El presidente de Rusia, Vladimir Putin, da su discurso del Día de la Victoria el 9 de mayo pasado, en la Plaza Roja de Moscú. AFP

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, da su discurso del Día de la Victoria el 9 de mayo pasado, en la Plaza Roja de Moscú. Alexander KAZAKOV / POOL / AFP

Acuerdo militar de Ortega con Rusia llama la atención en altos círculos de Estados Unidos

El acuerdo militar Rusia-Nicaragua consolida la estrategia de sobrevivencia de la dictadura orteguista, y asegura a Moscú una plataforma geopolítica en las Américas, según un análisis en influyente revista de Estados Unidos

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El acuerdo de cooperación militar recientemente aprobado por la Duma Estatal, el Parlamento de Rusia, no necesariamente significa que veremos bases militares rusas en Nicaragua o fantásticas ventas de armas. Pero es una buena jugada en la estrategia de la dictadura Ortega-Murillo para fortalecer su sobrevivencia a largo plazo y da ciertas ventajas a Moscú.

Ambas partes ganan algo, sostiene el académico estadounidense Steven E. Hendrix, profesor de Derecho en DePaul University of Law, exdiplomático y exfuncionario de AID.

“Para Moscú y el asediado presidente Vladímir Putin, el acuerdo representa la continuidad de su alcance geopolítico en el hemisferio occidental”, escribió Hendrix en su artículo Nicaragua y lo que gana con el abrazo de Rusia (What Nicaragua GainsFrom Russia’s Embrace), publicado el 12 de mayo pasado en el sitio web de la revista Americas Quarterly.

Ortega y Murillo buscan garantizar la supervivencia del régimen

“Para el presidente nicaragüense Daniel Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo, refuerza una estrategia más amplia de supervivencia autoritaria basada en alianzas externas”, agrega.

El autor se apresura a asegurar que este no es un momento como el de Cuba en medio de la crisis de los misiles de 1962. Nicaragua no es esa Cuba, y la Rusia de hoy no es la Unión Soviética de entonces.

El 29 de abril, el Consejo de la Federación (Senado) de Rusia ratificó un acuerdo para fortalecer la cooperación militar con la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, firmado en Moscú en septiembre del año pasado. Con este buscan intercambiar información sobre asuntos de interés mutuo en el ámbito militar, “lucha contra ideologías extremistas y el terrorismo internacional” y “la piratería y el entrenamiento conjunto de tropas”.

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Cómo visualiza la dictadura su supervivencia

En un contexto latinoamericano posterior a la captura de Nicolás Maduro, “el nuevo acuerdo merece atención no porque anuncie una amenaza grave e inmediata, sino porque refleja continuidad”. Para Hendrix, la comunidad internacional no ha podido impedir el desmontaje progresivo de la institucionalidad democrática de Nicaragua.

Por otro lado, Hendrix subraya que el acuerdo con Rusia evidencia la manera en que la dictadura de Managua visualiza su supervivencia a largo plazo; no relacionada con la obtención de legitimidad interna, pero sí al establecimiento de alianzas autoritarias externas.

Esto adquiere más relevancia, según el autor, a medida que el régimen evoluciona de una presidencia personalista a un sistema de gobierno familiar-dinástico.

El académico estadounidense Steven Hendrix sugiere que el discurso de la diplomacia de EE. UU. no debe exagerar el tema de una amenza militar rusa, y así evitar dar argumentos a la propaganda antimperialista del régimen de Daniel Ortega y Rosario-Murillo.
El académico estadounidense Steven Hendrix sugiere que el discurso de la diplomacia de EE. UU. no debe exagerar el tema de una amenaza militar rusa, y así evitar dar argumentos a la propaganda antimperialista del régimen de Daniel Ortega y Rosario-Murillo. LA PRENSA/ ARCHIVO

“Cuanto más profundamente quede integrada Nicaragua en redes de seguridad, inteligencia y diplomacia con países como Rusia, China e Irán, más fácil podría resultar para el régimen mantener su continuidad incluso después de que Ortega abandone eventualmente la escena política”, destaca el análisis de Hendrix.

“En ese sentido, el acuerdo trata menos de una escalada militar inmediata y más de institucionalizar la resiliencia autoritaria; un pacto con potencial para ayudar al orteguismo a conservar el poder”.

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Es necesario apoyar a agentes democráticos del país

La respuesta adecuada, en su opinión, no es el recurso a un lenguaje belicista, sino aprovechar las oportunidades “para apoyar a organizaciones e instituciones nicaragüenses que podrían ser clave en un eventual retorno a la democracia, ya sea desde el exilio o dentro del propio país”.

El régimen ha logrado construir “uno de los sistemas autoritarios más consolidados del hemisferio occidental”, reconoce Hendrix, sobre todo después de la represión de las protestas de 2018, el exilio masivo, la supresión de la oposición, la persecución a la Iglesia católica y al periodismo independiente, la supresión de la personería jurídica de ONG y la confiscación de universidades.

¿Qué gana Rusia?

Con el acuerdo, Rusia lanza el mensaje de que la Nicaragua de Ortega no está aislada. A cambio el país centroamericano sigue siendo una “plataforma geopolíticamente útil” para recordarle a Estados Unidos que Rusia aún tiene influencia en nuestra región.

