Ningún país progresa si la mayoría de sus habitantes carece de aspiraciones y confianza. Ese parece ser uno de los males de Nicaragua, donde el conformismo gana adeptos entre gente pobre que prefiere vivir de dádivas en vez de ir tras metas que transformen sus vidas.
Hay dos datos en la última encuesta de M&R Consultores que muestran el desánimo y la incertidumbre que padece casi un tercio de la población nicaragüense, al grado de ya no tener expectativas.
Al preguntar la encuestadora cuáles son sus metas para los próximos 10 años, el 24.8 respondió que no sabía o no tenía. ¿Cuáles son, entonces, sus metas a un año? En este caso, de manera sorpresiva, aumenta a 29.6 por ciento el segmento de quienes carecen de planes u objetivos.
“Es como si el alma la tienen muerta, viven el día a día y no tienen ninguna ilusión”, me dijo el director de la encuesta, Raúl Obregón, al interpretar la condición de este sector de la población.
El caso es más preocupante si observamos que esa población sin ninguna aspiración está compuesta por adolescentes (22.7%), jóvenes (23.2%) y jóvenes adultos (74.4%). Son personas en edad productiva y, de seguir así, podrían terminar, en el mejor de los casos, trabajando en algún país vecino; y en el peor, en vicios o actividades delictivas.
La gente sin metas ni esperanzas es también susceptible de ser usada por los políticos, advierte Obregón. Es cierto y lo vemos con frecuencia en Nicaragua, más desde que volvió al gobierno el Frente Sandinista (FSLN), en enero de 2007, un partido que ha organizado hasta turbas con ciudadanos desempleados o muy pobres, compensándoles con comida y algunas regalías.
La población de Managua vio, durante meses, a grupos de gente pobre llevados por el FSLN a las rotondas de la ciudad, para que permanecieran allí, día y noche, sin hacer nada más que levantar banderas de ese partido y carteles de apoyo al presidente Daniel Ortega.
¿Y esta gente no tiene qué hacer?, se preguntaron más de una vez ciudadanos que iban o venían de sus labores.
La aspiración más importante, para quienes sí tienen una idea del futuro que desean, es la estabilidad laboral, según el estudio de M&R. El 23 por ciento espera eso al cabo de 10 años y el 34.4 por ciento lo anhela para los próximos 12 meses.
La segunda aspiración importante, entre los encuestados, es tener una vivienda. El 22.4% cree que puede conseguirla en los próximos 10 años y el 10 por ciento en un año.
Estas respuestas también denotan inseguridad laboral y condiciones precarias de vida; y no es para menos, porque en Nicaragua los problemas principales son el desempleo (33.3%) y la pobreza (30.4%).
Para superar esos dos males el país requiere más ciudadanos ilusionados con un futuro distinto, con más educación, mejores condiciones laborales y mayor democracia. El problema es que uno de los motores principales, el de las aspiraciones que mueven a la sociedad hacia el cambio, está apagado. Por eso la mitad de los nicaragüenses mantiene la idea de emigrar.
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