Durante los últimos 19 años, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, además de acumular el poder absoluto, ha fortalecido su alianza con Rusia. Algunos de sus más críticos en Nicaragua consideraron que esta asociación no había llamado suficientemente la atención en Washington.
En febrero, la revista The Economist publicó un análisis en que planteó que Nicaragua había evitado hasta ese momento el destino de Venezuela y Cuba. En ese momento, la captura de Nicolás Maduro era reciente y la isla vivía una crisis que se agudizó con el corte del suministro de petróleo proveniente del país suramericano.
En el caso de Nicaragua, la publicación británica aseguró que no había estado sometida a una presión sostenida por la administración Trump. Sin embargo, cuatro meses después, la aplicación de la doctrina Donroe, que descansa en el antiguo precepto de “América para los americanos”, está logrando al menos poner bajo escrutinio las relaciones de Ortega con Rusia. También las que cultivó con China e Irán.
La semana pasada, la Cámara de Representantes pospuso la audiencia “Enfrentando al régimen totalitario de Ortega y Murillo”. En esa sesión, la subsecretaria adjunta del Departamento de Estado para Centroamérica, Ana Quintana-Lovett, testificaría sobre la situación nicaragüense.
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Una transcripción del mensaje de la funcionaria, al que este diario tuvo acceso, no solo advertía que Estados Unidos podría combinar sanciones con presión diplomática para enfrentar los desafíos de las alianzas internacionales de Ortega. Describía a la dictadura de Nicaragua como “un Estado policial sostenido por elementos criminales corruptos”.
LA PRENSA solicitó sus puntos de vista a cuatro nicaragüenses sobre estas relaciones peligrosas del régimen y las posibles consecuencias políticas de estas acciones. Un experto en temas de seguridad, un politólogo y un economista accedieron a ofrecer sus comentarios.
Javier Meléndez: “Influencia rusa ya no se limita a Nicaragua”
Para el analista nicaragüense en temas de defensa, Javier Meléndez, la nueva línea roja de la Administración Trump llegó de manera tardía.
“Desde hace al menos 15 años se viene observando un incremento sostenido de la presencia rusa en Nicaragua y, más recientemente, una expansión acelerada de la influencia china. Sin embargo, durante mucho tiempo estos procesos no recibieron la atención estratégica que merecían”, sostuvo Meléndez, director de la revista Expediente Público.
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Meléndez sostiene que Nicaragua se ha convertido en la principal plataforma política y de seguridad en Centroamérica de Rusia. Y explica que la relación entre ambas naciones ha permitido el desarrollo de mecanismos permanentes de cooperación en materia policial, militar y mediática.

Es una relación profunda que se ha expresado a través de acuerdos militares o la asistencia de medios como RT y Sputnik al conglomerado de medios oficialistas.
En el camino del fortalecimiento de esta alianza, además, Nicaragua apoyó la invasión de Rusia a Ucrania en 2022. Con esto, se sumó al interés de Moscú para proyectar su influencia en regiones cercanas a Estados Unidos, según Meléndez.
“El desafío ahora no es únicamente reconocer el problema, sino comprender su dimensión regional. La influencia rusa ya no se limita a Nicaragua; se proyecta hacia otros países a través de medios de comunicación, redes políticas, programas de formación, actividades académicas y campañas de información”, advirtió Meléndez.
Para Ortega y Murillo, la importancia es tal que han colocado a dos de sus hijos al frente de las negociaciones con las potencias antiestadounidenses. Por un lado, Laureano Ortega Murillo es el enlace con Rusia, China e Irán. Daniel Edmundo controla el aparato de propaganda que recibe constantes capacitaciones de sus homólogos rusos.
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Meléndez insiste en que también Nicaragua ha profundizado simultáneamente sus vínculos con Bielorrusia y otros regímenes de corte autoritario. Lo preocupante es que eso obedece no a una política aislada, sino “a una orientación consistente de política exterior”, advierte.
Manuel Orozco: Signos negativos ante las prioridades de Trump
En las últimas décadas, el politólogo Manuel Orozco ha dado seguimiento riguroso a la situación de Nicaragua. Es director del programa de Migración y Remesas del centro de pensamiento Diálogo Interamericano, cuya sede está en la capital estadounidense.
Orozco describe a la dictadura como el régimen más autoritario y antidemocrático del continente. Para él, la advertencia de la Administración Trump no es accidental. Y recuerda que las sanciones más recientes del Departamento del Tesoro se enfocaron en China. Hace la diferencia de que la percepción sobre Rusia en Estados Unidos es calibrada de otra manera.
“Bajo el gobierno actual de Donald Trump las alianzas se definen con gestos políticos consistentes con las cuatro prioridades internacionales (revertir la influencia China, prevenir migración, reducir las diferencias comerciales desfavorables a EE. UU. y combatir los actores iliberales como el crimen organizado y las dictaduras). De casi todo Latinoamérica, Nicaragua muestra signos negativos en las cuatro prioridades”, sostuvo Orozco.

