Caramba los políticos son iguales en todos lados, prefieren hacer el ridículo antes de decir algo que los pueda hacer parecer como que van contra la corriente de la opinión pública.
Tomemos el caso de Ecuador de la semana pasada. Ya han pasado más de ocho días y todavía se sigue hablando de un intento de golpe de Estado, cuando lo que sucedió ahí fue un “show” que se salió de control.
Dejemos el histerismo de los presidentes y políticos encabezados por el propio Rafael Correa y el en este caso sí— muy solícito Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, y examinemos los hechos que llevaron a este “intento de golpe”.
Primero tenemos que recordar que lo que había era una protesta policial dentro de instalaciones policiales y esa protesta era de carácter gremial. Se iba a aprobar una ley que los policías consideraban les restaba beneficios.
Segundo, y este punto es muy importante, el que llega a las instalaciones es el presidente Rafael Correa dizque a negociar. Si éste es un intento de golpe de Estado, debe ser el primero en la historia del mundo en el que el presidente sale a buscar a los “golpistas”.
Tercero, siguiendo el libreto del histriónico Hugo Chávez, el presidente Correa al ver que no puede manipular a los policías decide hacer el show gritando “aquí tienen al Presidente, mátenme si eso es lo que quieren, cobardes”.
Al parece a los policías, que de por sí ya estaban enojados por la pérdida de sus beneficios, no les cayó en gracia el show de Correa y sólo bastó que uno se decidiera a darle un manotazo al Presidente bocón para que las cosas se salieran de control.
¿Tenían razón los policías en protestar? Sí. ¿Tenían derecho a agredir al Presidente? No. ¿Es esto un golpe? En ningún momento tuvo tales características, nadie salió diciendo que tomaba control del país ni se reveló un plan que demostrara cómo planeaban tomar el poder.
¿Estuvo en peligro la vida de Correa? Sí, pero el único responsable de eso es él mismo.
Porque lo que hubo ahí fue un acto de insensatez presidencial ¿qué necesidad tenía de llegar hasta donde estaban los policías? Un acto de irresponsabilidad de parte de la seguridad presidencial por permitirle la locura de ir a meterse a ese lugar, y un acto de bravuconada que salió mal.
Esa actitud es típica del “hombre fuerte” latinoamericano, el que todo lo resuelve él mismo. ¿Acaso Correa no tiene un ministro de Gobernación que pudiera lidiar con esto? ¿Y la jefatura policial tampoco podía negociar con los manifestantes? Pero no, siguiendo la ridícula tradición latinoamericana el único que puede resolver es “el hombre”. Pues al “hombre” le dieron un buen susto.
Pero que la lógica no vaya a arruinar una buena oportunidad para robar cámara y llevar agua a su molino haciendo creer que esto es “un plan del imperio”. A los políticos, empezando por Correa, no les importa ser “ridículamente correctos” siempre y cuando se le pueda tirar una que otra piedra al “imperio”. Pero lo peor es que ni el mismo “imperio” es la excepción ya que, para ser ridículamente correctos, ellos también allá condenaron “el golpe”.
¿Por qué le cuesta tanto a los políticos llamar al pan pan y al vino vino? Muchas cosas mejorarían con sólo que hablaran claro porque ahí lo que hubo fue una metida de pata de un muchachito que cree que con su labia y sus aspavientos puede convencer a cualquiera.
Si fuesen sinceros les podría quedar tiempo para poner atención a los lugares donde en realidad se está destruyendo la democracia y la institucionalidad, no con grandes aspavientos, sino construyendo paso a paso un régimen fascista, como está ocurriendo en Nicaragua. [email protected]
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