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Comunidad de Amak, en el territorio Mayangna Sauni Bu, en la Reserva de Bosawas. LA PRENSA / CORTESÍA

Comunidad de Amak, en el territorio Mayangna Sauni Bu, en la Reserva de Bosawas. LA PRENSA / CORTESÍA

Bosawas, golpeado por Eta, enfrenta doble devastación con el paso de Iota

Comunidades indígenas sufren doblemente los embates de la naturaleza y el abandono perpetuo. Temen morir de hambre o enfermos

Un grupo de mujeres mayangnas desesperadas, gritando y llorando para que uno de sus comunitarios sea rescatado entre la agitada y crecida corriente del río Amak. El hombre —una pequeña figura entre la masa de agua café— alza sus manos en señal de auxilio, mientras dos indígenas a bordo de una panga luchan por mantenerse a flote y remar en contra de la corriente y contra fuertes vientos para que el comunitario no sea arrastrado y perezca ahogado. Esa es solo una escena que representa la situación de vulnerabilidad en que quedaron las comunidades indígenas mayangnas de la Reserva Bosawas, en el Caribe Norte de Nicaragua, tras el paso del huracán Iota, que entró en categoría 4 y se degradó a tormenta tropical. Otra vez estos nicaragüenses enfrentan solos los estragos de un fenómeno natural.

“El hermano había quedado en las montañas al otro lado del río, como nadie sabía del huracán muchos salieron a hacer patrullajes en sus parcelas, pero se quedaron varados en el camino porque los agarró el fenómeno lejos de sus casas”, reportó un líder mayangna.

Las fuertes lluvias comenzaron a caer en esos territorios desde el lunes. Por la noche adentraron los huracanados vientos que derribaron todo lo que encontraban a su paso, desde árboles, techos de paja, cultivos y hasta algunas casas.

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De acuerdo con el líder mayangna, muchos indígenas en las comunidades de Bosawas no sabían del nuevo huracán, al igual que pasó con el huracán Eta, que ninguna autoridad hizo llegar la información y ahora la situación fue mucho peor, no había señal de radio para al menos informarse de la amenaza natural a través de algún medio local.

Niños, mujeres y ancianos ante el inminente fenómeno meteorológico buscan como protegerse debajo de los tambos de sus humildes viviendas. LA PRENSA / CORTESÍA
Niños, mujeres y ancianos ante el inminente fenómeno meteorológico buscan como protegerse debajo de los tambos de sus humildes viviendas. LA PRENSA / CORTESÍA

A sus territorios ni el Gobierno central ni las autoridades locales se dieron a la tarea de llegar para evacuar a los pobladores tras Eta o de alertar sobre Iota. Nuevamente las  familias están solas en medio del inclemente clima y las condiciones vulnerables de los terrenos que están saturados de tanta agua. Ahí no ha parado de llover.

El huracán Iota sorprendió a la mayoría de hombres haciendo patrullajes en las parcelas, mientras las mujeres, niños y ancianos estaban en las casas de madera y techos de paja, se encerraron en el interior para protegerse pero no fue suficiente.

“Las fuertes lluvias empezaron desde las 4:00 de la tarde (lunes), en la noche se comenzó a oír el rugido fuerte de los vientos que derribaron los árboles, algunas casas y arrasaron con los cultivos de nuestros comunitarios. Algunas mujeres con sus niños amanecieron debajo de los tambos de sus humildes viviendas, otras en medio de la oscuridad y desafiando al huracán decidieron irse a refugiar a la iglesia y escuela de la comunidad”, describió Hamilton Pérez, profesor y líder mayangna del territorio Sauni Bu.

Comunidad de Amak, en el territorio Mayangna Sauni As, en la Reserva de Bosawas. LA PRENSA / CORTESÍA
Comunidad de Amak, en el territorio mayangna Sauni Bu, en la Reserva Bosawas. LA PRENSA / CORTESÍA

Dentro de los estragos que causó el huracán Iota en esas comunidades están árboles caídos, viviendas sin techos, otras destruidas, letrinas dañadas y cultivos inundados. Algunos comunitarios lograron albergarse en la iglesia y colegio de la comunidad —las estructuras más sólidas en el lugar pese a que están deterioradas—, no soportaron durante la noche el inclemente frío, vientos y lluvias que los acechaban. Por la madrugada se suspendió el flujo de la energía eléctrica, regresó pero es inestable. Las lluvias son la únicas constantes.

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Incomunicados, abandonados y bajo los embates de la naturaleza están en la comunidad mayangna Alal, que en enero de este año fue víctima de un violento ataque de colonos, con el resultado de cuatro indígenas asesinados, ganado muerto y parte del caserío incendiado, en el territorio Sauni As.

“Nuestras comunidades se encuentran bajo afectaciones de fuertes lluvias, vientos, ríos crecidos. Anoche, como a las 10 de la noche, hablé con el reverendo de Alal y me confirmaba que ellos se estaban autoevacuando para la iglesia y la escuela, porque ellos no tienen ayuda de nadie y además otra vez las autoridades competentes de ese sector no dan su cara ante estas emergencias”, manifestó el líder mayangna Byron Bucardo.

“Hambre y enfermedades nos acechan”

Ambos líderes mayangnas sostienen que las comunidades de sus territorios son tan vulnerables a los embates de fenómenos meteorológicos que cada vez que enfrentan uno nuevo se agrava la crisis alimentaria y económica que por años han sufrido en medio del olvido estatal y los ataques de colonos armados.

“Ni siquiera se han hecho un cafecito, están sin desayunar. Temen salir por la situación de las lluvias y los vientos. Aquí la comida se cocina con fuego, este clima también le impide que uno alimente a los niños y ancianos. Nuestros cultivos fueron arrasados, no tenemos, no ha quedado ni siquiera guineos, aquí ahora sí tememos morir de hambre o enfermos”, afirmó Pérez.

Comunidad de Amak, en el territorio Mayangna Sauni As, en la Reserva de Bosawas. LA PRENSA / CORTESÍA
Comunidad de Amak, en el territorio mayangna Sauni As, en la Reserva Bosawas. LA PRENSA / CORTESÍA

Los que están en la iglesia, albergue dentro de su comunidad, también se mojaron por los fuertes vientos que han introducido el agua hasta por las rendijas, colándose dentro de la infraestructura de madera y zinc. “Las lluvias y los vientos se mantienen, no hay energía. Se sienten con miedo y amenazados”, mencionó Pérez.

Por su parte, el líder del territorio mayangna Sauni As, Bucardo apuntó que “nuestras comunidades son más vulnerables porque muchas familias viven a las orillas de los ríos, la comunidad de Alal, en medio de otro huracán no ha recibido ninguna ayuda, las autoridades no están atendiendo a los comunitarios y lo más grave es que ahora ni el bocado de un día tenemos, los niños tienen fiebre, tos, diarrea, están enfermos”.

 

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