Luis Sánchez Sancho

Harpálice, la marimacho

Según el Diccionario de la Real Academia Española, marimacho se le dice coloquialmente a aquella “mujer que en su corpulencia o acciones parece hombre”.

En este sentido, quizás las legendarias amazonas podrían ser el mejor símbolo colectivo de la mujer marimacho en la mitología griega. Las amazonas eran unas míticas guerreras que vivían en un lugar cercano al Ponto Euxino (como se le decía antes al Mar Negro), a orillas del río Termodonte, en la antigua Capadocia, que ahora es parte de Turquía.

Las amazonas “eran hermosas, altas, audaces, belicosas… No permitían el trato con los hombres más que una sola vez al año para perpetuar su raza”, dice el mitólogo español José Antonio Pérez-Rioja. Según la leyenda, las amazonas se unían sexualmente con los hombres de la tribu de los gargarios, vecinos de ellas, y a los hijos varones que alumbraban se los daban a sus padres o los abandonaban en los bosques.

Pérez-Rioja asegura que el nombre de amazonas deriva de a (en su significado de sin) y mazo (igual a pecho), o sea “las sin pechos”, pues se creía que ellas se mutilaban el busto derecho, o los dos, para que no les estorbaran al usar las armas durante el combate, y en general en todas las faenas propias de los hombres que tenían que realizar.

Sin embargo, otro eminente estudioso de la mitología, el británico Robert Graves, señala que la palabra amazonas significaba seguramente mujeres-luna, tal vez porque ellas rendían culto al hermoso cuerpo lunar con el cual se han vinculado tantas leyendas femeninas a lo largo de la historia.

Pero a mi juicio, a título personal el símbolo marimachista debe ser Harpálice. Harpálice era hija de un rey de Tracia que se llamaba Harpálico. La madre murió en el parto de Harpálice, y su padre, en vez de buscar una nodriza para que la amamantara como era lo habitual en esos casos, la alimentó con leche de vaca y de yegua. Al crecer la niña Harpálico le dio una educación masculina, pues él había querido que su hijo fuese varón para que lo sustituyera en el trono.

De manera que al crecer Harpálice no se comportaba como todas las muchachas, sino que lo hacía como si fuera un varón. Harpálice desempeñaba cualquier oficio masculino, por rudo que fuese, peleaba a mano limpia o armada con otros varones y participaba en las guerras que los tracios libraban con los pueblos vecinos, o con los invasores que llegaban de distantes lugares.

Por cierto que gracias a sus cualidades guerreras y a la gran fortaleza física que llegó a desarrollar, Harpálice pudo salvar la vida de su padre durante una guerra con los getas, una tribu que pertenecía a la misma familia de los tracios, pero vivía lejos, a orillas del río Danubio.

Harpálico fue derrocado del trono de Tracia y tuvo que huir, junto con Harpálice, yendo a refugiarse en la espesura de los bosques. Allí padre e hija lograron sobrevivir gracias a que Harpálice cazaba animales salvajes, o bajaba a las orillas del bosque para robar ganado de la gente que vivía en los alrededores. Hasta que un día las víctimas de los robos de Harpálice le pusieron una trampa, la capturaron y la mataron.

No sé cómo terminó Hárpálico, el padre de Harpálice, pero siendo que ya era un anciano que no podía subsistir por sí mismo, supongo que habrá perecido en el bosque no mucho tiempo después de la muerte de su hija.

Columna del día Opinión

COMENTARIOS

  1. Nikiriche
    Hace 16 años

    En «El Azote» le vuelan pija a Wálmaro Gutiérrez diciéndole abiertamente cochón, lo ridiculizan poniéndole cuerpo de mujer y ahí nada pasa… cosa que me agrada que lo hagan. Sin embargo, yo dije que este artículo era relacionado a la «Dora María»… y me censuran..! No sean payasos!

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