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En 2017, según el Banco Central de Nicaragua, la Inversión Extranjera Directa que recibió Nicaragua ascendió a 772 millones de dólares. El siguiente año, esta registró una caída de 53.7 por ciento. Óscar Navarrete/ LA PRENSA.

¿Cómo afecta a Nicaragua ser calificada como una amenaza para EE.UU.?

Recientemente el jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, Craig S. Faller, calificó a Nicaragua como una amenaza a la seguridad nacional del país norteamericano, además de considerarlo un actor regional maligno al lado de Cuba y Venezuela.

Recientemente el jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, Craig S. Faller, calificó a Nicaragua como una amenaza a la seguridad nacional del país norteamericano, además de considerarlo un actor regional maligno al lado de Cuba y Venezuela.

Para el economista Róger Arteaga, esos señalamientos alejarán más a los inversionistas extranjeros, quienes decidirán no exponer su capital en Nicaragua debido a las tensas relaciones con los Estados Unidos, sumándose a la imagen de inestabilidad política que representa el régimen de Daniel Ortega, que ha hecho que caigan los flujos de IED del país en los últimos años.

Nicaragua no tiene nada que ofrecerles a los inversionistas extranjeros, principalmente por la incertidumbre que genera la falta de una solución a la crisis política, más las medidas que el gobierno de Daniel Ortega emprende contra el sector privado, argumentó Arteaga.

Recientemente, la firma británica The Economist Intelligence Unit que sirve como referencia a los inversionistas extranjeros, calificó a Nicaragua como el segundo país con mayor riesgo para invertir en América Latina, superada solamente por Venezuela. El país sudamericano recibió una calificación de riesgo de 86, siendo 100 el más alto, mientras que Nicaragua fue calificada con un 65.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua (APEN), Guillermo Jacoby, valoró que no es solamente lo que se diga en Estados Unidos lo que importa de cara a la posibilidad de atraer inversiones al país, sino también en Europa, donde tampoco se tiene confianza en Nicaragua. La misma Unión Europea ha sancionado a funcionarios del gobierno de Ortega y denunciado las arbitrariedades cometidas por las autoridades nicaragüenses en materia de derechos humanos, lo cual no abona a un buen clima de negocios e inversiones, recordó.

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Jacoby explica que los inversionistas prefieren dejar su dinero en países con un sistema político democrático y sobre todo donde hay estabilidad como en Costa Rica. Arteaga tiene una visión similar y menciona que la empresa Amazon, una de las más exitosas de comercio en línea, instaló una oficina en Costa Rica mientras que Nicaragua está perdiendo oportunidades de este tipo.

La inversión es el motor de crecimiento económico y de bienestar “porque el gobierno no produce, lo que hace es dar facilidades para que esta inversión venga, sea productiva y el país se desarrolle”, explica Arteaga. Difícilmente un país puede levantarse solo con financiamiento, el cual también está escaso para Nicaragua.

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Inversión cae a partir de la crisis política

El expresidente del Banco Central, Mario Arana, comentó que la situación de Nicaragua respecto a la inversión extranjera ya está definida desde tiempo atrás, aún sin la declaración emitida por Estados Unidos.

De igual manera, Arteaga resaltó que desde la aprobación de la Ley Nica Act por los Estados Unidos y la sanción de algunos funcionarios nicaragüenses, la inversión se ha ahuyentado. Pero, además de las sanciones, las reformas tributarias y las acciones confiscatorias promovidas por el gobierno de Ortega también han creado un panorama poco llamativo para los inversionistas y en su lugar fomenta la fuga de los mismos y provoca que muchas empresas reduzcan su tamaño y su personal.

Datos del Banco Central de Nicaragua reflejan que, de los 772 millones de dólares captados como Inversión Extranjera Directa en 2017, el 53.7 por ciento se perdió con la crisis política del siguiente año, reduciendo la cifra a 359 millones de dólares.

La cifra oficial más reciente que reveló el BCN y tras un aparente cambio en la metodología para calcular los datos, fue en 2019, cuando Nicaragua percibió en concepto de IED un total de 503 millones de dólares.

En 2020, el TMF Group, que asesora a inversionistas extranjeros, posicionó a Nicaragua como el séptimo país a nivel mundial con mayor índice de riesgo para hacer negocios. El país “puede presentar desafíos para la operación de las empresas internacionales” y las elecciones del 2021 crean un ambiente de incertidumbre, valoró el grupo en su informe.

Ese mismo año, el Instituto de Gobernanza de Basilea catalogó a Nicaragua como el décimo sexto país más propenso al lavado de dinero a nivel mundial. Todas estas calificaciones negativas hacen que los inversionistas extranjeros no vean al país con buenos ojos para depositar su dinero.

Arana explicó que los inversionistas investigan a detalle las particularidades de los países donde van a poner su capital, y eso les ayuda a valorar si vale la pena o no invertir en un país.

La falta de inversión golpea a los ciudadanos y la economía del país principalmente de dos maneras. La primera afecta en el corto plazo, ya que no se generan puestos de trabajo y en su lugar profundiza el desempleo y el riesgo de que más nicaragüenses pierdan el que ya tienen, sin mencionar que no se están generando riquezas para el país, explicó el expresidente del BCN.

La segunda manera en que afecta la falta de inversión es a largo plazo, debido a que no se estaría abonando al crecimiento económico del país y tampoco a su productividad. “La inversión extranjera directa es un complemento de la inversión nacional privada que es fundamental porque ha venido representando alrededor del 30 por ciento de la inversión total” en los últimos años, expuso Arana.

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La solución pasa por el acuerdo político

Para que la inversión vuelva al país se requiere de una solución a la crisis política por la vía electoral, la cual debe darse a través de unos comicios libres, justos y transparentes que les devuelvan la confianza a las instituciones estatales y por ende a los inversionistas, considera Arana, quien también es miembro de la opositora Alianza Cívica.

Arana también enfatizó en que mientras no haya una solución al problema de fondo, que es la crisis política, no habrá crecimiento en la inversión extranjera directa.

A criterio del economista Róger Arteaga, no bastaría con el acuerdo político y un proceso electoral limpio, pues opina que debe haber un cambio de gobierno para que la nueva administración se encargue de potenciar el crecimiento de la producción y la inversión, y garantice la estabilidad política.

De ser Ortega quien continúe en el poder, “seguiríamos en las mismas y cuidado peor”, sostuvo el economista. En principio, su gobierno no tendría el reconocimiento de la comunidad internacional, argumentó, y para muestra están las palabras de Faller, quien refirió que las políticas que implementa el presidente Ortega siguen provocando llamados para que renuncie. “Desde ya se observa represión hacia la oposición antes de las elecciones de este año”, aseveró.

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