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LA PRENSA/Oscar Navarrete

Ortega encamina a Nicaragua hacia un peligroso aislamiento internacional similar al de Venezuela. ¿Qué significa esto?

En los últimos días, la dictadura ha llevado las relaciones diplomáticas de al menos seis países a ataques frontales por la simple razón de que se han pronunciado sobre el contexto nacional. De seguir así, Nicaragua quedaría totalmente sola

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Una vez que el dictador Daniel Ortega consuma el fraude electoral de noviembre, el escenario está preparado para que sea reelecto por tercer mandato consecutivo. Y Nicaragua entrará en un proceso de aislamiento internacional acelerado, que traerá consecuencias sociales y económicas, advirtieron analistas. “El poder o la muerte” es la teoría del régimen, sintetizan.

Y muestra de que ese proceso ya inició es la retirada de embajadores de varios países, cuyos gobiernos han expresado su preocupación por el contexto hostil que viven los nicaragüenses de cara a las elecciones presidenciales en noviembre. El régimen ha encarcelado a casi todos los líderes de la oposición, así como a siete aspirantes presidenciales y eliminado al principal partido que lo adversaba.

Ante la petición de los gobiernos de frenar la represión y permitir elecciones libres y transparentes,  la vicepresidenta designada de Nicaragua, Rosario Murillo, los ha tachado de “irrespetuosos, injerencistas, intromisores e intervencionistas”. El último ataque frontal lo protagonizó ayer Murillo contra España, pero ya antes el régimen lo ha hecho con Estados Unidos, la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos (OEA), entre otros.

Asimismo, el régimen ha llamado a consultas a sus embajadores en Costa Rica, Argentina, México y Colombia como una medida recíproca efectuada por estos países.

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Pero esto, solo es el preámbulo del aislamiento que tendría la dictadura tras el fiasco electoral en noviembre venidero, consideró la especialista en derechos humanos e integración y desarrollo Haydée Castillo.

Castillo puso de ejemplo la reciente celebración del 42 aniversario del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, donde la pareja dictatorial, Daniel Ortega y Rosario Murillo, solo fue acompañada por el delegado de un país casi desconocido: Abjasia. El resto de invitados se trató de los representantes de las diferentes instituciones estatales represivas y el “pueblo nicaragüense”.

La pareja dictatorial, Rosario Murillo y Daniel Ortega, junto al ministro de Relaciones Exteriores de la República de Abjasia, Kove Daur. Tomado de Presidencia

“Esta situación se manifiesta desde ahora y llegado el 7 de noviembre será peor el aislamiento. A mi criterio, el país va a un derrumbe mayor del que ya está, en crisis económica, desarticulación del tejido social, con un Estado de terror impuesto, polarizado políticamente, millones en el desempleo, miles huyendo del país, mejor dicho, una sociedad como tal conducida por la dictadura al fracaso económico, político, social y de su seguridad humana”, declaró la defensora de derechos humanos.

Comunidad internacional se mantendrá firme

A criterio de Castillo, la comunidad internacional ha demostrado su firmeza para condenar y sancionar los actos represivos y violaciones de derechos humanos que ha cometido el régimen orteguista, por lo que después de las elecciones de noviembre Ortega acelerará su propio aislamiento.

“La comunidad internacional se había pronunciado desde antes y ahora de forma más consensuada y articulada: Unión Europea, Estados Unidos, Estados de forma independiente, cuerpo diplomático en Nicaragua, todos en una misma sintonía de que estas elecciones desde ahora no cumplen con ningún estándar de legitimidad y lejos de lo que exige la Carta Democrática. De manera que Nicaragua como país se enrumba de forma acelerada a un aislamiento internacional”, aseveró Castillo.

Murillo, quien también es primera dama, a raíz de la crisis sociopolítica de 2018 ha sido sancionada por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea.

Conservar el poder y luego negociar

Para el analista político y sociólogo Óscar René Vargas, el régimen mantiene su lógica de “el poder o la muerte”, donde su única preocupación es conservar el poder. “Lo importante para ellos es llegar en el 2022 estando en el poder y negociar, posteriormente, en mejor posición”, manifestó Vargas.

