Edmundo Jarquín

Evo y Ortega, o la tentación de sí mismo

“El gobierno más exitoso del populismo latinoamericano acaba de perder el referéndum”, subtituló el periódico español El País una de sus crónicas sobre los resultados, en Bolivia, del intento del presidente Evo Morales de obtener mediante referéndum una reforma constitucional que le permitiera ser candidato presidencial por cuarta vez consecutiva.

En clave nicaragüense, la noticia ha sido comentada y analizada desde diferentes ángulos, señalando las semejanzas y diferencias entre nuestro país y otros, como Bolivia, vinculados al proyecto Alba, y en particular a su núcleo duro, conocido como “Socialismo del Siglo XXI”. Desde luego, la diferencia que más se ha subrayado es que mal que bien en Bolivia, Ecuador y Venezuela, los votos se han contado bien, lo que no ha ocurrido en Nicaragua desde que Ortega volvió al gobierno en 2007.

Sin embargo, la calificación de “más exitoso populismo latinoamericano” (refiriéndose a casos de populismo autoritario) puede resultar un poco exagerada, porque ese título pertenece a Ortega sin lugar a dudas.

Ortega empata con Evo en cuanto a un manejo macroeconómico prudente, porque ambos saben por experiencia de sus países las consecuencias políticas del desorden económico, las políticas estatistas y la hiperinflación.

Empatan, también, en que los altos precios del petróleo y del gas les han permitido aumentar el gasto social, a través de programas clientelares, manteniendo los equilibrios macroeconómicos.

Bolivia como productor de gas, y el Gobierno de Nicaragua agarrando a mano llena parte de la renta petrolera venezolana.

De Ortega aprendió Evo a entenderse, en forma corporativa, que es diferente a la competitiva del mercado, con parte del sector privado. ¿Recuerdan los choques iniciales de Morales con la élite económica de las provincias de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, que hasta llegaron a hablar de independizarse del resto de Bolivia? Esa es historia. Ahora esas élites están felices con Evo, quien ha derramado sobre ellas parte de la bonanza del precio del gas, como la bonanza petrolera venezolana ha permitido a Ortega tejer una densa red de intereses empresariales.

Empatan, también, aunque Ortega le saca una cabeza de ventaja, en hostilidad hacia las organizaciones de la sociedad civil.

Pero no empatan, del todo, porque Ortega le saca mucha ventaja a Evo Morales, en cuanto al carácter autoritario. Ortega es, de lejos, el más autoritario de todos los países del “Socialismo del Siglo XXI”, con la excepción de Cuba que, además, nunca ha pretendido ser parte del “Socialismo del Siglo XXI”, porque se quedó en el siglo XX.

Ortega ha “reprivatizado el monopolio de la violencia”, a través de sus fuerzas de choque, en forma más organizada y violenta, y con más tolerancia de la Policía, que “los motorizados” venezolanos, y ya no se diga de Bolivia y Ecuador donde esas fuerzas de choque prácticamente no existen.

Ortega, vía compra y alianzas empresariales, y un manejo arbitrario de las licencias, ha copado más la libertad de expresión que Bolivia, Ecuador e incluso que Venezuela.

Y el control de Ortega de los otros poderes del Estado es más absoluto, como lo demuestran los resultados electorales recientes en esos países.

Pero Ortega, además, y no solamente por ser Nicaragua más pequeña, ha tenido la capacidad, siendo el más autoritario entre esos autoritarios, de “pasar agachado”, es decir, de apretar el puño autoritario sin que el radar internacional noticioso lo capte y lo refleje.

La expulsión del PNUD ha traicionado esa política de “pasar agachado”, y por varios días el gobierno de Ortega ha estado en el candelero de las noticias internacionales, y eso que poco se ha comentado que el único otro país que expulsó al PNUD, hace 10 años, fue Corea del Norte.

También “la tentación de sí mismo”, como El País calificó el intento de Evo de eternizarse en el poder, tentación que lo perdió, puede perder a Ortega si la oposición va a las próximas elecciones con la decisión de desconocer los resultados electorales, si se dan las mismas irregularidades que en 2011.

La palabra, por tanto, no la tiene Ortega, que ya cedió a la tentación de sí mismo, sino la oposición que no puede ceder a la tentación de más de lo mismo.

El autor es excandidato a la Vicepresidencia de Nicaragua.

Opinión Alba Daniel Ortega El País Evo Morales archivo

COMENTARIOS

  1. Ken Briell
    Hace 11 años

    Si Sr ex Ministro de Ortega en los 80 manejando la plata de Gadaffi para el hombre, fue también su embajador y diputado, «cero» autoridad moral para criticar y señalar a nadie

  2. Felipe Torrente
    Hace 11 años

    En Corea del Norte el PNUD otorgó recursos al gobierno para ejecutar sus programas, pero cuando EEUU pidió, como donante principal, una auditoría similar a la de gobiernos estatales de EEUU, El dictador de Corea del Norte se negó . En ese momento el PNUD retiró el apoyo. Aquí en Nicaragua lo que quería Ortega era manejar la plata del PNUD igual que en Corea, o como se manejaron las partidas de Venezuela, y cuando el PNUD se negó lo expulsaron del país.

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