Ojalá nunca se le ocurra al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, intentar prohibir a los periódicos o la televisión que publiquen imágenes de pobres, dado que él ha sido un imitador fiel del venezolano Hugo Chávez.
Chávez prohibió hace semanas en Venezuela la publicación de imágenes de violencia, el problema más grave que enfrenta ese país. Hay pobreza en Venezuela y aumenta cada día, pero la inseguridad sube a niveles extraordinarios y la popularidad del mandatario va en picada.
A Ortega, en cambio, le interesaría más censurar las pruebas de la pobreza arraigada en Nicaragua, porque en el año 2006, en campaña electoral, prometió reducir a cero la pobreza; y ya estamos a casi un año de la próxima elección general, en que él buscará ser reelegido, y la miseria sigue allí, casi inamovible.
¿Por qué creer, entonces, que Ortega querría censurar o presionar a los medios de comunicación para que se autocensuren en temas relacionados con la pobreza? Porque, así como Chávez ha manipulado estadísticas y busca ocultar la violencia, Ortega manipuló datos de un estudio sobre la pobreza, intentando tapar la realidad.
Lo que llevó a Chávez a prohibir que los periódicos El Nacional y Tal Cual publicaran imágenes de violencia, fue la desesperación propia de quien trata de ocultar un problema y no puede. Por eso su popularidad cayó al 36 por ciento, según la última encuesta de Consultores 21, en que los venezolanos manifiestan que la violencia, el desempleo y la inflación son problemas crecientes.
Chávez, con once años en el poder, no ha podido resolverlos ni ocultarlos; y ahora que su partido, el Socialista Unido (PSUV), se arriesga a perder el control del Poder Legislativo en las elecciones del mes entrante, su locura lo ha llevado hasta prohibir la foto de una morgue de Caracas atestada de cadáveres, víctimas de la violencia callejera.
La ineficiencia del régimen chavista, que ha dejado perder más de 130 mil toneladas de alimentos importados, ha provocado el desplome de la producción agropecuaria y ha propiciado la propagación de la miseria, es similar a la desidia con que el gobierno orteguista trata los problemas principales de Nicaragua, la pobreza y el desempleo, porque sus esfuerzos están concentrados en continuar en el poder, en la reelección.
Afirmar que la pobreza en Nicaragua se redujo más del 15 por ciento, cuando en realidad ha sido menos del 4 por ciento, de 2005 hasta hoy, es una manipulación descarada y peligrosa de un Presidente que, desde su ascenso en enero del 2007, ha cerrado el acceso de los medios de comunicación a la información pública; y lo poco que “informa”, más propaganda, lo hace por medios oficialistas dedicados a reproducir su discurso.
El engaño que intentó hacer Ortega fue descubierto de inmediato, porque en el país hay varios organismos independientes monitoreando la situación de la pobreza. Pero, dejó una alerta. Si a 14 meses de las elecciones Ortega hace manipulaciones tan burdas, en plena campaña electoral querrá, por la fuerza, borrar todo indicio de pobreza en periódicos, televisoras y radios.
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