Según el Diccionario del Español de Nicaragua culillo significa: “Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. Es lo que sufre Daniel ante Cristiana Chamorro. Le da culillo medirse con ella en elecciones. Un hombre que le tiembla a una mujer. Manda entonces a sus matones de negro a secuestrarla; 51 uniformados con Akas contra una mujer sola, viuda, de 67 años. ¡Qué bochorno!
Su actuar lo ha desnudado ante el mundo entero como un cobarde. Nadie, en ninguna parte, piensa que Ortega está atacando a Cristiana por haber delinquido. Todos, en todas partes, saben que lo hace por miedo. Es vergonzoso. Como la actitud del adolescente del barrio que, inseguro de su hombría, busca amigos matoncitos para someter a una chavala indefensa. Aunque en favor de él podríamos decir que en el fondo del miedo a la chavala hay algo más: el miedo al pueblo; el horror al voto popular de quien se sabe aborrecido.
El miedo de Ortega merece burla, pero también análisis, pues de él se derivan realidades muy duras y definitivas. Una es que está dispuesto a pagar cualquier precio con tal de impedir comicios libres. Pocas cosas podían costarle tanto como inhibir al líder opositor más popular e hija de la expresidente Chamorro y, peor aún, apresarla. Que lo haya hecho, ante el asombro e indignación de todos, no solo significa lo que ya muchos sabían o sospechaba, que no hay la más mínima esperanza de que Ortega arriesgará su poder en unas elecciones, sino algo más grave: que no permitirá que compita contra él ningún candidato capaz de arrastrar muchos votos.
Como la esperanza es lo último que se pierde, antes de estos acontecimientos algunos todavía se aferraban a la posibilidad de que el miedo a las sanciones abriría algunas puertas. Esta se vio golpeada cuando Ortega lanzó su menú de leyes represivas y luego su contrarreforma electoral. Pero subsistía aún la creencia de que, si bien era seguro que Ortega se robaría las elecciones, hacerlo ante una participación electoral masiva del pueblo opositor, documentada por una buena red de fiscales, le ocasionaría un costo político descomunal.
Hoy está claro que tampoco este escenario es factible. Él no es tonto como para caer en la costosa trampa de robar las elecciones. Lo que hará será escoger sus rivales; aquellos, y únicamente aquellos, que por su manifiesta falta de apoyo popular no le representen ninguna amenaza. Y, si por un error de cálculo, alguno de ellos comienza a cosechar un inesperado apoyo popular, Ortega le cortará inmediatamente las alas; al candidato o al partido que lo lleve. La cuchilla está lista y afilada y ya la hemos visto cortar de tajo. Se librarán de ella los zancudos o quienes se resignen a un segundo lugar. Pero nadie más.
¿Por qué ha llegado Ortega a estos extremos? Una razón, discutida tiempo atrás, es el pavor que explica sus otros pavores: el de perder el poder y quedar expuesto a represalias de cualquier tipo. El otro es que puede estar muy esperanzado de que, a pesar de todas las sanciones que se le puedan venir, él podrá sortear la tormenta, como lo han hecho hasta ahora Maduro y los comunistas cubanos. Quizás piense que las sanciones no serán tan severas, que las remesas, las exportaciones, y cierta convivencia con el sector privado evitarán el colapso de la economía, que el ejército siempre lo apoyará. El hecho es que no ha dado la menor señal de querer negociar escenarios menos traumáticos y que está decidido a quedarse “for ever”.
Ante estas realidades la oposición enfrenta bajo un nuevo ángulo, el dilema de abstenerse o participar, y el aún más duro de qué hacer ante una vía electoral definitivamente cerrada. Para esto habrá que definir pronto cuál es la línea roja; es decir, las circunstancias concretas que harían inaceptable participar. Luego tendría que pensar los posibles cursos de acción en caso de abstenerse; aquello que puede hacerse frente a un dictador aculillado resuelto a no permitir elecciones libres por estar aculillado.
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.