Escuche y no pregunte
Una característica de los líderes del “socialismo del siglo XXI” es que obligan a la gente a escuchar sus discursos, largos y disparatados, y prohíben o evitan que les hagan preguntas que pongan en duda sus dictados.
Una colega del diario El Nacional, de Venezuela, me relató, en octubre de 2007, cómo a ella le habían impedido hacer preguntas en una conferencia de prensa del Gobierno, porque ya estaban seleccionados los periodistas oficialistas que preguntarían.
En esos días, un reportero de “confianza” de Chávez demostró en qué consistía su labor. “¿Qué mensaje tiene usted para los escuálidos?”, preguntó al Presidente. Y Chávez desató su perorata contra los “escuálidos”, como califica a los opositores. Ya ves, me dijo la colega, por eso el Presidente selecciona a los periodistas que pueden preguntarle.
En Nicaragua es peor, porque Daniel Ortega ni siquiera permite preguntas de los periodistas oficialistas. Convoca a la prensa sólo para que lo escuchen y en ocasiones, cuando algún corresponsal de medios extranjeros alza la voz buscando respuestas, el Presidente sólo sonríe, quizás burlándose, y sigue hablando de lo que él cree más importante.
En 45 meses de mandato, Ortega se ha mantenido en campaña electoral y ha privilegiado, con publicidad del Estado, a las dos empresas de televisión en manos de su familia, Canal 4 y Canal 8. Como pretende reelegirse en los comicios de noviembre de 2011, aunque la Constitución se lo prohíbe, ya está obligando a los canales de televisión por suscripción (cable) a que transmitan sus discursos en cadena nacional.
Igual que Chávez, Ortega trata de copar todos los espacios (radio, televisión, vallas de carreteras) con sus consignas y discursos, sin admitir cuestionamientos. Por ejemplo, ha dicho que fuerzas extranjeras conspiran contra su gobierno y le quieren dar un golpe de Estado. Sin embargo, ninguna prueba ha presentado y tampoco permite que algún periodista le haga preguntas al respecto.
A Chávez, esa política contra la prensa, le acaba de costar una derrota pública. Un día después de las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre último, una reportera venezolana lo hizo tambalear con una pregunta sencilla.
A la conferencia de Chávez, sobre los resultados de las elecciones, sólo invitaron a la prensa extranjera y la reportera Andreína Flores estaba allí como corresponsal de Radio Francia Internacional. La prensa venezolana estaba excluida, razón por la que luego protestara el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP).
“¿Cómo se explica que con una diferencia de unos 100 mil votos la oposición haya logrado 37 diputados menos que el oficialismo?”, le preguntó Flores. Para Chávez eso fue como una estocada y reaccionó como fiera herida, primero replegándose y retorciéndose y luego mostrando los colmillos, agresivo, como se aprecia en el vídeo.
La respuesta de Chávez, tras vacilar y decir incoherencias, fue suficiente para confirmar su decadencia: “Esa pregunta está hecha como gelatinosa, no tiene fundamentación lógica, o sea, pareciera que tú ignoras totalmente lo que pasó como si vivieras en la luna”. Se lo dijo a la periodista, pero a quienes más defraudó fue a los ciudadanos atentos a la televisión o la radio, en Venezuela y otros países, que trataban de entender cómo el partido de Chávez ganaba si había logrado menos votos que la oposición.
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