Buscando al culpable
Los regímenes dictatoriales retuercen la lógica cuando tratan de tapar la negligencia y la corrupción. Por ejemplo, para ellos lo malo no es dejar perder miles de toneladas de alimentos, sino que alguien lo denuncie, como sucede en Venezuela.
En Nicaragua, después que los magistrados del Consejo Supremo Electoral y el gobernante Frente Sandinista (FSLN) hicieron un fraude en las elecciones municipales del 2008, el presidente Daniel Ortega acusó a los medios de comunicación de inventarlo, a pesar de las pruebas suficientes del robo de votos que mostró la oposición.
El tratamiento oficial al caso de los alimentos podridos en Venezuela, por ineficiencia o corrupción en entidades públicas, ha sido tan ridículo que la semana pasada el gobierno de Hugo Chávez envió a un grupo de empleados del Estado a protestar contra la televisora privada Globovisión, por la información que ha difundido sobre el tema.
Hace dos meses se supo del primer hallazgo de las más de 100 mil toneladas de alimentos descompuestos y las autoridades se han interesado más en buscar culpables entre los denunciantes, que en indagar quiénes y por qué mandaron al basurero esos productos importados, que se supone iban a distribuir a los pobres.
La última revelación del diario El Universal indica que en abril de 2009 un auditor informó al presidente de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), Rafael Ramírez, que más de 50 mil toneladas métricas de alimentos estaban por perderse y eso significaba casi 200 millones de dólares, aportados por la petrolera.
En los contenedores, abandonados en un puerto, había pollo, leche líquida, leche en polvo y carne, productos escasos desde hace años en Venezuela, porque Chávez quiere que el Estado sea el principal importador y suplidor de alimentos.
Sin embargo, al hablar del caso, hace cuatro días, el ministro del Poder Popular para Alimentación, general Carlos Osorio Zambrano, acusó a los periodistas de dedicarse “a una tarea irresponsable , de sacar todos los días una serie de manipulaciones para desvirtuar este trabajo revolucionario”, informó la oficialista Agencia Venezolana de Noticias.
Algunos periodistas han sido intimidados por divulgar casos de alimentos perdidos. Carmen María De Finol y Yunior Lugo, del diario La Mañana del estado de Falcón, recibieron llamadas telefónicas con amenazas y fueron citados por autoridades a declarar. “No la agarren contra nosotros, somos periodistas que acudimos al llamado de la comunidad Fue una persona de la comunidad (la denunciante) y llegamos al sitio para cubrirlo como siempre hacemos”, se defendió De Finol.
El vicepresidente ejecutivo de Venezuela, Elías Jaua, afirmó entonces que quienes denunciaban la aparición de alimentos descompuestos eran “contrarrevolucionarios”. Y advirtió: “Si Globovisión o El Nacional (periódico) quieren un titular de que hay un container aquí o allá o debajo de un puente, ya es parte de la campaña de manipulación”.
¿Acaso los periodistas han inventado los hallazgos? No. La podredumbre está a la vista en Venezuela. Sin embargo, Hugo Chávez, igual que Daniel Ortega, considera que el delito es la denuncia y, por eso, busca al culpable entre los periodistas.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A