La zozobra que vivieron los pobladores de las 14 comunidades indígenas más vulnerables del territorio Wangki Maya, Río Coco en Waspam, Caribe Norte de Nicaragua, no se terminó con el paso de los huracanes Eta e Iota — categoría 4 — en menos de 15 días. Su angustia es latente y el retorno a sus hogares ahora es incierto, según afirmaron líderes comunitarios a LA PRENSA.
Muchas de viviendas de madera y techo de paja quedaron destruidas, otras anegadas y los pocos cultivos fueron arrasados debido a que las fuertes lluvias provocaron que los ríos aumentaran sus caudales. Las familias de las comunidades indígenas tuvieron que dejar su hogar e irse a las escuelas e iglesias que fueron improvisadas como albergues. La mayoría de los damnificados tienen 21 días de permanecer en albergues hacinados, sin comida y sin ropa.
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Para ellos, la naturaleza este año no ha tenido clemencia, ni siquiera se habían recuperado de los estragos que les dejaron las lluvias del temporal de invierno en agosto, cuando entró Eta y los dejó más aislados, pero fue la potencia de Iota la que los retuvo en albergues sin las condiciones mínimas.
Al respecto Juana Bilbao, directora del Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (Cejudhcan), explicó que tras el paso del huracán Iota los comunitarios de Wangki Maya quedaron en situaciones más deplorables en los albergues y que las comunidades quedaron severamente destruidas.
Por su parte, Limbord Bucardo, del Movimiento Pri Laka, aseguró que a los comunitarios ahora les tocará enfrentarse a una realidad de abundante carencia. «Para ellos vivir un huracán es sobrevivir, pero lo amargo es el después cuando les toca enfrentarse a los estragos, en las comunidades de ese territorio lo perdieron todo, la condición de vulnerabilidad a las inundaciones agravó la precariedad, desde la contaminación del agua y la escases de alimentos», mencionó.
21 días en albergues
De acuerdo a Bilbao, con el huracán Eta, en los albergues habían 6 mil comunitarios que sufrían múltiples necesidades que no eran cubiertas por las autoridades del Gobierno Nacional debido a la falta de capacidad. A Cejudhcan no solo le preocupa las condiciones de los pobladores dentro de esos lugares, sino en las comunidades donde se encontrarán con un panorama desolador.
«Con el paso de Eta los habitantes de las 14 comunidades más vulnerables se encuentran desde el 2 de noviembre, refugiadas en albergues de Koom y Wasla, en Waspam, esa gente después de Eta no han regresado a sus comunidades por las inundaciones y con Iota las comunidades han quedado destruidas, árboles caídos, viviendas destruidas, inundadas, prácticamente hay demasiadas comunidades con más afectaciones», manifestó la defensora de derechos humanos en las comunidades indígenas.
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Además, agregó que «nosotros sabemos que la gente come arroz solo un tiempo, a pesar que el Gobierno haya enviado a la región ayuda humanitaria. Ellos no tienen nada, ni ropa para cambiarse, hay ancianas que ya están inflamadas del frío porque se duermen en el suelo, no tienen colchones, ni ropa, el frío está fuerte, están sufriendo hambre, su situación es muy mala».
Adolfina Zamora, comunitaria dijo que la gente aún sigue en los albergues, pero que lo más seguro es que «a partir de mañana (miércoles) ya comiencen a regresar a sus comunidades, deberán regresar a sus casas, pero la llena se está bajando lentamente todavía hay peligro, las comunidades quedaron destruidas», indicó.
Crisis alimentaria y enfermedades
Juan Carlos Ocampo, del Movimiento Pri Laka manifestó que los indígenas de las 14 comunidades han perdido lo poco que les quedaba. «Esa gente ha perdido todo, sus cultivos, ir a dejar a la gente ahí (comunidades) es prácticamente dejarlos a la intemperie a que aguante hambre, porque aunque la gente busque como sobrevivir, no pueden, sabemos que Iota deterioró por completo la actividad productiva de las comunidades, con el nivel de pérdidas de sus cayucos, anzuelos es muy difícil que ahora puedan sobrevivir de la pesca», atinó el activista comunitario.
Bilbao sostiene que desde el momento que los comunitarios salieron de sus casas perdieron todo, hasta sus comunidades, y cuestionó la realidad en la que se enfrentarán cuando retornen. «¿Qué va a pasar?, ¿qué van hacer?, esa es la preguntan que se hacen muchos. Al regresar verán que han perdido todo, desde sus casas, sus pocos enseres, en estos momentos un pedazo de plástico significa oro para ellos, porque van a querer por lo menos tener un techo. Ahora el agua, y alimento es prioridad. Lo que sé es que serán días de retorno incierto», refirió.
La situación de las comunidades de los territorios de Wangki Li Aubra, Lilamni Tasbaika Kum, Wangki Maya y otras…
Publicada por Cejudhcan Derechos Humanos en Viernes, 20 de noviembre de 2020
Bucardo insistió en que las comunidades no están en condiciones para que sus habitantes retornen en medio de una situación de alto riesgo. «Ahí hay mucho lodo, materia orgánica en descomposición lo que significa mucha más enfermedades como la malaria, el dengue y problemas gastrointestinales debido a la dificultad de contar con agua de calidad, porque lo perdieron todo», mencionó.
Finalmente, los defensores de derechos humanos de los indígenas urgen a las autoridades comunales que ante esta situación que se empeora cada día más para las comunidades de los territorios de Wangki Li Aubra, Lilamni Tasbaika Kum, Wangki Maya y otras comunidades del Río Coco, soliciten apoyo urgente a las instituciones del Estado para salvar vidas de las inundaciones que provocaron los dos huracanes.
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Un informe preliminar de la organización ambiental Fundación del Río sostiene que la trayectoria del ciclón ocasionó un impacto mayor y directo, en al menos 23 territorios indígenas mayangnas y miskitus, conformados por 294 comunidades que albergan a más de 147 mil indígenas. Además, detalló que la principal preocupación que agrava la sobrevivencia de los más de 147 mil personas es el tema de inseguridad alimentaria, es decir la crisis alimentaria, que a su criterio y por el acercamiento que tienen con esas familias, muchos están expuestos a sufrir hambre ante la falta de cultivos.