Con base a estadísticas, el politólogo destacó que, bajo el régimen Ortega-Murillo, el país centroamericano es el que tiene acuerdos más favorables con China, mientras la potencia asiática emerge como el nuevo banco de la dictadura frente a la decisión del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) de “reducir su presencia”.

Fuente: Investigaciones Manuel Orozco
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Para el experto, el reciente viaje de Laureano y Daniel Edmundo Ortega Murillo a un foro económico en San Petersburgo en Rusia, que coincidió con la audiencia pospuesta sobre Nicaragua en el Congreso, muestra que la dictadura ejerce un “riesgo calculado en que perciben que los gringos no nos van a tocar por estar viajando”.
Los Ortega Murillo firmaron acuerdos en temas de seguridad, en alianzas con medios rusos, medicina nuclear, entre otros. Laureano incluso dijo que ratificaban sus lazos de “hermandad” con Rusia. Este cálculo político de la dictadura estaría basado en la tesis de que los estadounidenses consideran que no serían tratados como Cuba y Venezuela, porque “el balance de poder no es desfavorable al régimen y no reflejan la misma vulnerabilidad”.
Según esa percepción, ellos se considerarían más estables, porque cualquier intento de presión desestabilizaría el país y causaría migración, lo que no es de interés de Estados Unidos.
De acuerdo con Manuel Orozco, el papel geopolítico asumido por Laureano Ortega Murillo es realizado sin un cálculo de riesgo, porque se avizora a sí mismo como un posible mediador cuando la Administración Trump pase de presión a transformación en el caso de Nicaragua. “Sin embargo, (él) está equivocado”, afirmó.
Chamorro: “Posición de Ortega ha sido de abierta confrontación”
El exviceministro de Hacienda, Juan Sebastián Chamorro, agrega que la política histórica de Ortega ha sido de confrontación con Estados Unidos.
Trae a la memoria las veces en que Ortega ha llamado “hermanos” a regímenes antiestadounidenses como el de Irán. De manera paralela ha reconocido los lugares invadidos por Rusia, en desafío a la comunidad internacional.
“Esta línea roja (sobre la alianza con potencias como China y Rusia) es parte de una política más general que trata de asegurar la hegemonía hemisférica de Estados Unidos en el hemisferio por la seguridad de los norteamericanos”, afirma.

La posición antiestadounidense a la que se refiere Chamorro, incluye el uso de la migración como una herramienta política, permitiendo el libre tránsito de cubanos y haitianos que se dirigían a Estados Unidos.
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Chamorro dice que todos estos elementos han constituido una amenaza a la seguridad nacional de la potencia norteamericana. En ese sentido, el viaje de los hijos de Ortega a San Petersburgo, el economista lo ve como un acto de respaldo a Vladimir Putin.
Putin ha visto cómo la guerra en Ucrania se ha alargado casi tanto como la Segunda Guerra Mundial. “Ellos (los Ortega Murillo) están viendo que su amo está en dificultades militares, quiero decir, no es que la guerra vaya a terminar ahora”, reflexionó.
Según Javier Meléndez, el experto en temas de seguridad y defensa consultado al principio, Ortega nunca abandonó su visión ideológica de la Guerra Fría. Pero advierte —nuevamente— que lo que se ha visto en los últimos años es una acumulación de alianzas entre actores que son considerados competidores o adversarios estratégicos de Washington.
“La preocupación no se centra en una amenaza militar convencional. Lo relevante es la transferencia de capacidades, tecnologías y prácticas asociadas a regímenes autoritarios”, enfatizó Meléndez.