A medida que avanza el calendario y el Gobierno no da señales de querer dar el banderillazo para dar por iniciadas las elecciones del 2016, las especulaciones al respecto aumentan y cada día son más los que afirman que dicho atraso se debe a la lucha interna que hay entre los partidarios del Gobierno. Según algunos sandinólogos amigos, en este momento hay dos bandos, los que analizan las medidas a tomar a la luz de sus intereses y los interesados en no perder la cuota de poder asignada.
Mi criterio es que si al momento en que el matrimonio decida iniciar el período electoral, el órgano rector sigue en manos ciento por ciento gobiernistas, es que ganaron los interesados. En cambio si antes de dar por iniciado el periodo electoral hay más cambios en el Consejo Supremo Electoral (CSE) es que ganaron los intereses. ¿Cuál es la diferencia? ¿Quiénes son unos y otros y sobre todo, qué consecuencias podemos esperar de dicha decisión?
No hay que ser muy sesudo para darse cuenta que los máximos intereses del partido de gobierno giran alrededor del matrimonio presidencial, su familia y sus socios. En cambio los interesados son aquellos lambiscones que usualmente medran alrededor del poder sin importar si son de derecha o izquierda, estos usualmente viven con ostentación, pero no tienen para aguantar sus lujos si su fuente de poder entra en crisis, motivo por el que son o más bien aparentan ser los más duros entre los duros. La frase que mejor los describe es la que nos dejó el difunto Tomás Borge sobre la posibilidad de la entrega del poder.
Al momento de escribir este artículo aparentemente van ganando los interesados, ya que los que detentan el poder en el gobierno no dan ninguna señal de que las próximas elecciones serán distintas a los últimos cuatro fraudes electorales, y es comprensible, las páginas de la historia están llenas de hombres y mujeres que en un momento se sintieron tan poderosos, que llegaron a creer que ellos serían la excepción y que gobernarían hasta la consumación de los siglos. La soberbia, la avaricia, el deseo insano del poder absoluto y las continuas loas de los interesados, les impidieron vislumbrar el final que se avecinaba; busquen y vean los rostros de Gadafi y Hussein al momento de sus capturas y últimamente el rostro de incredulidad de Evo Morales después de perder el referéndum.
Ahora solo nos queda elucubrar sobre las consecuencias que podrían devenir si ganaran los interesados, algo que considero muy posible. Para no ir muy lejos en comparaciones, recordemos al último Somoza y las múltiples oportunidades que tuvo de convertirse en una excepción permitiendo las elecciones que el pueblo le demandaba. La sola posibilidad de que accediera y adelantara las elecciones, activaba a los interesados que inventaron de todo para evitar que el caudillo tomara una decisión que perjudicara en sus intereses, de allí salieron frases como el huracán de la paz, no te vas te quedás y otras por el estilo. A todos ellos sin excepción los vi correr cuando las cosas se pusieron difíciles.
He querido hacer esta exhortación, porque los astros hace rato comenzaron a desalineársele a los regímenes populistas y Nicaragua no será la excepción.
El autor es analista político