Llegó la hora de la clasificación y de la definición. Efecto del proceso es la convocatoria que el Comité Ejecutivo del Partido Liberal Independiente hizo recientemente para dar a conocer el procedimiento para elegir a los candidatos a diputados con motivo de la celebración electoral fijada para noviembre del 2016. Luis Callejas advirtió que el sistema para confirmar a los aspirantes no podía ser congruente con la maniobra “cajonera” del “dedazo” usado por las figuras cimeras o caudillos de los partidos.
Me correspondió estar presente como miembro del Comité. Hubo corpulencia testimonial al comprobarse la pulcritud del sistema para elegir, ventiladas las posibilidades de que ahí se sembrase la semilla de la inclusión. El periodo de inscripción agotó su tiempo. Los rostros precandidaturales están dentro. Solo se espera que los aspirantes confirmados afloren una vez que las directivas departamentales y municipales con la conjunción de otras autoridades hayan consumado los requisitos finales. Es una votación de connotación pública y no secreta donde las estructuras del partido le otorgan el respaldo al candidato de su preferencia, ya inscritos con el padrón electoral puesto en las manos y la conciencia. Mujeres y hombres alternados según las últimas disposiciones.
Creo firmemente fijando la mirada en el pasado con huellas en el presente —físicamente el tiempo no existe pero tiene ojos para ver las actitudes de los seres vivientes— sin nombres para no herir susceptibilidades, que los diputados del PLI han desempeñado una excelente función de oposición representativa dentro de las limitaciones de una minoría que no ha sido opacada por la abrumadora mayoría oficialista, aplanadora sobre la fragilidad numérica, posición en obvia desventaja que le inhibe lucir las densidades de ninguna capacidad resolutiva más que el recurso de la denuncia y ser factor defensivo incluso para enderezar alguna posición justa, ética, razonable. Capacidad para denunciar y no para resolver. Y más cuando la suma no discierne, y solo sigue el temple mecánico de la consigna, de la orden desde las alturas.
Puedo citar al que más paradigmático me suena en la argumentación: Eliseo Núñez, oportuno en la aplicación de la lógica, habitante en las parcelas distantes de la ilusión y el pragmatismo, y en el otro lado de los estilos que van dentro de los extremos —juventud y madurez— el que concierne a la ecuanimidad reflexiva de Indalecio Rodríguez. Tantos nombres pueden citarse con rango en la validez de una minoría parlamentaria que ha demostrado las más convincentes credenciales dentro de lo poco que tenemos como oposición unida, reticente a viajar en la misma ruta. Las credenciales se extienden a las calles donde con la disciplina en el tiempo, cada miércoles el PLI ha reunido a sus miembros —de base y de cúpula— no separados por los muros jerárquicos donde han defendido el derecho de protestar cívicamente en favor de la libertad.
Aunque el cuero del tambor está impregnado por “el frío en el alma”, no puede negarse que las luces parlamentarias opositoras han estado siempre encendidas en la Asamblea Nacional. Algunos diputados quieren volver a tronar, otros no como Eduardo Montealegre en cuanto al retorno de la diputación o la presidencia. Quiere más la llanura que nadar en el río seductor del poder. Lo cierto es que no son pocos los que tienen méritos para repetir aunque prevalezca la tendencia del estreno con nuevos valores.
El autor es periodista.