La mala hora
En mala hora me crucé por una esquina de mi natal Quilalí donde un grupo de chavalos armaban una “perrera” con guantes de boxeo. Las peleas las amarraba alguien que le decíamos “El Chaparro” Herrera, quien condenaba a los infortunados con un simple “vos vas con este”. No había forma de negarse, porque se soltaba una rechifla de padre y señor mío. El ring era el mismo círculo improvisado de curiosos que se movía según se movían los púgiles. Pues, en mi mala hora, “El Chaparro” me dice: “Vas vos Chele con Moncho Pravia”. ¡Santo Dios! Moncho Pravia era un chavalo bravucón y abusivo que llegó de Ocotal para el tiempo de la guerra, que vendía cajetas por las calles del pueblo. Acalambrado por el miedo, apenas me percataba que ya me estaban amarrando los guantes mientras, al otro lado, el Moncho bufaba como toro.
A mano pelada
No sé si por instinto de sobrevivencia, por suerte, o porque en realidad el tal Moncho era bastante más malo de lo que creíamos, pero al poco de comenzar la pelea, yo estaba dándole puñetazos con mucha puntería en la cara, entre los aullidos de la barra que no se lo creía. De repente, el Moncho, bravucón que era, grita: “¡Quítenme esta m que vamos a agarrarnos a mano pelada!”. Y nos agarramos a mano pelada, en una de las pocas peleas infantiles que recuerdo haber tenido.
¡Referéndum!
Pues, me acordé del Moncho hace unos días, cuando oí gritar al presidente venezolano Hugo Chávez “¡vámonos a un referéndum!”, como en esa pelea de chavalos el Moncho gritaba “¡agarrémonos a mano pelada!”. Es que los bravucones no saben perder. Y acostumbrados a amenazar con su verborrea intimidante, cuando los hechos los apabullan, proponen llevar la pelea a un nivel más alto, donde esperan que su contrincante, por prudencia o temor, se raje y así convertir su derrota en victoria. Chávez es el bravucón del barrio, la oposición le dio en la nariz en estas elecciones y antes de matizar su derrota, propone otra pelea, donde con seguridad saldrá igualmente apaleado.
Redimido
En honor a la justicia, tengo que decir que años más tarde me encontré con Moncho en Ocotal y era un hombre totalmente cambiado. Se había hecho “cristiano” y no se parecía en nada al bravucón que conocimos de niños. Ojalá algún día podamos decir lo mismo del presidente Chávez.
Método Rivas
Roberto Rivas es el que no se puede creer que Chávez haya obtenido menos votos que la oposición, aunque en virtud de cierta matemática haya sacado más diputados. ¿Cómo es que Chávez no tiene su Roberto Rivas? Al menos con su asesoría al tribunal venezolano debería pagarle Daniel Ortega los regalos que recibe. Con menos votos que los que obtuvo Chávez, Rivas bien podría sacarle fácilmente más de 130 diputados. Y si quiere los 165, pues los 165 le hubiera conseguido. Su método no falla. Debería patentarlo.
Puñalada trapera
La ALN ya nos tiene aburridos con sus tramperías. Es lo mismo siempre. “Échenmelo a mí solito”, dice quitándose la camisa y haciendo fintas al aire como Cantinflas, y cuando llega la hora de los piñazos, sale con el rabo entre las piernas a esconderse entre las piernas de quien le soba la cabeza. Y para justificar sus puñaladas traperas, siempre hace lo mismo: sacar el historial pactista del PLC, como si eso les autoriza a ser tan traicioneros como son o como si no se conocieran los crímenes que el PLC carga sobre su conciencia.
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