Si el nuevo embajador de Nicara gua en Washington, Francisco Campbell, está dispuesto, como dice, a dar atención preferencial a los nicaragüenses que residen en Estados Unidos, con o sin documentos, tendrá entre otras tareas que persuadir al presidente Daniel Ortega de que ordene al Poder Electoral la entrega de cédulas a los migrantes y les permita votar desde el exterior.
Una vieja demanda de los nicas en el exterior, en especial de quienes viven en Estados Unidos, es que el Gobierno de su país natal les entregue la cédula de identidad en los consulados y, además, les permita votar en las elecciones generales desde los lugares en que hoy residen.
¿Por qué el Poder Ejecutivo ha de ordenar eso al Poder Electoral? Porque en Nicaragua los poderes del Estado han estado bajo un control partidario férreo desde 1999, cuando los partidos Liberal Constitucionalista (PLC) y Frente Sandinista (FSLN) hicieron un pacto y se repartieron los cargos en esas entidades.
Peor ahora, el Consejo Supremo Electoral (CSE) actúa bajo el mando casi absoluto del FSLN, que también gobierna desde el 2007, porque los magistrados del PLC se sometieron más desde que en noviembre del 2008 fueron cómplices del fraude, en los comicios municipales, con que el FSLN arrebató unas 40 alcaldías a la oposición.
Cuando Campbell dice que “nuestro Consulado y la Embajada (en EE.UU.), sobre todo tienen que estar al servicio de la gente, al servicio de los nicaragüenses”, supongo que está consciente de las demandas de los compatriotas en esa nación, reclamos de sobra repetidos en los últimos seis años, desde el Primer Congreso de la Diáspora Nicaragüense realizado en Miami a mediados del 2004.
En aquella época, cuando el presidente de Nicaragua era Enrique Bolaños, los poderes Ejecutivo y Electoral estaban confrontados porque Bolaños se había peleado con el partido que lo llevó al poder, el PLC. Por eso, y porque el FSLN siempre ha temido al voto de los migrantes afuera, el CSE nunca quiso otorgar cédulas de identidad a los nicas en el exterior, ni cuando éstos ofrecieron pagar 25 dólares por cada una, suficiente para cubrir el costo del documento y su envío.
El gobierno de Bolaños propuso dar cédulas de identidad a 500 mil nicas en Estados Unidos y 200 mil en Costa Rica, pero el CSE se negó aduciendo que carecía de fondos, a pesar del ofrecimiento de 25 dólares y que la Ley de Identificación Ciudadana instruía que “los nicaragüenses mayores de dieciséis años residentes en el extranjero, que no hayan obtenido su cédula de identidad ciudadana, podrán solicitarla en cualquier tiempo ante el Cónsul General de la jurisdicción correspondiente ”
En el 2006, la Cancillería de Nicaragua estimaba que en el exterior vivían cerca de 1.6 millones de nicaragüenses, la mayoría en Costa Rica y Estados Unidos, de donde llegaba el grueso de remesas familiares que el Banco Central calculaba en más de 700 millones de dólares por año.
Si de verdad Campbell tiene la misión de ayudar a todos los nicaragüenses en Estados Unidos, sin distingo político, debería empezar por impedir que su propio gobierno los siga marginando, porque éste recibe con agrado los dólares de las remesas y les niega el derecho constitucional a portar la cédula de su país.
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