Jeyson Lira, de 22 años y originario de Condega, Estelí, falleció a principios de junio cuando intentaba cruzar a Estados Unidos. Su cuerpo fue encontrado flotando en las traicioneras aguas del río Bravo, en una escena que no deja de repetirse en la frontera que comparte México con su vecino del norte. Esta muerte es solo la más reciente que llegó a oídos de la organización Nicaraguan American Human Rights Alliance (NAHRA), fundada en 2019 con el fin de brindar acompañamiento y asesoría legal a migrantes nicaragüenses.
Bajo un contexto en el que ha incrementado el flujo migratorio irregular hacia Estados Unidos, Carolina Sediles, vicepresidenta de NAHRA, reconoce a LA PRENSA que las políticas migratorias son férreas, pero advierte que «lo difícil y lo más duro que enfrenta el nicaragüense no son los agentes de migración en las fronteras, sino los secuestros en las mismas, la delincuencia y el narcotráfico» que acechan el camino.
Entre 2019 y 2020 NAHRA tuvo conocimiento de ocho nicaragüenses secuestrados en territorio mexicano. Una de las víctimas procedía de León, dos de Sébaco, una más de Jinotega y una familia de cuatro miembros originaria de Matagalpa. Para ser liberados sus familiares tuvieron que pagar altas sumas de dinero por ellos. «Muchas veces el mismo coyote los deja en un lugar y le llama a las familias a pedir dinero por su rescate, aunque ya los haya abandonado», expone Sediles.
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Nada de lo anterior es nuevo en la realidad de los migrantes, sin embargo ahora preocupa más a NAHRA por el aumento de la migración nicaragüense hacia Estados Unidos en los meses recientes. Esto es revelado por el Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, en los primeros cinco meses del 2021. Según sus datos oficiales, en enero fueron detenidos 575 nicaragüenses que cruzaban de forma irregular y en mayo el número se elevó a 4,427.
Según el mismo Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza, en los primeros cinco meses sumaron 10,861 nicaragüenses detenidos por no tener papeles que exige el país para entrar.
El elemento de la represión
Aunque Nicaragua comparte junto con Honduras, El Salvador y Guatemala una histórica migración, producto de la crisis sociopolítica y económica que iniciaron en 2018 ha aumentado el desplazamiento de personas, siendo en algunos casos de familias enteras. Un ejemplo está en Karla Gago, una joven universitaria que luego de ser expulsada de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) por participar en las manifestaciones, se vio forzada a salir con su familia de territorio nicaragüense y luego solicitar asilo en Estados Unidos.
«Hubo una parte del tramo en carretera, en Guatemala, donde casi fuimos asaltados o secuestrados. Quién sabe lo que nos hubiese pasado. Hubo una balacera y el conductor se dio la vuelta y gracias a Dios encontró donde meterse. Se escondió y apagó las luces, luego se vio la camioneta que venía detrás del microbús donde nosotros estábamos. Era una carretera larga y desolada», recuerda Gago.
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Leyes migratorias
Respecto a las leyes migratorias, Sediles insiste en que hay que aclarar que sigue vigente la orden ejecutiva del expresidente Donald Trump referente al cierre de la frontera sur para las miles de personas que se aglomeran para solicitar asilo, con la justificación de que no se podría garantizar la salud de todas ellas en el contexto de la pandemia del Covid-19.
«Lo que existe ahora es un acuerdo al que llegaron el USCIS (Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos) y una organización que defiende a los inmigrantes, de que Estados Unidos estaría dejando pedir asilo en las fronteras a un máximo de 250 personas al día», expone Carolina Sediles.
Si dejan entrar a una persona —continúa Sediles—, le realizan la prueba de Covid-19, lo ponen en un centro de detención y allí le hacen la «entrevista de miedo creíble». Si todo sale bien, las autoridades piden la información de un familiar para que vaya a traerlo y así iniciar el proceso de asilo en libertad. «Las cortes están programando tan rápido que mucha gente no tiene el tiempo de preparar su caso de asilo. Así que pasar la frontera no es el fin de la travesía», destaca.
Harris: «No vengan»
Durante su visita a Guatemala —el pasado 7 de junio, dentro de su gira por la región— la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, también enfatizó en los peligros a los que se exponen los migrantes en el trayecto a pie, expuestos a abusos y a traficantes de personas durante la ruta hacia la frontera entre México y Estados Unidos.
«No vengan, no vengan. Estados Unidos va a seguir cumpliendo la ley y asegurando las fronteras (…) Nuestra prioridad es desalentar la migración ilícita (…) Solo se beneficia a los coyotes», dijo Harris refiriéndose a los traficantes de personas.
Washington anunció la creación de un grupo de trabajo «Alpha» contra los traficantes de personas en México y Centroamérica, origen de la mayoría de los indocumentados que han llegado en números récord en los últimos meses a territorio estadounidense, principalmente hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, aunque el número de nicaragüenses aumenta significativamente.
«La esperanza no existe por sí sola. Debe ir acompañada de relaciones de confianza, de resultados tangibles en términos de lo que hacemos como líderes para convencer a la gente de que hay una razón para tener esperanzas en su futuro», agregó Harris en referencia a los planes y programas de apoyo a países centroamericanos con mayor volumen de migrantes por situaciones de pobreza, violencia o falta de oportunidades. «Estados Unidos reconoce que nos conviene (resolver el problema), y refleja nuestros valores ayudar a crear oportunidades y compartir la prosperidad económica», consideró.
«Sabemos que mucha gente no se quiere ir de casa» y que lo hace porque «no pueden satisfacer sus necesidades básicas», reconoció Harris.
La gira de la vicepresidenta estuvo vinculada a la promesa de Biden de una política migratoria más «humana» que deje atrás las fuertes restricciones impuestas por su antecesor, el republicano Donald Trump, pero eso no implica que no se cumplan todas las reglas y regulaciones migratorias que ha impuesto este país para la migración irregular.