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La pandemia del Covid-19, la crisis socioeconómica del país, el desempleo, los duelos, entre otras situaciones, son factores que inciden para que más nicaragüenses consuman sustancias psicotrópicas y estupefacientes para tratar los problemas de ansiedad, depresión o insomnio. Y aunque en el país la venta de este tipo de medicamentos es controlada, las personas pueden acceder a estos fármacos sin receta médica, ignorando las contraindicaciones que conlleva el uso desmedido de estas medicinas, señalan médicos psiquiatras.
La psiquiatra Slilmalila Baldovinos Báez manifiesta que entre las situaciones que también influye a este aumento de consumo de fármacos, es que más personas han sido víctimas de patrones disfuncionales en el hogar —como es la violencia hacia la mujer y la niñez, y la ruptura familiar por divorcios—, sedentarismo, adicciones al internet o jóvenes con mayor acceso a las redes que están generando círculos de consumo de drogas.
De acuerdo con la especialista, los medicamentos más conocidos de consumo son los ansiolíticos no sedantes y benzodiazepinas (como Diazepam y Lorazepam), antidepresivos diversos, y en algunos casos muy extremos, los antipsicóticos (para tratar la esquizofrenia y el trastorno bipolar) como coadyuvantes ante el insomnio y alteraciones sensoperceptivas.
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«Efectivamente, las personas (pacientes ya conocidos por salud mental) tienden a llevar un control de sus fármacos con el facultativo de su preferencia. Y en algunos otros casos, se ausentan de la consulta por cualquier factor (desapego al seguimiento o limitaciones económicas para costear el pago) e incurren en autoajustes de dosis sin supervisión médica. Por otro lado, se observa el fenómeno en adolescentes y jóvenes adultos con tendencia a conductas de riesgo, a realizar abuso de fármacos mezclados con etanol y/o droga», expone la médica.
El estudio “Situación Socio-emocional en Nicaragua”, elaborado por la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), reveló a inicios de 2020 que los nicaragüenses sufrían de estrés, insomnio, ansiedad, falta de apetito, crisis nerviosa, depresión y otras enfermedades asociadas a la presión económica agudizada en el 2018.
Acceso al fármaco sin receta médica
Una propietaria de una pequeña farmacia en Masaya confirma que las ventas de este tipo de fármacos han aumentado en un 15 por ciento, aunque destaca que siempre ha existido buena demanda —con o sin receta médica— entre la población. «La gente consume mucho medicamento controlado. Se vende muchísimo», comparte la fuente, quien solicitó el anonimato.
Las pastillas Clonazepam, Rivotril, Lorazepam o Alprazolam son las más demandadas entre la gente, según informa la propietaria de la farmacia, quien señala que las personas mayores de 35 años son las que más las compran.
La fuente enfatiza que la mayoría de las personas le comparten que lo consumen para poder dormir y no propiamente para un tratamiento clínico, esto, pese a las advertencias que les explica el consumo excesivo de estas pastillas. «Son blíster tras blíster (presentación de 10 unidades) que bebe la gente, ya sea que lo ocupan para problemas de ansiedad o el mal uso que le dan casi todos, que lo ocupan para dormir», expresa la fuente.
Según el artículo 37 de la Ley 292, Ley de Medicamentos y Farmacia, «los medicamentos que contengan sustancias controladas, solo podrán ser vendidos al público mediante receta médica en un formulario oficial, expedido y controlado por el Ministerio de Salud, de acuerdo a lista elaborada por este».
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En explicación de la doctora Baldovinos Báez, esta es una normativa dirigida a los medicamentos psicotrópicos, donde se exige el control de la venta de estos fármacos con receta médica, sello y firma. Además que exigidamente se debe mostrar ese control por medio de la regencia que se implementa a las farmacias.
«No en todas las farmacias del país se restringe la venta de estos fármacos o ni siquiera exigen receta con sello médico. Entonces el mercado de todos estos productos ‘controlados’ se vuelve de fácil acceso, favoreciendo su consumo excesivo», lamenta la doctora.
Al respecto, la propietaria de la farmacia aclara que debido a que son productos controlados por el Minsa, solo las farmacias autorizadas por esa institución, o el Silais departamental, pueden vender. Sin embargo, hay farmacias que venden clandestinamente fármacos controlados —sobre todo farmacias pequeñas e informales— y es ahí donde los ciudadanos aprovechan para comprar.
¿Qué está pasando?
El psiquiatra Luis Alonso Molina, del Centro de Especialidades Altamira, comparte que las personas están padeciendo mucho de insomnio, el cual está ligado a los trastornos de ansiedad y depresión, por lo que aconseja al paciente visitar un especialista para recetar el fármaco adecuado.
El insomnio inicial, en el que a la persona le cuesta dormir, está relacionado a la ansiedad; y el insomnio intermedio y final (en el cual hay sueño interrumpido) va de la mano de la depresión.
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«El médico que va a prescribir tiene que hacer el diagnóstico, qué tipo de insomnio tiene (…) también tiene que saber si el paciente tiene tendencia a las adicciones, porque si lo tiene está contraindicado. ¿Qué es lo que pasa? Que no hay una historia clínica del paciente», declara el psiquiatra.
Aunque en el país no hay datos sobre estos tipos de trastornos, el Mapa de Salud del Minsa detalla que en el 2020 las enfermedades psiquiátricas ocuparon el octavo lugar entre las enfermedades crónicas más comunes entre los nicaragüenses. 14,594 personas fueron diagnosticadas con estos padecimiento el año pasado, un aumento considerable si se compara con el de 2019, cuando se reportaron 8,797.
El psiquiatra hace un llamado a las personas a evitar el uso excesivo de estos medicamentos sin supervisión médica, porque a largo plazo no solo generará dependencia al fármaco, sino provocará demencia senil. «Es un factor de riesgo, todas las benzodiazepinas producen amnesia anterógradas, a veces el paciente se la toma y los pacientes no se acuerdan si se lavó los dientes», ejemplifica.
Por su parte, la doctora Baldovinos Báez agrega que entre las consecuencias están la afectación sobre la funcionalidad personal, social y laboral. «Es decir, consecuencias sobre memoria, estado de alerta, mucha somnolencia, disminución en niveles de concentración, síntomas de abstinencia en el desuso, efectos teratógenos en mujeres embarazadas y en bebés nacidos de madres consumidoras».
Ambos psiquiatras coinciden en que los trastornos también se pueden tratar con terapias alternativas, siempre indicadas por un especialista. Entre estas están: floriterapia, medicina natural, reflexología, acupuntura, meditación o psicoterapias de base cognitiva conductual, que encierran abordaje de síntomas originados en el subconsciente del individuo.
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