Sabía dibujar, pintar y escribir, y algunos de sus textos, publicados en LA PRENSA donde laboró durante años, fueron acompañados por aquellos muñecos con los que se mostró como artista, una de sus múltiples facetas en su larga carrera periodística. Mario Fulvio Espinosa murió este sábado a sus 82 años, informaron sus familiares.
Según las biografías, que escribieron algunos de sus amigos en diarios nacionales, estudió aviación, quiso ser médico, y dirigió escuelas de periodismo tanto en Nicaragua como en Honduras, donde sus colegas lo reconocieron como un experto. En 2011 recibió la orden al mérito del Parlamento Centroamericano que entonces rindió homenaje a tres robles más del oficio: Manuel Espinoza Enríquez, Rodolfo Tapia Molina y Filadelfo Martínez.
Premio a Periodista de La Prensa
Ernesto Aburto, un excompañero de trabajo de Espinosa tanto en LA PRENSA como en El Nuevo Diario, considera que su muerte es una pérdida irreparable para el periodismo en Nicaragua, porque se trató de un profesional que enseñó las técnicas de comunicación a generaciones completas de periodistas. Aburto lo caracteriza como alguien con paciencia para enseñar y con mucho conocimiento.
Huella igual en Honduras
Fundó la Escuela nacional de Periodismo en Honduras. “Su muerte va impactar allá porque vivió muchos años en ese lugar; tenía muchos discípulos. Su principal característica era su vasta cultura universal en el campo político, la literatura e historia”, añadió Aburto, quien recuerda que el profesor solía traer a colación el pensamiento de grandes autores para asociarlos a conceptos que quería fijar en sus propios escritos.
El periodista Guillermo Cortés Domínguez dice que fue “bonachón” y destacó su vida profesional: experiencia en radio, prensa escrita, también director de la Agencia de Noticias Nueva Nicaragua y autor de media docena de libros.
Fue amistoso
Cortés dice que “era amistoso. Su inalterable adhesión al FSLN y el alejamiento creciente de periodistas que empezaron a criticar a esta organización política creó distancias entre él y algunos colegas, pero en los últimos años él reconstruyó estas relaciones. Perdura su imagen de maestro bonachón”.
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