- Siempre he creído en el poder de convocatoria que tienen las lejanías. La compulsión de compartir recuerdos, querido Sancho, crece al aumentar la soledad, y sobre todo porque esa soledad deviene del aislamiento que por razones de edad, sexo, razas y creencias proponen algunos hombres.
Mario Fulvio [email protected]
La desaparición física de Managua durante el terremoto de 1972, despertó algunos años después el fenómeno de los “recordadores irredentos”, miembros dispersos de una colectividad sentimental de sobrevivientes de esa catástrofe que de una u otra manera desean dar testimonio de sus vivencias en la desaparecida ciudad.
Este afán de añorar resulta incomprensible a veces para quienes viven en otras ciudades que permanecen incólumes ante el paso de los años. ¿Qué podría añorar un leonés, un granadino, un matagalpino o boaqueño, cuyas ciudades no han cambiado y permanecen tal como las vieron desde que nacieron?
En cambio, nosotros —“los viejos managuas”— caminamos ahora en un remedo de ciudad sin espíritu, que no guarda referencias físicas del pasado, que carece de un núcleo urbano y más parece estar construida para vehículos que para seres humanos.
Con el deseo de revivir el pasado comencé a elucubrar hace veinte años esta sección de lectura periodística “Cosas veredes Sancho amigo”, y a través de ese lapso me encontré con numerosos amigos que me brindaron sus testimonios y patentizaron la necesidad de compartir sus experiencias en una especie de club de reuniones periódicas.
“Excelente idea”, dijimos, pero jamás concretamos nada. Por eso un día de tantos apelando a la imaginación, fundamos “La Peña del Viejo Solitario”, un lugar paradisíaco imaginario, donado por un Mecenas anónimo que nos proporcionaba “hacha calabazo y miel” con tal de participar en esas amenas tertulias recordatorias.
Para incentivar la idea de La Peña hice que se originaran en su seno algunos temas que mis amigos me brindaban. Incluso levanté lista de los parroquianos y de sus características psicológicas… Pero nada. La Peña siempre ha quedado entre nubes, en un mundo onírico o en puros sueños diurnos.
Por esa razón, para mí fue una noticia bomba conocer la existencia del “Grupo de las Muchachas y los Muchachos”, fundado en mayo de 1970 por alumnas de la Escuela Normal de Señoritas que dirigía la profesora Josefa Toledo de Aguerri, y que, para patentizar su vigencia, se sigue reuniendo cada mes en algún lugar de Managua.
DOÑA CHEPITA DE AGUERRI Y SUS ALUMNAS
Fue la profesora Gioconda Sánchez Bonilla la que me puso al tanto de la vida y milagros del “Grupo”, que surgió por iniciativa de la maestra Josefa Matilde Bonilla “La Pepa” (q.e.p.d.), para propiciar un ambiente de relaciones amistosas entre sus socias y socios, igual que para mantener vivos los ideales y valores que adquirieron en la antigua Escuela Normal.
“La mayoría de nosotras nos conocimos siendo adolescentes en la Normal de doña Chepita, y el tratamiento que desde entonces nos dábamos era el de “muchachas”. Por eso al fundar el grupo decidimos continuar nombrándonos así, y ya ha pasado más de medio siglo y seguimos siendo “las muchachas”, algunas ya han fallecido, otras han celebrado bodas de oro matrimoniales acompañadas de numerosos nietos e incluso bisnietos”, explica la profesora.
SANCHEZ BONILLA
“Somos grandes amigas, agrega. Somos alegres y optimistas. Mujeres profesionales de acción y de empresa. Estamos juntas en las buenas y en las malas, y con el tiempo fuimos integrando a nuestros maridos y a mujeres jóvenes que comparten nuestros ideales”. Orgullo y honor para el grupo es haber sido alumnas de la insigne educadora Josefa Toledo de Aguerri, dama de grandes dotes ciudadanas y la primera que luchó para que las mujeres tuvieran los mismos derechos que los hombres. “Doña Chepita —señala doña Gioconda—, se adelantó a su época y proclamó la igualdad de género, nuestro derecho al voto, a la profesionalización y participación política.
“Fue también doña Chepita una escritora y ensayista notable. Hizo periodismo a través de la fundación de la “Revista Femenina” en la cual, además de defender los derechos femeninos, impulsaba la obra literaria, poética y científica de los nicaragüenses”.
Entre las maestras y maestros notables que integraron el grupo de “Las Muchachas y los Muchachos”, figuraban las profesoras Josefa Bonilla de Sánchez (la Fundadora), Leonor García de Estrada (Doña Leíto), Ilú Montealegre de Rivera, las doctoras Concepción Palacios y Esperanza Centeno, y los profesores Pedro J. Quintanilla y Guillermo Rosales.
En el grupo hay otras mujeres a las que se han otorgado distinciones, entre éstas las medallas Rubén Darío, Ramírez Goyena, premios a la excelencia, Mujer de Nicaragua y Madres del Año. Otras desempeñan cargos honoríficos en la Cruz Roja, Damas Grises, Damas Voluntarias, Club de Leones, Corte Suprema de Justicia, escritoras notables y diputadas, ministras y viceministras.
LAS REUNIONES DE «LAS MUCHACHAS»
¿Cómo transcurren las reuniones de “Las Muchachas”?, preguntamos a la profesora Sánchez.
Nada impuesto, por supuesto. Realizamos concursos de chistes, comidas y bebidas. Cada quien luce sus galas. Berta Emilia cuando entra nos hace una reverencia y nos enseña un vestido, una joya, un bordado o un detalle. De estas cosas, el maestro Jenaro Sánchez hace pequeños poemas: “Doña Ilú es la de los tangos/ a veces baila con Connie,/ otras veces con Marina/ y también con la Corina”.
En esas reuniones la frase más usada es… “¿Se acuerdan? Y comenzamos a desenvolver recuerdos y a veces a cantar el Himno del Normalista que en una de sus estrofas dice: “De aquí iremos abriendo los surcos/ y regando invisible cimiento/ nuestro campo será cada mente/ nuestro impulso será el corazón”.
MÍNIMO REGLAMENTO
-La sede del grupo no es permanente sino rotativa, en los hogares de las socias que así lo soliciten.
-Pueden incorporarse al grupo otros maestros, amigos y simpatizantes.
-La Junta Directiva se elige en asamblea bienal de socios
-El grupo acaba de consagrar a doña Conny Osorno de Pérez como Madre Espiritual de 2002
GLOBALIZACIÓN Y SOLEDAD
El aislamiento y la discriminación crecen porque en lugar de globalizar los más preciados valores humanos, se apuesta a la construcción de un androide antihumano, manipulado, egoísta, exitoso comerciante de bisuterías y marcas, prepotente e indiferente ante lo que no sea de su particular provecho