Luis Sánchez Sancho

Atalanta, la feminista

Me pregunta una lectora si hay en la mitología griega alguna figura femenina que simbolice la lucha por la igualdad de la mujer con respecto al hombre.

Pienso que colectivamente las Amazonas quizás tienen esa simbología. Las Amazonas vivían aisladas de los hombres, eran totalmente autosuficientes y guerreras, tan valientes o más que los varones. Las Amazonas se unían sexualmente con los hombres una vez al año, para renovar su especie, y después de parir se quedaban con las hijas hembras y a los varones los regalaban o abandonaban en los bosques.

A título individual, se dice que Atalanta representa de algún modo la lucha de la mujer por su igualdad de derechos en relación con el hombre. Atalanta era hija de Esqueneo, rey de Esciros, quien la repudió al nacer porque él quería un varón. Por eso Esqueneo mandó que llevaran la bebé al Monte Partenio y la dejaran allí abandonada.

Pero la criatura sobrevivió gracias a que fue amamantada por una osa. Después la recogieron unos cazadores que la criaron y llamaron Atalanta. Con el tiempo ella se convirtió en una gran cazadora y mejor corredora, se consagró a la diosa Artemisa y decidió conservarse virgen para siempre. Además, un oráculo que consultó para conocer su destino, le advirtió que si se unía con un hombre podría ser castigada por los dioses.

Atalanta se hizo famosa en toda Grecia al matar al monstruoso Jabalí de Calidonia, que fue enviado por Artemisa para castigar a los calidonios porque la ignoraron en unas ofrendas de agradecimiento por las cosechas abundantes. Atalanta también participó en la expedición de los argonautas, que fueron a la Cólquide (el Cáucaso) en busca del Vellocino de Oro, habiendo sido la única mujer que participó en aquella legendaria aventura.

Siendo una mujer extraordinariamente hermosa, Atalanta tenía muchos pretendientes. Para librarse de ellos anunció que se casaría con aquel que fuera capaz de vencerla en una carrera, pero el derrotado tendría que pagar con su vida. Y así fue: Atalanta iba venciendo y matando a todos los pretendientes que la desafiaban, hasta que le tocó el turno a Hipómenes.

Hipómenes era un joven bastante bien parecido y protegido por Afrodita, la diosa del amor, quien le dio tres manzanas de oro a fin de que las utilizara para vencer a Atalanta. Antes de comenzar la carrera Hipómenes pidió a Atalanta que le permitiera arrancar de primero. Accedió la muchacha, convencida de su gran superioridad, pero cuando iba a alcanzar a Hipómenes este dejó caer una de las hermosas y refulgentes manzanas, y la muchacha, quien no pudo contener la codicia, se detuvo a recogerla. Lo mismo hizo Hipómenes más adelante e igualmente Atalanta se detuvo a levantar las frutas de oro, y por eso fue vencida.

Atalanta se tuvo que casar con Hipómenes, pero resultó que al probar las delicias del amor se enamoró locamente de su marido. Y un día que se encontraban en un santuario de Zeus, haciendo ofrendas al dios supremo, se les ocurrió hacer el amor allí mismo. Se indignó Zeus por la profanación de su templo y castigó a Atalanta e Hipómenes convirtiéndolos en una pareja de leones. Pero tan hermosos eran aquellos animales, que Cibeles, la diosa de la fertilidad y la naturaleza, se apropió de ellos y los unció a su carro para que lo halaran en sus travesías por el cielo.

Por cierto que así, convertidos en leones, se puede ver a Atalanta e Hipómenes en el monumento a Cibeles que está en una de las plazas más hermosas de la ciudad de Madrid, la capital de España.

Columna del día Opinión Feminista archivo
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