“Para Moscú, estas relaciones son valiosas menos por su utilidad militar directa que por la asimetría geopolítica que generan. Rusia no puede competir económicamente con Estados Unidos en América Latina, pero sí puede crear puntos de presión simbólicos cerca de las fronteras estadounidenses a un costo relativamente bajo”, sostiene Hendrix.

“Nicaragua, Venezuela y Cuba funcionan así como recordatorios estratégicos de que Moscú aún posee capacidad para complicar el entorno regional de Washington, incluso mientras Rusia continúa absorbida por la guerra en Ucrania”, añade.

El simbolismo de la cooperación militar con Rusia

Para los gobiernos autocráticos latinoamericanos, una buena relación con Rusia y otros aliados rusos ofrece alternativas diplomáticas ante la condena y la reprobación internacional de las violaciones a los derechos humanos por la comunidad internacional.

Incluso sin instalar una base militar formal, una cooperación militar ampliada con Rusia puede fortalecer el control del régimen Ortega-Murillo sobre Nicaragua. «El simbolismo importa en la política autoritaria. En algunos casos, importa casi tanto como el armamento», dice Hendrix.

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Laureano Ortega estrecha la mano de Vladimir Putin. Laureano Ortega shakes hands with Vladimir Putin.
Laureano Ortega estrecha la mano de Vladímir Putin.

Acciones para sostener el restablecimiento de la democracia

Al finalizar, el exdiplomático hace algunas recomendaciones para enfrentar esta consolidación autoritaria, para, en sus palabras, “preservar la futura infraestructura democrática de Nicaragua”.

Su recomendación central es apoyar al periodismo independiente, universidades en el exilio, defensores de derechos humanos, redes religiosas e instituciones de la sociedad civil capaces de sobrevivir más allá del régimen actual.

“A medida que el espacio democrático dentro de Nicaragua se reduce, preservar capacidades democráticas fuera del país se vuelve aún más importante”, argumenta el autor.

¿Cuál debe ser el foco de la diplomacia de EE. UU.?

Hendrix pide a Washington no exagerar el tema de una amenaza militar para no dar la oportunidad a Ortega para reforzar su retórica antimperialista.

En cambio, Estados Unidos debe enfocarse de modo consistente en el fracaso de gobernanza, corrupción, represión y la destrucción de instituciones cívicas, que son “las verdaderas vulnerabilidades internacionales del régimen”.

El gobierno de Donald Trump sacó a Nicolás Maduro del juego político y ejerce hoy una influencia muy poderosa en Venezuela; presiona a Cuba para negociar un cambio en la isla. Sin embargo, Nicaragua no ha tenido “el mismo nivel de atención estratégica sostenida”.

Puede leer: El convenio militar de Nicaragua con Rusia

Costos manejables no incentivan al régimen a ceder

Hasta ahora, el régimen nicaragüense permanece sin cambios, pese a sanciones y condenas.

Hendrix advierte que la diferencia entre Nicaragua y los casos de Cuba y Venezuela importa. “Si Managua concluye que la represión interna y el alineamiento con Moscú implican costos manejables, el régimen Ortega-Murillo tendrá pocos incentivos para cambiar de rumbo”.

Más allá de la influencia que Rusia pueda tener en Centroamérica, el asunto cardinal, “la pregunta central” es si las bases cívicas de Nicaragua podrán sobrevivir por el tiempo suficiente para reconstruir la democracia en  el país.

Al final del artículo, Hendrix nos recuerda que los autoritarismos no surgen del vacío, sino que “prosperan allí donde antes se han debilitado desde dentro las instituciones democráticas, los medios independientes, las universidades, las iglesias y la sociedad civil”.

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Americas Quarterly (AQ) es una publicación galardonada dedicada a la política, los negocios y la cultura en las Américas, con un enfoque en América Latina y el Caribe. Su influyente audiencia incluye directores ejecutivos, altos funcionarios gubernamentales y líderes de opinión. Fundada en 2007 y con sede en la ciudad de Nueva York, AQ es una publicación editorialmente independiente y sin fines de lucro de Americas Society/Council of the Americas.

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COMENTARIOS

  1. Hace 2 meses

    De todos modos caerán y Putin no moverá ni un solo dedo. Lo mejor que hubiera de realizar el moclin y la Chayo es convocar a elecciones libres y supervisadas por las N.U. y la OEA. Lo que ambos tiranos temen es a la auditoría de la ayuda de Venezuela, la cual se la han robado descaradamente sin darle cuenta a nadie. Si Putin no interviene por Cuba, mucho menos lo hará por Nicaragua, la cual no posee ni la localización geográfica como Cuba ni las riquezas que Venezuela posee. No importa cuántos tratados firmen con Rusia o concesiones le den a China, a la hora de las piedras pomez ambos países se harán a un lado. Ambas naciones están a miles de millas de distancia geográfica para gastar pólvora en zopilotes, un paíscito de 6 o 7 millones de habitantes sin nada que ofrecer. Construir un canal es imposible por el voluble territorio en cuanto a la geología.

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