Siguiendo con las bodas en la mitología griega, debo decir que así como la boda de Hera con Zeus (los dioses principales del Olimpo) es la más importante y fastuosa, la más desastrosa posiblemente sea la de Piritoo con Hipodamia (también llamada Deidamia). Pero me refiero a la fiesta de la boda, no a la unión conyugal de Piritoo e Hipodamia.
Piritoo, rey del pueblo de los lapitas, era hijo de Ixión y de la nube Nefele. Es que Ixión se enamoró locamente de Hera y entonces Zeus, para engañarlo, le dio la forma de la diosa a una nube que llamó Nefele. Ixión se unió sexualmente con la nube que tenía la forma de Hera y de aquella relación nació Piritoo, y también los centauros que eran unos seres fabulosos mitad hombre y mitad caballo.
Los centauros eran en general brutales y faltos de educación, salvo Quirón y Folo, los que se distinguían por su bondad y gran sabiduría, al grado de que muchos reyes les confiaban la educación de sus hijos. Aquiles, por ejemplo, fue educado por Quirón, quien le enseñó no sólo las artes de la cultura física y la guerra, sino también las ciencias que en esa época remota eran conocidas y practicadas.
Al respecto de los centauros es conocido el poema de Rubén Darío titulado El coloquio de los centauros, en el cual el gran poeta de Nicaragua narra un soberbio diálogo entre aquellos seres fabulosos. “Son los Centauros. Unos enormes, rudos; otros alegres y saltantes como jóvenes potros; unos con largas barbas como los padres-ríos; otros imberbes, ágiles y de piafantes bríos, y robustos músculos, brazos y lomos aptos para portar las ninfas rosadas en los raptos”, describe Rubén Darío a los míticos centauros.
Pues bien, a su boda con Hipodamia Piritoo invitó a sus hermanos, los centauros. Eran tantos los invitados que la celebración de la boda no se hizo en las casas de los novios, como era la costumbre, sino al aire libre, en un hermoso claro de un frondoso bosque. “En todos los rostros brillaba el contento —relata el mitógrafo francés Juan Humbert en su obra Mitología Griega y Romana — y cuando Hipodamia apareció juntamente con las damas que formaban su séquito, los altozanos y las selvas próximas resonaron con cantos himeneos”, es decir, himnos nupciales.
Los invitados a la boda tomaban abundante vino. A cierta altura del convite los centauros ya estaban borrachos, salvo los prudentes y educados Quirón y Folo. Eurito, “quien era el más brutal de los centauros” según el mencionado Juan Humbert, cuando vio a la deslumbrante novia que se aproximaba al sitio del banquete, “enloquecido por el vino, de repente derriba las mesas, se lanza sobre la princesa para raptarla y la coge por los cabellos. Los demás centauros, siguiendo su ejemplo, se echan sobre las damas que la habían acompañado”.
De manera que la boda de Piritoo con Hipodamia degeneró en un gran combate. Uno de los invitados especiales, el héroe Teseo que a la sazón reinaba en Atenas, unió sus fuerzas con las de los lapitas para rechazar el ataque de los centauros, causándoles numerosas muertes y obligando a los sobrevivientes a huir hacia los montes de Arcadia. Allí los centauros se refugiaron y vivieron aislados el resto de sus días.
Piritoo murió algún tiempo después, destrozado por el can Cerbero, guardián de las puertas del Infierno, cuando bajó para acompañar a Teseo quien quería raptar a Perséfone, la esposa de Hades, el dios del mundo de los muertos.
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