A prueba de golpes
A 50 años de iniciado el proceso de integración económica de América Central, es posible afirmar que ya se trata de una integración a prueba de golpes políticos y militares.
Esa es una de las lecciones que dejó el golpe al presidente de Honduras, Manuel Zelaya, hace poco más de un año.
Horas después de que los militares depusieron a Zelaya y lo sacaron en avión hacia Costa Rica, el 28 de junio del 2009, los gobiernos de Nicaragua, El Salvador y Guatemala impusieron un bloqueo comercial a Honduras que, contrario a lo que buscaban, terminó dañando más a los empresarios de esos países que a los hondureños.
Las cámaras empresariales protestaron de inmediato contra el bloqueo y los pronósticos de pérdidas traslucían la gravedad de la situación, ya que sólo para la economía de El Salvador serían superiores a tres millones de dólares por día.
La decisión de los tres gobiernos era política, pero sus consecuencias serían económicas y constituían un golpe al sector empresarial privado de toda la región centroamericana, el que ya pasaba dificultades por los efectos de la crisis financiera internacional.
La economía de Nicaragua, la más débil del área, fue una de las más afectadas porque sus empresarios, además de usar el territorio de Honduras para llevar y traer mercancías de El Salvador y Guatemala, necesitaban utilizar el hondureño Puerto Cortés para sus exportaciones e importaciones extrarregionales, ya que la costa caribeña nicaragüense aún carece de un puerto.
Dos días después el bloqueo comercial a Honduras fue levantado, cuando los gobiernos ejecutores se percataron de que se revertía contra sus mismos países, y los empresarios se unían más en defensa del comercio intrarregional.
Al recordar esa etapa post-golpe, el empresario Carlos Amador, presidente del Cacif, la principal organización empresarial de Guatemala, dice que ahora lo más importante para Centroamérica es buscar la separación total de los temas políticos de los económicos, para proteger a la integración de los conflictos políticos.
Para ilustrar lo que podría suceder si la política sigue interfiriendo en los espacios económicos de Centroamérica, Amador afirma: “Cuando el comercio no cruza las fronteras, lo hace el Ejército”.
Recordemos el contexto en que decidieron bloquear el comercio con Honduras, el 29 de junio del 2009. Los presidentes estaban reunidos en Managua y el principal azuzador era un invitado extrarregional, el venezolano Hugo Chávez, quien amenazó con “tomar los fusiles” para ir a expulsar a los golpistas.
Eduardo Ayala Grimaldi, un experto salvadoreño en integración, que ha representado a su país en distintas negociaciones comerciales, sostiene que ningún presidente centroamericano tiene atribuciones para cerrar el comercio con otro país del área.
Significa entonces que lo decidido esa vez en Managua, en medio del ambiente guerrerista impuesto por Chávez, fue otro golpe, pero éste contra la economía regional de Centroamérica que, al final, salió airosa porque la integración del sector empresarial se impuso a las rivalidades políticas de los gobernantes.
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