogares. Ella no olvida a una que llegó con sus siete hijos, huyendo del marido que la atacó con un martillo. La frecuencia con la que historias de este tipo se repetían, impulsó a Vicenta a fundar la Asociación Mujeres Emprendedoras de las Comunidades de Upala (AMECUP). La organización se dedica a defender a las mujeres y sus derechos.
Según Acnur una de las actividades que AMECUP realiza regularmente se llama “tardes de café”. En ella las mujeres se reúnen en la granja de Vicenta, hablan de la violencia de género, identifican a las víctimas y buscan soluciones al problema. AMECUP le ayuda a las mujeres a salir de relaciones violentas, les ofrecen alojamiento temporal o las remiten a una ONG o instancias gubernamentales que puedan apoyarlas.
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Lideresa que impulsa a otras mujeres y comunidades
La finca de Vicenta está a disposición de la organización. Ahí, a las sobrevivientes de violencia intrafamiliar les proporcionan diversas herramientas para iniciar un negocio; entre ellas talleres en los que les enseñan diversos oficios como la elaboración de repostería y productos de limpieza.
Vicenta atiende la plantación que también aporta a la comunidad y parte de la producción de cacao se usa como materia prima para hacer chocolate, té, vino y productos de belleza. Reúne fondos para sostener la organización vendiendo estos productos bajo la marca Cacaotica.
Pero el trabajo de Vicenta no se limita a proteger a las mujeres en situación de riesgo por la violencia machista. Desde 2018, cuando en Nicaragua estalló la crisis sociopolítica unas 200 mil personas han cruzado la frontera en busca de refugio; y ella ha ayudado a muchas mujeres que llegan a su finca ubicada a dos kilómetros de la frontera. Ella, según Acnur, ha trabajado incansablemente para proporcionar alimento, alojamiento y asistencia esencial a las mujeres e hijos solicitantes de asilo.
“Son personas sumamente necesitadas. Necesitan un lugar dónde guarecerse; además, cuando llegan, no saben a dónde ir ni conocen a nadie”… Si alguien llega con heridas o enfermedades, tengo que arreglármelas para ayudarle. Hago las veces de enfermera, médica, abogada y niñera”, relató Vicenta a Acnur.
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Ayuda a desplazadas por la violencia política
Para Vicenta las mujeres que huyen Nicaragua son particularmente vulnerables a la violencia de género. Además, suelen cruzar la frontera sin documentos de identidad, con sus hijos y con un par de pertenencias. Su meta es ayudarlas a que no tengan que depender de nadie para sobrevivir.
Según Vicenta, recordar lo que vivió cuando llegó a Costa Rica la impulsa a seguir apoyando a los migrantes, a sus compatriotas que cruzan la frontera. “Me siento como en el problema que ellas están viviendo… Yo lo viví, lo viví al entrar al país, por eso me motiva más y me emociona mucho”, asegura Vicenta.
El Premio Nansen para los refugiados fue creado en 1954 para honrar el legado de Fridtjof Nansen, explorador y científico noruego que fungió como el primer Alto Comisionado para los Refugiados de la Liga de Naciones en el contexto de la Primera Guerra Mundial.
Cada año se entrega para honrar a personas, grupos u organizaciones que hacen cosas extraordinarias para proteger a las personas refugiadas, apátridas y desplazadas internas. Se entrega en cinco categorias: Global, África, América, Asia y Medio Oriente.