El pasado 19 de julio, al final del discurso del acto del 42 aniversario de la Revolución sandinista, el dictador amenazó con quedarse en el poder a través de las fuerzas armadas del Ejército de Nicaragua y la Policía.

“Aquí tenemos un Ejército que está para resguardar la soberanía nacional y también contribuir a la seguridad y a la lucha contra la delincuencia, contra el narcotráfico. Y tenemos una Policía dedicada de lleno a la seguridad ciudadana. Por eso les digo que el pueblo unido jamás será vencido y el pueblo armado jamás será aplastado», dijo Ortega.

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Daniel Ortega al llegar al acto del 19 de julio del 2021. Foto tomada de los medios de comunicación oficialistas

De acuerdo con el analista político, al régimen le tocará negociar porque no podrá mantenerse aislado durante mucho tiempo, pues depende de la ayuda internacional.

“Ellos piensan que las sanciones internacionales no son suficientes para que se produzca una implosión del régimen, por esa razón mantienen la estrategia represiva ‘tous azimuts’ (todo tipo) para evitar el resurgimiento de las movilizaciones sociales internas. (Pero) ellos van a negociar, no pueden mantener por mucho tiempo su aislamiento internacional. El país no tiene la capacidad económica para vivir en un aislamiento prolongado. Recuerda que el país necesita de los préstamos, donaciones, remesas, exportaciones, inversiones extranjeras, etcétera; por lo tanto, es muy frágil económicamente hablando”, refirió el también economista.

¿Nicaragua depende mucho de los mercados internacionales?

Sin embargo, ¿qué significa esto para la economía? ¿Por qué Ortega no correría la misma suerte que Venezuela?

A diferencia de la dictadura de Venezuela, aliada de Daniel Ortega, que cuenta con reservas petroleras, Nicaragua tiene una economía totalmente dependiente de la ayuda y el mercado internacional. Tanto Castillo como Vargas señalaron que la dictadura podrá sostenerse hasta los primeros meses del 2022 con los recursos que acumuló gracias donaciones y préstamos a 2020.

Estos desembolsos realizados por el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE),  Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Banco Mundial (BM) y Fondo Monetario Internacional (FMI) superaron los 900 millones de dólares en diciembre de 2020 y “permiten mantener el gasto público”.

“El primer socio comercial es EE. UU., y si observamos, ese país tiene una posición clara y frontal ante la forma de operar de este régimen. La dictadura en Nicaragua podrá comprar clientela con proyectos que ya estaban comprometidos con algunos bancos, como el caso del BCIE, pero en el mediano plazo eso será insostenible, los recursos se agotarán y la economía irá más allá de la recesión”, expuso Castillo.

Estados Unidos, España y Costa Rica, países a los que el régimen ha atacado fuertemente, son los tres principales emisores de las remesas que envían los nicaragüenses que han migrado en busca de oportunidades, lo que ayuda a crecer y oxigenar la economía.

“El mayor comprador de los productos de Nicaragua es EE. UU. Perder ese socio intempestivamente llevará al colapso a la economía y con ella a la sociedad”, advirtió Castillo.

Una implosión interna

La apreciación que tienen Castillo y Vargas sobre el futuro de Nicaragua es un hundimiento como país y la implosión interna del régimen. La situación de los nicaragüenses solo se agravará  más de lo que ya sufren las familias.

“Estamos viviendo un proceso de descomposición del Estado, el cual puede conducir a ser un Estado fallido con altos niveles de probabilidades de producirse una implosión interna del régimen Ortega-Murillo con pérdida importante de su base social. El régimen Ortega-Murillo no tiene conciencia que los errores políticos tienen el mismo efecto que las termitas; carcome internamente la estructura interna del poder autoritario”, declaró Vargas.

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“La dictadura está hundiendo a Nicaragua en la peor crisis de la historia en todas las dimensiones. Es una crisis política, de derechos humanos, económica y social. Y nadie habla sobre los altos costos de la ruptura profunda de la seguridad humana, de estructura familiar y comunitaria producto de la polarización y de la desconfianza, de la compra de conciencias y de la dilación (pagar para que unos nicaragüenses denuncien y vendan a sus propios hermanos y familiares a los estamentos represivos). Mientras la dictadura Ortega Murillo permanezca en el poder, Nicaragua cada vez deja de ser un país viable”, concluyó Castillo.

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