En la época de los gobiernos liberales después de 1990, era común oír preguntarse en sus declaraciones a los portavoces del Frente Sandinista que aunque había un repunte económico producto de las “políticas neoliberales” impuestas por los gobiernos que sucedieron a Violeta Barrios de Chamorro, por qué había tantas y enormes filas en el Consulado de Costa Rica y en Migración, de ciudadanos empobrecidos pidiendo una visa para irse del país a buscar mejor vida. Hasta se reían ellos de las grandezas del capitalismo y su contrastante ola de gente desesperada, hambreada y urgida de un trabajo para llevar el sustento diario a sus hijos.
Las cosas de la vida, la economía y de la política. Después de esos “años neoliberales”, con el gobierno del presidente Daniel Ortega a cuestas, quien haya pensado que dichas filas se terminarían para siempre con las bonanzas del solidarismo Ortega-Murillo, habría de haber sido un iluso o estado fuera de todo sentido social común, ya que por el contrario, es ahora con los años del gobierno sandinista que la gente que ronda consulados como el tico, es en proporciones numéricas, el doble o el triple que antaño.
Es lamentable cómo a diario nuestros compatriotas se quieren ir de Nicaragua, incluso, se está produciendo un nuevo fenómeno, de gente del Pacífico que está emigrando al Caribe en zonas como Waspam y Río Coco, y los pobladores tradicionales de estas comunidades se están yendo a Honduras al sentirse desplazados por sus propios connacionales.
La economía nacional no anda bien. Quizás la macroeconomía y esto que con muchas dudas que se desprenden de los últimos informes del Banco Central, desmentidos recientemente por destacados economistas nicaragüenses. El comercio eventualmente es una quimera, pero si está un poco mejor es debido a sus propias dinámicas mercantiles y al consumo que producen las remesas y, bueno, admitamos que ha mejorado uno que otro segmento de la construcción. No obstante, no podemos tapar el sol con un dedo queriendo hacer lucir que todo está “bonito” como rezan los eslóganes publicitarios del gobierno de “unidad y reconciliación”.
Esta situación, más la creciente falta de institucionalidad, en reiteradas violaciones a la Constitución, a los derechos humanos, en los exabruptos policiales, la falta de credibilidad en el Consejo Electoral de que garantice elecciones transparentes y el rechazo a la construcción del Canal Interoceánico, están generando más inconformidad ciudadana, lo que parece no importarle a las actuales autoridades, sin embargo, no podemos descartar que de un momento a otro se llegue a un estallido social, pues pareciera que nada inmuta al gobierno sandinista a cambiar de opinión y más bien endurece sus posturas ante la queja ciudadana.
Queja que a diario también se pone de manifiesto en la larga fila frente al consulado costarricense integrada por una juventud carente de oportunidades, adultos y profesionales nicaragüenses con un título en mano que no les sirve para nada, pues no hay empleos en el país más que para la élite rojinegra. Ahora los portavoces del frentismo de este espinoso tema prefieren no hablar, pero tengan por seguro que mientras más larga es la cola tica, más grande es el descontento de una población a la que se le agota la paciencia ante la insensibilidad e incapacidad de este régimen y eso en condiciones favorables. El autor es miembro de la Mesa Directiva de la Coalición Nacional por la Democracia