El mayor de los dos, Fidel, no contento con haberse salvado de la grave complicación de salud que sufrió, lucha por volver a ser noticia , aún a riesgo de hacer el ridículo, tal como le sucedió hace un par de semanas cuando dijo a una periodista que el sistema cubano ya no les servía ni a ellos.
Después dijo que no había dicho eso… o que sí había dicho eso pero no era lo que quería decir… o que sí lo había dicho pero se refería al capitalismo y (como dicen todos los políticos) el periodista lo había “mal interpretado”.
Y el menor de los dos, Raúl, quien heredó el desastre en que su hermano convirtió a la isla, también ha salido bastante terco. A pesar de ser, según los analistas, “el pragmático”.
Resulta que a pesar de que Fidel Castro dice que lo que dijo no es lo que en realidad es, aunque sí lo dijo , las acciones de su hermano demuestran que ese sistema no les sirve. Va a despedir a medio millón de cubanos que trabajan para el Estado.
Pero aquí es donde el rasgo terco de los hermanos Castro queda claro. Ahora Raúl ha decidido que tiene que seguir controlando a los que va a echar del Estado. Ha decidido regular cómo y en qué van a trabajar estas personas que salen de trabajar en el Estado, donde ganaban una miseria, a trabajar por cuenta propia o como ellos le dicen a trabajar en el “cuentapropismo” ( ver nota en sección Internacionales de esta edición ).
Este par de ancianos comandantes no da su brazo a torcer y no admite que es precisamente ese control lo que no permite que la economía crezca.
Desde el punto de vista de ellos “están siendo flexibles”, aunque en realidad están siendo ridículos al tomar medidas tales como la que permite a los llamados “paladares” (restaurantes de comida casera) que amplíen su atención de doce a 20 clientes.
Si ya dejaron que la gente sobreviva vendiendo comida, pues que atiendan a cuanto cliente tengan capacidad de atraer. A mí me gustaría conocer la fórmula mediante la cual los economistas comunistas decidieron que era bueno atender a 12 clientes y no a 15.
También me gustaría saber cómo saben que atender a 20 clientes ahora es mejor que a los 12 de antes. ¿Y cómo llegan a la conclusión que atender 21 es perjudicial para la sociedad igualitaria?
Si de todas maneras la idea de los despidos no sólo es que el Estado sea más pequeño sino que los “cuentapropistas” paguen impuestos para que el Estado pueda seguir funcionando, ¿por qué demonios no dejan que la gente trabaje en lo que considere que le va a generar mayores ingresos?
Los tercos hermanos no quieren admitir que ese sistema no funciona y por eso llegan al absurdo de querer controlar el espíritu empresarial.
El argumento es que “las nuevas medidas” pueden crear diferencias sociales. Es seguro que las crearán, pero los hermanos Castro deben entender que están igual que los “odiosos capitalistas” que tanto critican, pues la solución no es mantener a todos en la miseria para que sean iguales, sino permitir la creación de riqueza para que el Gobierno pueda ayudar a los menos favorecidos. [email protected]
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