Cartas de Amor a Nicaragua
Querida Nicaragua: Las insólitas y delirantes ideas del dictador venezolano don Hugo Chávez son dignas de figurar tanto en el libro de los récords de Guinness como en la Columna Aunque usted no lo crea , de Ripley.
Lo peor del caso es que las ocurrencias de Chávez, quien pretende distraer la atención del pueblo ante los gravísimos problemas internos que sufre, son apoyadas por personas de supuesto prestigio internacional.
Un cable de la agencia EFE en Caracas informa lo siguiente: “El coordinador externo de la exhumación de los restos de Simón Bolívar, el forense español José Antonio Lorente, defendió el proyecto emprendido por el gobierno venezolano, que ha suscitado gran polémica en el país, por los “signos evidentes de degradación” de los restos del prócer. El científico aseguró que los restos del Libertador se encontraban en “aparente buen estado de conservación en su superficie, pero mostraban signos evidentes de degradación en el interior. La urna de plomo en la que estaban se estaba deteriorando y este fenómeno habría facilitado la destrucción total de los huesos en muy pocos años”.
Esto es digno de figurar en la columna Aunque usted, no lo crea , de Ripley. Un presidente que, al parecer fuera de sí, sin oficio ni beneficio, ordena la exhumación de los restos de uno de los más grandes próceres de América, y un forense español, que ha trabajado junto con medio centenar se forenses traídos por Chávez, seguramente recibiendo altos salarios, para descubrir que los huesos del libertador se podrían convertir en polvo dentro de algunos años.
Válgame Dios. Esto sí que es insólito. La sentencia bíblica afirma: “polvo eres, y al polvo volverás”, Génesis, 3, 19. ¿Qué tiene de raro, o de malo, o de extraño, que el cadáver de una persona se convierta primero en un esqueleto y después en polvo? El libertador Simón Bolívar gozó, goza y gozará de la admiración y el respeto de cuantos conocemos su vida de lucha por la liberación de cinco naciones del cono sur, que precisamente sufrían la servidumbre, sometidas al imperio español.
Sin embargo, una vez fallecido, el gran Simón Bolívar fue a la tumba como todos los seres humanos tenemos que ir. Ese es nuestro destino. Convertirnos en polvo y volver al polvo de donde procedemos.
El dictador Chávez y todos aquellos, científicos o no, militares, diplomáticos, politólogos o lo que sean, están ofendiendo la inteligencia de nuestros pueblos al justificar la exhumación de los restos del héroe venezolano.
No necesitaba el dictador irrespetar al Libertador con el espectáculo insólito de la exhumación. Tan sólo con las insolencias cometidas por Chávez seguramente crujía de indignación la pobre osamenta del gran Libertador.
Muchas personas afirman que las actitudes de Chávez provienen de un cerebro enfermo, de alguien que poco a poco va perdiendo la razón, o de un individuo que ante la incapacidad de resolver los problemas de la escasez y el hambre de su pueblo, busca cómo guerrear con sus vecinos, atacar furiosamente a la Iglesia católica, confiscar medios de comunicación y no permitir que alguien exprese criterios en contra de sus delirantes maneras de gobernar. Otros opinan y con razón, que esa locura ha conducido a Chávez a creerse un nuevo Hitler, armarse hasta los dientes y pretender un imposible liderazgo continental que muchas naciones repudian y temen.
Por ahora el dictador venezolano no sólo perturba la paz de los vivos, sino que también el descanso eterno de los muertos.
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