Fabián Medina

En Letra Pequeña

Google

Dice Google Maps que se equivocó al mostrar la frontera de Nicaragua después del pedazo de tierra que Costa Rica reclama como suyo, y que rectificaron al percatarse del error. Bastante raro eso. Si ellos saben que la frontera anterior “es un error”, ¿en qué se basan para decir que la que han puesto ahora es la correcta? Si lo que está planteado es un litigio, ¿por qué ni siquiera dar el beneficio de la duda a las partes y, en cambio, decidir, sin que nadie los haya elegido autoridad alguna, que esta posición “es un error” y esta otra “es lo correcto”? Huele a podrido en la red.

Juego limpio

La verdad, en el pleito con Costa Rica, yo temo que este gobierno que tenemos, por ponerle Juana Ramos, le termine poniendo… Otro nombre. No podemos obviar que este gobierno está acostumbrado a hacer las cosas al trompón y la patada, a hacer marrullerías para conseguir lo que quiere basado en que “el fin justifica los medios”, a revolver lo nacional con lo partidario y a retorcer las leyes a su conveniencia. Mucho cuidado. A la mayoría de los nicaragüenses sólo nos gusta ganar con juego limpio.

Banderas

Sin embargo, hay que reconocer que hasta ahora ha manejado bien el asunto, y por ello ha encontrado un justo respaldo nacional. Eso lo debe cuidar. Y un buen paso sería dejar de andar poniendo la bandera de su partido, al menos en las actividades que tengan que ver con este tema que nos convoca a todos como nicaragüenses, sin ningún signo partidario. Pero hemos visto la bandera rojinegra tras él en la cadena donde sentaba la posición nacional ante las quejas de Costa Rica, la vemos ondeando en la draga que trabaja en el río San Juan y, de remate, la vimos tras el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, cuando vino a Nicaragua. ¿Por qué no dejar que sea la bandera de Nicaragua la única que cubra estas actividades? ¿Por qué no guardar, al menos por esta vez, las banderas partidarias?

Cortina de humo

Los nicaragüenses, de tan apasionados que somos, tomamos cada tema como si en ello se nos fuera la vida y nos olvidamos del resto de problemas. Los políticos conocen bien este “comodín” y lo usan a su conveniencia tantas veces necesitan. Sin ánimo de quitarle la justicia que carga la posición nicaragüense sobre el tema del río San Juan, tampoco se puede negar que nos hemos olvidado de otros problemas que están ahí, creciendo rechonchos: la leptospirosis, los magistrados de facto que administran nuestras vidas, el fraude electoral que se organiza… Alguien está pescando en el río revuelto.

Elecciones limpias

Al paso que vamos, de lo único que podrá fachentear la oposición es de haber logrado evitar el fraude en las elecciones del próximo año. Es que, a como van las cosas, Daniel Ortega y Roberto Rivas ni siquiera necesitarán repetir el fraude para ganarle a esta oposición que está jugando para perder. Simple lógica: si Ortega puede ganar limpiamente, ¿para qué va a activar el fraude? Es obvio que él tratará de imponerse como presidente a como sea, y el fraude es un mecanismo que ha armado con paciencia y devoción para llegar al punto de solo apretar el botón y ¡zas! cambian los números en el Consejo Supremo Electoral. Pero también es cierto que él sueña con la legitimidad que pudieran darle unas elecciones limpias, y la oposición le está cumpliendo ese deseo.

Factor Alemán

En este panorama, ¿a qué apuesta Arnoldo Alemán? Él sabe que es imposible que sea el candidato que una a toda la oposición. Sabe además que desunidos nunca podrán ganarle a Ortega. ¿Entonces? ¿A qué juega cuando insiste con tanta tenacidad en ser candidato? Una de dos: o tiene la esperanza de que Ortega le limpie la boleta y lo deje solo a él como “oposición” o, como se teme, tiene por única misión provocar el mayor daño posible entre los opositores con el exclusivo propósito de que Daniel Ortega gane fácilmente.

Columna del día Opinión
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