Con mucho agrado acepté la invitación de Ave María University para presentar en el campus de esa prestigiosa institución académica los dos primeros volúmenes de mis obras Escritos filosóficos y políticos I y Escritos filosóficos y políticos II , completándose este segundo tomo con los Escritos sobre la Universidad .
Tratando de responder preguntas de estudiantes, catedráticos y autoridades, y en cierta forma mis propias interrogantes, expuse que una de las razones de la publicación de la obras en cuatro volúmenes obedece, en primer lugar, a la idea de ordenar y sistematizar lo escrito, siguiendo para ello un criterio de organización en ejes conceptuales bajo los cuales se integran los diferentes temas abordados, más que a la de una compilación bibliográfica o cronológica.
Asimismo, en lo que concierne a su contenido, hice referencia como razón subyacente pero constante, a la relación que existe entre razón y realidad, filosofía e historia, pensamiento y práctica, individuo y sociedad, al extremo que parafraseando lo dicho por José Luis Aranguren con respecto a la ética, podría atreverme a afirmar que el ser humano es constitutivamente filosófico, aunque a veces no lo quiera, o aunque a veces no lo sepa.
En ese orden de ideas, y en relación a diferentes puntos de vista y preguntas acerca de la incidencia de la filosofía y la ética en el acontecer político y social, expresé que, a mi juicio, se produce una relación dialéctica entre pensamiento y realidad, de forma tal que cada uno de ellos es a la vez causa y efecto, pues así como el pensamiento se forma por la observación y explicación de los hechos que acontecen, así también la realidad se forma por la influencia de las ideas y conceptos que provienen de la razón. Por ello considero válido afirmar que el pensamiento es una forma de la realidad, de la misma manera que es válido sostener que la realidad es una forma del pensamiento, por lo que la razón crítica debe incidir en el acontecer político y social y, para el caso, ser un elemento fundamental en la construcción de la democracia y el Estado de Derecho.
En relación a la pregunta sobre las motivaciones para estructurar y sistematizar una obra filosófica, me permití señalar que además del interés de organizar mi trabajo en ejes temáticos y categorías conceptuales, estaba presente también la necesidad de confrontar desde la perspectiva del propio escritor, el pensamiento y la realidad de ayer, con el pensamiento y la realidad de hoy, teniendo en cuenta que la historia cambia y las personas también lo hacen, pues como decía Neruda, “nosotros los de entonces, ya no somos los mismos”.
A partir de esa experiencia insustituible, he podido constatar, al menos así lo creo, que las ideas dominantes de mis escritos filosóficos continúan en lo esencial siendo las mismas, sin perjuicio de algunas variaciones que el paso del tiempo necesariamente produce. En parte esto confirma mi idea sobre la filosofía, cuya verdad surge de la historia a través de un proceso de continuidades y rupturas, la que sólo puede apreciarse en la integración que realiza el pensamiento a partir de lo que Ortega y Gasset llamaba la “altura de los tiempos” y de su teoría de la perspectiva.
Cierto que la historia, como pensaba el filósofo español, tiene perspectiva, pero más aún, me atrevo a pensar que también las ideas y las palabras al igual que las cosas, también la tienen, dependiendo cuándo, dónde y cómo se dicen, o se piensan, por lo que a veces el sentido cambia, aunque las palabras sean las mismas, pues el texto que expresa la realidad está en relación al contexto espacio temporal en que son pensadas y pronunciadas.
Confío que estas obras puedan contribuir en el país a fortalecer un espacio que debe corresponder a la reflexión crítica en el plano filosófico y político. Espero favorezcan las posibilidades que toda discusión racional y serena proporciona y la apertura de los caminos que nos permitan salir del círculo vicioso en el que nuestra historia se encuentra atrapada.
El debate, tal como se viene haciendo, de una obra de filosofía con una estructura básica, quizás podría ayudar en Nicaragua a ver y hacer ver que la filosofía, en términos generales, puede contribuir a la formación del humanismo del siglo XXI, de la ética, la política y los valores del presente y, a partir de ahí, ser un estímulo en nuestro medio para la consolidación de una racionalidad crítica.
De ninguna manera se pretende decir la última palabra sobre nada, sino tan sólo decir algunas palabras sobre tantas cosas que inciden en la vida, la historia y la cultura de los seres humanos y que, por lo mismo, se ofrecen al lector nicaragüense, especialmente a los jóvenes, para su estudio, discusión y crítica, que es la forma de enriquecer entre todos, aquí y ahora, los espacios del pensamiento y la filosofía. En todo caso, independientemente de la voluntad del escritor, lo escrito, una vez publicado, cobra autonomía en relación a quien escribe. Entre el lector y el escritor, entre el autor y el texto, está presente la libertad, en forma tal que cada lector es dueño de su propia interpretación y cada idea renace en la intención y visión de quien la lee. El escritor se multiplica en sus lectores, haciendo de la obra una posibilidad plural enriquecida, además, en el diálogo, el debate y la crítica.
Quizás la presentación en Nicaragua de un pensamiento filosófico sistemático, pueda ser de utilidad para profesores y estudiantes universitarios y de secundaria, y para todas aquellas personas interesadas en el conocimiento y discusión de los temas de ayer y de hoy desde la perspectiva de la filosofía. Desearía, reitero, que estas obras contribuyan a estimular el diálogo y la crítica con plena libertad, en forma tal, que cada quien pueda expresar y defender sus ideas con racionalidad y rigor, para encontrar los puntos de coincidencias, la Unidad en la Diversidad propia de toda sociedad más libre y justa. b
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