Jonathan Méndez, adolescente con cáncer en Guatemala. Foto: Cortesía

Jonathan Méndez, adolescente con cáncer en Guatemala. Foto: Cortesía

Nicaragüenses en Guatemala piden ayuda para adolescente con cáncer

Familia originaria de Chinandega pide ayuda para su hijo adolescente que está en un hospital de Guatemala. Urgen apoyo económico para alimentos especiales y medicinas

Alicia del Carmen Méndez Martínez y Víctor Manuel Moreno, migraron de Nicaragua buscando mejores oportunidades. Originarios de Chinandega, llegaron a Guatemala con la esperanza de construir un futuro más estable. Sin embargo, hoy sus sueños están en pausa.

Desde hace varios meses permanecen en el Hospital General San Juan de Dios, acompañando a Jonathan Daniel Moreno, su hijo-nieto adolescente, quien enfrenta una dura batalla contra el cáncer.

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Biológicamente Alicia y Víctor son sus abuelos, pero la relación que los une va mucho más allá de los títulos. Alicia y Víctor han criado a Jonathan desde que era un bebé y él los reconoce como sus padres.

«Él me ve como su mamá, soy la figura materna que él conoció desde siempre. Yo lo reconozco como hijo. Su mamá se fue y no volvió», cuenta Alicia, quien compartió su historia con LA PRENSA.

Jonathan Daniel Moreno antes de enfermar de cáncer
Jonathan Daniel Moreno antes de enfermar de cáncer. Foto: Cortesía de Alicia del Carmen Méndez.

Una pequeña señal que cambió sus vidas

La enfermedad apareció de forma silenciosa. Jonathan cursaba segundo básico, equivalente a segundo año de secundaria. Llevaba una vida activa, marcada por los estudios y el deporte.

«Él estaba estudiando el año pasado y le comenzó a salir una pelotita en su pierna. Como a él le gusta mucho jugar pelota, yo dije: ‘se golpeó’. Pero me dijo: ‘No, pero no me duele'», recuerda Alicia.

Aquella pequeña protuberancia terminó siendo la primera señal de una enfermedad que transformaría la vida de toda la familia.

«Mi esposo decidió que cuando terminaran las clases lo llevaríamos al doctor. Y cuál fue mi susto cuando lo trajimos aquí al Hospital San Juan de Dios, le hicieron una biopsia y le salió cancerosa. Acababa de cumplir 15 años», lamenta Alicia.

El diagnóstico llegó acompañado de una decisión inmediata de los médicos. «El doctor dijo que el remedio para eso solo era la quimioterapia. Entonces lo internaron de una vez, que fue en diciembre (de 2025), y le hicieron su primera quimioterapia».

Tratamiento y complicaciones

Los primeros meses estuvieron marcados por ingresos y salidas constantes del hospital.

«Él salió bien de la quimioterapia, pero como a los 15 días se le comenzó a inflamar su pie y la pelota le creció en vez de reducirse. Lo trajimos de emergencia y me lo internaron más de un mes. Se le cayó su pelo, se le inflamó su pierna, hasta que le tocó la segunda quimio».

La enfermedad afectó gravemente una de sus piernas: «Solo en una pierna le salió. Eran varios ganglios que se le deshicieron, pero el más grande no se le deshizo. Entonces procedimos a traerlo nuevamente al hospital y le volvieron a hacer otra quimio porque se la hacen cada mes».

Sin embargo, las complicaciones continuaron: «Cada mes lo traemos, pero ha bajado de peso. Este mes se nos puso bien grave. Las quimios son bien pesadas y un riñón no le está funcionando bien».

Añadió que las quimios han provocado fallos renales, infección en la sangre y hasta requirió de la ubicación de un catéter en su cuello para darle tratamiento: «Mi hijo ya mero se moría, pero bendito sea Dios santo, aquí está recuperándose», dice algo aliviada.

Estudiante ejemplar obligado a dejar las aulas

Entre las mayores tristezas de Jonathan está haber tenido que abandonar temporalmente sus estudios: «Mi hijo jamás ha repetido clases ni grado. Toda la vida me ha sacado notas de 98, 97, 100. Es un excelente estudiante».

Su familia gestionó apoyo con el centro educativo para evitar que pierda completamente el año escolar: «Este año no ha podido ir a la escuela. Nosotros fuimos a exponer el caso al colegio, nos están apoyando, él tiene su lugar apartado. Él extraña la escuela, quiere ir a clase, pero por ahora no puede caminar porque tiene un daño en su muslo».

Antes de la enfermedad, Jonathan era un adolescente activo que disfrutaba especialmente del fútbol: «Nosotros vivíamos cerca de un parque. Él solo esperaba estar libre y me decía: ‘Mamá, dame permiso, voy al parque con mi amigo’. En vez de dejarlo ir solo, lo acompañaba mi esposo. En casa están sus camisetas, sus pelotas y su guante porque le gusta jugar de portero. Era bien activo».

Sueños que siguen vivos

A pesar de las dificultades, Jonathan mantiene intactos sus sueños. Quiere convertirse en ingeniero civil y participar en grandes proyectos de construcción. Los médicos mantienen la esperanza de que el tratamiento continúe dando resultados.

«Los doctores dicen que como ese cáncer no lo tiene en el cuerpo ni en la sangre, con las quimios le van a deshacer esa pelota por completo. Pero ahorita está tan delicado que el oncólogo dice que no le pueden hacer ni quimio ni radioterapia».

Mientras acompañan a Jonathan en el sexto nivel de Oncología del Hospital General San Juan de Dios, Alicia y Víctor enfrentan también una difícil situación económica.

Cuando emigraron a Guatemala soñaban con terminar su casa en la colonia Roberto González, en Chinandega. Hoy ambos han dejado de trabajar para dedicarse completamente al cuidado del adolescente.

«Mi esposo es mecánico, pero ahorita no trabaja en eso. Nosotros ahorita tenemos donde vivir gracias a la iglesia cristiana donde nos congregamos».

Las necesidades son constantes y los gastos aumentan con cada ingreso hospitalario: «Nosotros, la verdad, necesitamos un apoyo para que no le falte su comida, su medicina, la alimentación adecuada que recomienda el médico y poder comprarle sus medicamentos».

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Quienes deseen brindar ayuda o comunicarse con la familia pueden hacerlo a través del número telefónico de Guatemala +502 5992-0294.

Mientras Jonathan continúa su tratamiento, Alicia permanece a su lado día y noche. Entre máquinas, medicamentos y largas jornadas hospitalarias, la familia se aferra a la fe y a la esperanza de que el joven pueda volver a caminar, regresar a las aulas y cumplir el sueño de convertirse algún día en ingeniero civil.

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