Querida Nicaragua: Hay una frase de las muchas que dejó el apóstol de América, José Martí, que es digna de mencionarse en nuestro ambiente. Y es la siguiente: “Quien ha sabido preservar su decoro, sabe lo que vale el ajeno y lo respeta”.
Quien no ha tenido decoro no respeta el decoro de sus semejantes. Y ¿qué es decoro, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española?
Decoro es honor, respeto, reverencia que se debe a una persona por su nacimiento o dignidad. Decoro es circunspección, gravedad. Decoro es pureza, honestidad y recato. Decoro es honra, pundonor, estimación. Decoro es nivel mínimo de calidad de vida para que la dignidad de alguien no sufra menoscabo.
Todo esto y otros conceptos más significa la palabra decoro. Sobre todo decoro es honradez, honestidad, respeto por el prójimo.
José Martí era un hombre especial. Luchador por la libertad de Cuba en contra del imperio español, conferencista extraordinario, poeta de una sensibilidad exquisita, a quien Rubén Darío llamaba “maestro”.
El humanismo más puro, la virtud del perdón y la comprensión, están presentes en la personalidad de José Martí, quien dejó también estos versos que lo retratan de cuerpo entero: “Cultivo una rosa blanca,/ en junio como en enero/ para el amigo sincero/ que me da su mano franca. / Y para el cruel que me arranca/ el corazón con que vivo / cardos ni ortigas cultivo / cultivo una rosa blanca”.
En la actitud y los pensamientos de los hombres se retrata su personalidad. A un hombre noble se le conoce por sus actitudes de nobleza, en cambio a un patán igualmente se le conoce por su comportamiento y por sus maneras chabacanas de tratar al prójimo.
El decoro es uno de los tantos valores morales que las gentes bien nacidas cultivan desde la niñez por el ejemplo en sus padres.
Recuerdo que hace muchos años llegó a mi pueblo un caballero español de esos que no se sabe quiénes son y a quienes sólo se puede conocer por su comportamiento. Era sastre y hablaba mucho, además tenía ciertos rasgos de afeminado. Al poco tiempo el pueblo estaba convertido en un pequeño infierno con tanto rumor, se hablaba del honor de algunas demás, de la integridad de algunos caballeros que siempre gozaron de prestigio y honorabilidad. El autor de los rumores era el sastre afeminado que no respetaba el decoro ajeno porque él mismo no lo tenía. Al final sus rumores provocaron el enfrentamiento a tiros de dos hermanos que gracias a Dios no se mataron. El comandante de la plaza tuvo que expulsar al forastero pernicioso que había convertido al pueblo en un pequeño infierno.
Es un ejemplo de lo que provocan aquéllos que no conocen el decoro, y como no lo conocen, no respetan el decoro de los demás. En nuestro medio hay muchos políticos que no vacilan en producir mentiras, tergiversar hechos, decir verdades a medias, inventar situaciones inexistentes, declaraciones que nunca se dieron, y otros hechos peores aún que constituyen un completo irrespeto a sus oponentes políticos. Hay mucha gente sin decoro ni valores morales.
Pero frente a estos mentirosos, engañadores, indecentes, frente a éstos que creen que en política todo es permitido, se levanta una nueva savia de hombres que sí tienen valores, y que pueden atacar con la razón en la mano las indecencias de sus adversarios. Hombres que juegan una política limpia que al final tendrá que imponerse.
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